Yago Paris


No me gusta ir al cine, especialmente a ver películas polacas. Simplemente me aburren. […] ¡Nunca ocurre nada! Malos diálogos, malísimos diálogos en el cine polaco. No hay argumento, simplemente no ocurre nada. Es sorprendente que no sigan el modelo extranjero.

En una escena de la cinta polaca Rejs (1970) se establece un extraordinario juego metacinematográfico con múltiples capas de lectura, algo que resulta especialmente llamativo si se tiene en cuenta que no estamos ante una obra de arte y ensayo, sino ante una producción puramente comercial, destinada al gran público, de las que habitualmente no se detienen a tratar este tipo de cuestiones. La historia transcurre a bordo de un crucero que recorre el Vístula, y, en una escena concreta, dos matrimonios hablan de trivialidades. De repente, uno de los hombres comienza a analizar el cine polaco. Poco a poco, lo que parece una simple queja, un simple ataque al modelo de cine rival, el prestigioso cine polaco de autores como Andrzej Wajda o Andrzej Munk, se convierte en algo mucho más complejo.

El monólogo acierta en la parodia al cine de autor, ese de ritmo lento e historias difusas donde no parece ocurrir nada. Al mismo tiempo, ridiculiza a la persona que, de manera tajante y normalmente quedándose solo con los estereotipos, critica una situación que le produce rechazo o le desagrada sin esforzarse en comprenderla o en abrir la mente a posibles alternativas —lo que hoy en día llamaríamos «un cuñado». Pero lo que convierte la escena en sublime es cómo muta en aquello que (aparentemente) critica: el actor adopta el rol de personaje prototípico del cine de autor y se comporta como tal. La escena, en efecto, es un conjunto de malos diálogos con un ritmo cansino donde no ocurre nada.

Esta parodia sobre ambos modelos de producción cinematográfica y sobre los espectadores a los que se dirigen se puede entender, a su vez, como una metáfora de la incómoda encrucijada en la que se encontraba el cine de género en los países de Europa del Este durante el dominio de la Unión Soviética. ¿Cómo desarrollar los estándares y lugares comunes de cada género cuando toda película debe servir siempre como ejercicio de propaganda del sistema comunista? Especial mención merece la sátira, cuya base es, precisamente, la crítica del sistema sociopolítico desde un humor provocador, como es el caso de Rejs. Aunque la película se desarrolla como una crítica al absurdo del sistema político, a su vez expone el modelo comunista como un viaje de vacaciones donde la sociedad es feliz y puede permitirse lujos como el turismo. La escena descrita se encuentra en una encrucijada similar, entre las necesidades de entretenimiento y las aspiraciones artísticas. Al igual que en el resto de la cinta, aunque haya una agenda política que cumplir, la cierta liberalización de la producción cinematográfica que se produjo a partir de 1953, tras la muerte de Iósif Stalin, permitió que se pudieran producir estimulantes fragmentos de gran cine como este.


Puedes ver la escena de Rejs aquí.


The_Cruise_Rejs-critica-insertos-2


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