Bienvenida a los dieciocho

Santiago Alonso 


Solo está al alcance de unos pocos autores, realmente muy pocos, controlar las historias y llevarlas a buen puerto ajustándose al ideal narrativo que, con magisterio absoluto, cristalizó Antón Chejov en sus cuentos. Entre los literatos, lo han conseguido Katherine Mansfield, Isaak Babel o Raymond Carver, escribiendo relatos donde no parece ocurrir apenas nada, aunque, en realidad, esté ocurriendo todo. Y también hay quienes se han planteado plasmar la dinámica chejoviana mediante lo audiovisual. Pero también en el cine resulta sumamente complicado que un contenido austero confiera vida y verdad a las introspecciones íntimas, haciendo especial hincapié en los dilemas morales ante los que se encuentran los protagonistas y las reacciones que les han provocado. Se suelen notar en demasía los fallos, estrepitosos a menudo. La mesura suele confundirse con lo monolítico; lo mínimo, con la repetición y el subrayado inoperante. Señalando un claro ejemplo reciente, estaría la cinta finlandesa Sparrows, la no muy comprensible Concha de Oro de 2015. Por eso mismo, ante un trabajo como El viaje de Marta, que resulta todo lo contrario, un triunfo en toda regla en cuanto a historia corriente que muestra sutilmente los hilos de los que tirar para descubrir las verdades que esconden sus escenas, solo podemos esperar a que se acabe la proyección para levantarnos de la butaca y aplaudir.

Neus Ballús lleva a la pantalla algo tan poco aparatoso como son unas vacaciones familiares en Senegal, preparadas a la medida de europeos muy poco inquietos. Las protagonizan la Marta del título (Elena Andrada), una chavala a punto de cumplir los dieciocho años, su hermano pequeño (Iam Sansó) y su padre (Sergi López), un empresario catalán del sector turístico con quien ella mantiene una relación que no pasa por sus mejores momentos, como la adolescente y el progenitor protector de manual que son ambos. Entre los aburridos descansos al borde de la piscina del complejo hotelero y las excursiones demasiado organizadas al otro lado del recinto, Marta no concibe un plan menos sugerente que este. ¿Dónde quedan el mundo real del país africano y sus gentes? ¿Se puede llamar viaje a esto?

Partiendo de una premisa susceptible de propiciar acercamientos a los terrenos de la incomodidad (véase Paraíso: Amor de Urich Seidl), o bien de enredarse excesivamente en la lucha contra los automatismos genéricos cuando se trata el exotismo (véase Maya de Mia Hansen Løve), la narradora se dedica a armar desde el principio una mirada serena que rehuye las altas intensidades y dilata el tiempo en ciertas secuencias. De este modo, Ballús no carga las tintas en los aspectos dramáticos, lo que no significa que obvie la realidad del país africano, entre otras razones porque el inconformismo de Marta cobra impulso en cuanto ella cuestiona su propia condición de turista.

Aparte de que la táctica general para encarrilar la narración se ajuste de modo naturalísimo y funcione, hay otras cuestiones que nos confirman con rotundidad que estamos ante una obra firmada por una cineasta total. Los detalles, a menudo inadvertidos, denotan la precisión de Ballús en el momento de decidir qué cuenta y cómo lo presenta. Pueden ser puramente conceptuales, como cuando Marta agarra la videocámara nueva y hace suya la mirada, después de acostarse con el chico senegalés que graba a los residentes del hotel; pueden ser resultado de su pericia dirigiendo actores, como el juego de miradas, silencios y contenciones entre padre e hija durante el ultimo trayecto hecho en la parte trasera de la camioneta; o pueden constatar su condición de sagacísima guionista que sabe introducir una frase accidental en el momento justo y redimensionar así una escena entera: un buen ejemplo son los lugares comunes que suelta una señora en el momento en que a la protagonista le sacan por sorpresa la tarta de su dieciocho cumpleaños. Detalles inadvertidos, decíamos, que Ballús desliza a la vez que la chica va percibiendo poco a poco el significado real de la vida adulta. Percibir mediante lo inadvertido no supone una contradicción, sino una clave del ideal chejoviano. Y El viaje de Marta es el marco que recoge un firme susurro: «Bienvenida. Así es la vida, y esto es lo que hay».



 

EL VIAJE DE MARTA (STAFF ONLY)

Dirección: Neus Ballús.

Intérpretes: Elena Andrada, Sergi López, Diomaye Ngong, Ian Samsó.

Género: drama. España, 2019.

Duración: 82 minutos.

 


 

1 Comentario »

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.