Un cuento feminista de alta costura

Rachel Her


Cada vez es más frecuente encontrar películas que reflejan ideas feministas y personajes que conquistan espacios antes reservados a los papeles masculinos. Estas heroínas modernas personifican algunas de las claves de este cambio necesario. Todos los géneros cinematográficos están siendo permeables a esta tendencia, que en parte se explica porque cada vez hay más mujeres produciendo, firmando guiones y dirigiendo. Es interesante observar esta evolución en un arquetipo que nació para forjar el carácter e inculcar valores en las edades más tempranas: la princesa de cuento de hadas. En sus inicios, la factoría Disney estableció una correspondencia  entre mujer perfecta ㅡidealizada en la figura de la princesaㅡ y los atributos de belleza y bondad. Películas como Blancanieves, La Bella durmiente o Cenicienta contribuyeron al arraigo de ese estereotipo heredado de la tradición literaria.  La princesa de cuento nunca tenía voz propia y su papel se limitaba a aguantar los vapuleos del destino y a esperar a un salvador. Un siglo más tarde encontramos, en la misma factoría, personajes como Brave, la guerrera escocesa libre y desobediente, o las princesas de Frozen, Elsa y Ana, la primera rompe la tradición familiar para irse a vivir independiente y la otra no se resigna a perder a su hermana de vista. Por supuesto, ni rastro de un príncipe azul.

En este contexto se enmarca la película Paradise Hills, un cuento de hadas feminista dirigido por Alice Waddington. Paradise Hills continúa la tendencia lógica de subvertir los arquetipos a través de sus jóvenes protagonistas. Unas  «princesas» de cuento que no se resignan al destino que les quieren imponer, además son diversas en aspecto, etnia y orientación sexual.

El punto fuerte de esta fábula del siglo XXI con moraleja es sin ninguna duda su estilo visual. Tan estudiado y pulido que recuerda al código publicitario que emplean, por ejemplo, algunas marcas de alta costura. No en vano, Waddington tiene un largo bagaje profesional en el diseño de vestuario y la dirección de arte. Ahora, tras la cámara, mantiene ese gusto por lo estético y ha conseguido darle una impronta muy personal a su película, en la que no tiene cabida el feísmo. En ocasiones parece que la imagen esté cubierta por una pátina color rosa. Rosa también es el pelo Uma, protagonista que interpreta la actriz Emma Roberts, y seguramente no es casual la elección de este color dado que se identifica con la educación sexista que todos conocemos.

La distopía de Paradise Hills se sitúa en un futuro incierto ㅡhay coches voladoresㅡ que lo mismo recuerda a la corte de Luis XVI, o al mundo de Maria Antonieta de Coppola, que al videojuego Final Fantasy. La directora ha perfeccionado algunos elementos ya ensayados en su cortometraje Disco Inferno (2015), vestidos blancos vaporosos con algún toque del universo BDSM, salones con decoración lujosa y muy barroca y la inquietante presencia de flores que parecen tener vida propia.

Paradise Hills tiene muchos aciertos en cuanto a su puesta en escena y encierra un mensaje necesario, sin embargo todos los personajes son maniqueos y, aunque tiene sentido dado el código de fábula que maneja, se echa en falta un mínimo de evolución y de sorpresa en la historia. Esto puede hacer que parte del público adulto pierda el interés pero sin duda puede funcionar para las audiencias más jóvenes.



 

PARADISE HILLS

Dirección: Alice Waddington.

Intérpretes: Emma Roberts, Milla Jovovich, Eiza González, Danielle MacDonald.

Género: ciencia ficción. España, 2019.

Duración: 95 minutos.

 


 

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