Sombras sobre la luna

Anaís Berdié


«La tecnología que hoy llevamos en nuestro bolsillo es muchísimo más potente que la que se utilizó para enviar al primer hombre a la luna». Esta fue una frase recurrente durante el rodaje de First Man (El primer hombre), la nueva película de Damien Chazelle, que relata la odisea espacial de Neil Armstrong, el astronauta que hizo historia poniendo su huella sobre el satélite terrestre. Quizá esa frase era una estrategia del equipo para imbuirse en la idea principal de la película, que se aleja del relato de gesta heroica que suele envolver las historias sobre viajes espaciales para centrarse en la dura batalla personal y humana que quedó sepultada bajo el peso casi mitológico de la famosa primera pisada en la luna. First Man (El primer hombre) nos muestra todas las sombras (figuradas) que dejó el programa desarrollado por la NASA en la década de los sesenta para lograr que la sombra (real) del primer hombre se reflejara sobre la superficie lunar.

Partiendo de este punto de vista tan poco explotado por el cine, la forma narrativa elegida por Chazelle queda patente desde la primera secuencia. Su intención es que el espectador viva el viaje en primera persona. Que se adentre, como lo hizo durante el rodaje el actor Ryan Gosling, que da vida a Armstrong, en los mismos espacios minúsculos de aquellas primeras naves; que contemple las diminutas ventanillas desde su misma perspectiva; e incluso que comparta con él el mareo. Un estilo casi documental que exige por parte del espectador una inmersión total en la historia para evitar caer en el tedio durante algunas secuencias que podrían pecar de repetitivas y que nacen lastradas por un detalle no menor: cualquier espectador de este planeta sabe que el viaje se completa con éxito.

Lo que no ha pasado a la historia es, precisamente, la gran baza de la cinta. Los sacrificios que se hicieron en nombre de la aventura espacial, las condiciones reales de los vuelos, los accidentes, las muertes y el sufrimiento de las familias. «Tenemos que fallar aquí abajo para no fallar allí arriba», dice en un momento dado el protagonista. Y el eco de la respuesta es el que resuena en el fondo de esta historia: «¿A qué coste?»

El director de las oscarizadas Whiplash y La La Land se confirma con su nuevo trabajo como especialista en diseccionar los sacrificios que exige la grandeza. Repite con Ryan Gosling, con el que compone un nuevo personaje obsesivo, a sumar a una lista que podría incluir a los propios Chazelle y Gosling. Dos perfeccionistas natos que, tomando como punto de partida la biografía escrita por James R. Hansen, investigaron hasta el último detalle de la vida y la personalidad de Armstrong para crear a este tipo silencioso, hierático y abrumado por el peso de una tragedia personal, que enfoca sus energías en una hazaña imposible que se acaba convirtiendo en un viaje interior con el que transitar su propio duelo.

El buen pulso narrativo de Chazelle hace que la alternancia entre la claustrofóbica aventura cósmica y la intimidad de la cocina de los Armstrong resulte natural y oportuna, logrando en las más de dos horas que dura la película un atractivo equilibrio entre lo superlativo y lo minúsculo. Dos grandes misterios de lo humano, al fin y al cabo.


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FIRST MAN (EL PRIMER HOMBRE)

Dirección: Damien Chazelle.

Intérpretes: Ryan Gosling, Claire Foy, Jason Clarke, Kyle Chandler, Corey Stoll.

Género: drama biográfico. Estados Unidos, 2018.

Duración: 133 minutos.

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