Revuelta en la urbanización

Jesús Cuéllar


En los últimos años, algunas películas latinoamericanas han comenzado a dirigir las cámaras hacia una realidad hasta hace poco, aquí y allá, bastante olvidada: la de las mujeres que prestan servicio doméstico. Adoptando un enfoque realista, cintas como la brasileña Una segunda madre, de Anna Muylaert (2015); las chilenas La nana, de Sebastián Silva (2019) y La novia del desierto, de Cecilia Atán y Valeria Pivato (2017); o la mexicana La camarista, de Lila Avilés (2018) —centrada en lo que en España se llama camareras de hotel o, últimamente, kellys—, han vuelto la mirada a un sector de trabajadoras mal pagado y frecuentemente explotado. Sin embargo, fue la mexicana Roma, de Alfonso Cuarón (2018), la que, con su éxito internacional, logró atraer la atención del público hacia esas mujeres y sus vivencias.

En cierto modo, el primer largometraje de Xavi Sala, alicantino nacionalizado mexicano, constituye una réplica a la galardonada cinta de Cuarón, y así lo han entendido muchos medios mexicanos. El entorno, aunque con algunas décadas de distancia, es el mismo: una urbanización de clase media-alta de Ciudad de México donde las desigualdades sociales están fosilizadas desde hace muchos años. Y el conflicto es similar: una empleada doméstica indígena debe adaptarse al «benévolo» paternalismo de sus señores, sufrir sutiles manifestaciones de racismo y, en última instancia, aceptar el destino de sometimiento que han tenido otras mujeres de su familia, otras mujeres de su estrato social. Pero esta vez viene acompañada de una figura subversiva, Guie’dani, su hija adolescente.

Desde el inicio de El ombligo de Guie’dani se aprecia una completa diferencia de enfoque respecto a la obra de Cuarón y, por supuesto, que la película de Sala tiene vida propia, al margen de otras lecturas fílmicas sobre temas similares, o dialogando con ellas. En tanto que en Roma la peripecia de la protagonista, Cleo, se supeditaba a sus relaciones con la familia para la que trabajaba (no en vano la obra era una especie de homenaje de Cuarón a la mujer que lo había criado), en el largometraje de Sala el conflicto se ve enteramente con los ojos de la adolescente Guie’dani que, con sólo doce años, no está nada dispuesta a seguir los pasos de su madre. Y aquí radica el rasgo que más diferencia El ombligo de Guie’dani tanto de Roma como de la mentalidad que la impulsa: con su atractiva propuesta estética, la película de Cuarón, suavemente crítica, envuelve la situación de Cleo en un aura mayormente nostálgica, ya que Cuarón centra en ese personaje la añoranza de una infancia perdida. Por el contrario, a través de Guie’dani, y de su otra amiga adolescente, igualmente hija de empleada doméstica, Sala retrata a una nueva generación de mujeres que, como la joven protagonista de Una segunda madre, no quiere verse como sirvienta y se atreve a imaginar un futuro, quizá imposible, de independencia económica y ascenso social.

Guie’dani, tan hosca con la familia que da trabajo a su madre como la amargada protagonista de La nana, recela de toda la afabilidad que, desde la asimetría en la relación, muestran sus empleadores: «Queremos que se sientan como en casa», que «sean como de la familia», les dicen, pero también pretenden que ella y su madre no hablen en su «dialecto», porque, como le espeta a Guie’dani el profesor de español que le ponen para ayudarla y que «no la engañen» en Ciudad de México, «esa lengua está bien para tu pueblo, pero aquí hablas castellano».

Xavi Sala, que ya en cortos anteriores como Hiyab (2005) o La autoridad (2010) había mostrado su interés en el racismo y la integración de los inmigrantes en España, ha creado aquí una obra que, poniéndose de parte de Guie’dani y de su inclemente revuelta adolescente contra el destino y contra su propia madre, nos pone ante realidades de desigualdad y explotación que no sólo se dan en América Latina. Y retrata con inteligencia la tensión que rige las relaciones entre mundos antagónicos, que apenas se tocan, salvo por la necesidad de servicio de uno de ellos, y la de dinero del otro. En 1975 el colombiano Luis Ospina retrataba en Asunción, con toda la provocación de raigambre buñueliana y genetiana de que era capaz, a una criada que se vengaba desaforadamente de sus señores, arremetiendo contra lo que ellos más querían: sus propiedades. Sin llegar a esos extremos, Guie’dani, con su egoísmo y su inconsciencia juveniles, empieza pronto a rebelarse. Quién sabe, quizá, contra todo pronóstico, acabe consiguiendo no ser como su madre.



 

EL OMBLIGO DE GUIE’DANI

Dirección: Xavi Sala.

Intérpretes: Sótera Cruz, Érika López, Yuriria del Valle, Majo Alfaroh.

Género: drama. México, 2018.

Duración: 119 minutos.

 


 

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