El cine que podría ser

Yago Paris


Un hombre atormentado por el sentido de la vida ante el silencio de Dios, un ser misterioso que considera la drogadicción como un modo de vida, una mujer incapaz de superar que el pasado glorioso nunca volverá, una pareja de amantes condenados a la separación y una mujer con acúfenos que encuentra alivio en la voz de una desconocida son los protagonistas de las cinco historias que conforman Letters to Paul Morrissey. El filme de Armand Rovira y Saida Benzal es una suerte de incursión en el cine epistolar desde el terreno de lo experimental. Rodada en 16 milímetros y en blanco y negro, la cinta explora las posibilidades de la imagen en movimiento a través de un juego metacinematográfico de múltiples capas de lectura, y que puede verse dentro de la sección Cine Balear del festival online Atlántida Film Fest.

La primera capa aparece en el propio título. Los directores remiten su creación a Paul Morrissey, el director de culto del underground estadounidense y compañero creativo de Andy Warhol. Partiendo de esta idea, cada fragmento establece, a su vez, nuevos vínculos metacinematográficos. El referente que con mayor probabilidad aparezca en la mente del espectador versado será Ingmar Bergman. El interés del cineasta sueco por el realismo mágico y la ambientación en parajes naturales, propia de su primera etapa como autor de renombre —El séptimo sello, Fresas salvajes—, así como una de sus obsesiones recurrentes, el silencio de dios, vibran en el primer fragmento narrativo. El mismo referente aparece en la última historia, donde la relación enfermiza entre sus dos protagonistas establece un paralelismo con Persona. Pero no es la única influencia que hay que destacar, pues en esta misma fracción del relato se puede encontrar una aproximación estética similar a las maneras de Darren Aronofsky en Pi: fe en el caos o incluso un guiño al Andrei Tarkovsky de El espejo.

Sin embargo, el juego metacinematográfico de mayor calado que se puede localizar en la cinta alude, como cabría esperar, al núcleo del proyecto: al propio Morrissey. Se trata de la tercera parte, que protagoniza el personaje ficticio de Olena Wood, la supuesta protagonista de Chelsea Girls, una de las obras más importantes que dirigieron Morrissey y Warhol. Rovira propone una comparación entre el cine mudo y el underground, como sendos modelos de alto componente artístico, pero que están apisonados por la maquinaria industrial de Hollywood. Partiendo del clásico El crepúsculo de los dioses, la Olena Wood de Rovira se mimetiza con la Gloria Swanson de Wilder, ambas mujeres ancladas en un pasado glorioso que nunca volverá. Porque, en última instancia, esa es la lectura que se puede extraer, en general, de Letters to Paul Morrissey, una oda a un cine extremo, verdaderamente personal, radicalmente poético.


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LETTERS TO PAUL MORRISSEY

Dirección: Armand Rovira, Saida Benzal.

Reparto: Xavi Sáez, Almar G. Sato, María Fajula, Joe Dallesandro, Saida Benzal, Agnès Llobet, Andrea Carballo, Esteban Torres.

Género: cine experimental, cine epistolar. España, 2018.

Duración: 80 minutos.

 

 


 

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