La maternidad como testigo

Santiago Alonso 


Si la llamada «crisis de los treinta» suele tener sobre todo un componente cultural y está ligada a las exigencias sociales, la siguiente, la «crisis de los cuarenta», adquiere para quien la vive (en caso de haber llegado con la correspondiente madurez a dicha edad) una dimensión que podría denominarse netamente existencial, pues en ella la persona hace balance: se reflexiona a partes iguales sobre el pasado y el futuro. De este modo, alguien es capaz de sorprenderse teniendo pensamientos que jamás antes se le habrían pasado por la cabeza, a propósito, por ejemplo, de la melancolía o el sentido común. Le pasa a la argentina Romina Paula al inicio de De nuevo otra vez, cuando su voz en off suelta, acompañando a una serie de diapositivas familiares, un discurso sobre el estupor que siente al verse mirando atrás y la incertidumbre que le genera la tesitura vital en la que se encuentra. Porque ha decidido tomarse un tiempo lejos de su pareja debido a lo complicada que a veces resulta la convivencia. Mientras tanto ha vuelto a casa de su madre, en compañía de su hijo de cuatro años, para intentar hallar respuestas retomando una vida de soltera en el mismo escenario de sus años mozos.

Ahora que varias voces señalan que la autoficción parece dar signos de agotamiento, o quizás sucede que los lectores ya le han pillado la supuesta gracia a esa moda literaria, sería interesante debatir si su traslación al cine como recurso expresivo a caballo de lo documental y lo fabulado da resultados más atractivos. Un buen ejemplo lo tenemos en De nuevo otra vez. Como demuestra esta cinta, la autoficción permite incorporar de manera muy sencilla a la estructura fílmica documentos obtenidos de la realidad tiempo atrás, en forma de antiguas filmaciones o, como en este caso particular, el álbum familiar de recuerdos. Es cierto que con esta posibilidad hay riesgo de que la manipulación se guíe por propósitos cuestionables desde el punto de vista de la integridad de otras personas, pero el cine ofrece además una segunda posibilidad, que es la creación de nuevas imágenes, un recurso donde cabe contar con que esos «otros» colaboren directa y voluntariamente, algo muy alejado de la acción de un escritor en su soledad creadora. Véase la reciente polémica entre el novelista Emmanuel Carrère y su exesposa, a propósito del último libro del primero y de las supuestas informaciones falsas vertidas en él sobre la segunda, algo que se contrapone a cómo se ha creado De nuevo otra vez, un trabajo con la participación indispensable (y significativa) de la madre y el hijo pequeño de la protagonista, haciendo de sí mismos durante no pocas secuencias del metraje.

Artista multidisciplinar casi desconocida a este lado del charco —es dramaturga, directora de teatro, novelista y actriz (la vimos en El estudiante de Santiago Mitre)— Paula ha elegido, pues, para debutar como narradora cinematográfica —con la ayuda de Rosario Cervio en labores de codirección—, una modalidad de relato muy proclive a resultar paradójicamente insincera, pero abordándola con grandes dosis de sinceridad. Cuánto es verdad en la película y cuánto no lo es no importa tanto como comprobar que la base obtenida de la realidad, principalmente la descripción de su familia de origen alemán y las escenas con la madre, quien solo habla en alemán con su hija y su nieto, le sirve a Paula para sostener un discurso sobre unas inquietudes personales relacionadas con su edad actual. Y este se adivina veraz por lo acuciante que se muestra.

De nuevo otra vez resulta en ocasiones demasiado parca en sus aspectos formales, pero exhibe como contraposición un torrente verbal, en boca de la misma Paula y en la de tres personajes y sus respectivos monólogos mirando a cámara, con el que se radiografía con bastante naturalidad un ejemplo de crisis de los cuarenta, uniéndolo a reflexiones sobre la maternidad, el feminismo —atención al parlamento sobre la revolución de las hijas—, las diferencias generacionales y el deseo. Mejor que cualquier exégesis crítica sobre la obra,  la autora lo condensa con estas palabras en pantalla: «En la vorágine ya no hay margen para detenerse y para mirar atrás. Y acá, ahora, como madre, pero en el mismo lugar del mundo soy también hija, y envuelta en este mundo familiar, siento cuánto la maternidad se parece a un grial. O, menos sagrado, al testigo que se entrega en las carreras de posta, donde no hay tiempo de decir una palabra, porque de lo que se trata es de echarse a correr».



DE NUEVO OTRA VEZ

Dirección: Romina Paula y Rosario Cervio.

Intérpretes: Romina Paula, Mónica Rank, Ramón Cohen, Marina Chaud, Pablo Sigal.

Género: drama, documental. Argentina, 2019.

Duración: 84 minutos.


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