La enfermedad de la desesperación

Jesús Cuéllar


La nueva película de Paul Schrader, El reverendo, comienza con un plano general frío, como de postal turística, de una antigua iglesia del Medio Oeste de EE UU —la Primera Iglesia Reformada del título original (First Reformed)—, y acaba con un vertiginoso plano circular en el que el abrazo desesperado de dos personas contradice esa aparente calma inicial y proclama su adhesión a una difusa concepción trascendental de la vida, ajena a dictados institucionales. Entre medias, asistimos al ascenso al Gólgota de un típico personaje schraderiano, el pastor calvinista Ernst Toller (un comedido y sorprendente Ethan Hawke), enfermo de desesperación, que intentará reconducir su atribulada vida y su vocación religiosa en este nuevo entorno.

Al igual que el sacerdote protagonista del Diario de un cura rural de Robert Bresson (1951), a la que tanto debe la última obra de Schrader, o que el traficante de drogas John LeTour que el estadounidense creó para Posibilidad de escape (Light Sleeper, 1992), Ernst Toller escribe sobre sus obsesiones para exorcizarlas, pero sabe que sus diarios son efímeros, que solo los escribirá durante un tiempo limitado, para comunicarse con un Dios que no parece haberle tratado muy bien últimamente.

En El reverendo Ernst Toller, que, a juzgar por lo que vamos sabiendo no puede dar consejos equilibrados y sensatos a nadie, acaba teniendo que ejercer su apostolado, casi a su pesar, con el marido de Mary (Amanda Seyfried), un ecologista fanático y descreído que, según su esposa, quiere impedir que el hijo de ambos llegue al mundo.

De la mano de Toller, Schrader vuelve a territorios familiares: el rigorismo religioso en el Medio Oeste; la violencia latente o expresa y la posibilidad de utilizarla para solucionar los problemas humanos, y la lucha siempre desigual entre débiles y poderosos, plasmada en este caso en el contexto de la degradación medioambiental del planeta. Para su nueva obra, Schrader ha elegido un estilo bressoniano, de planos reposados y prácticamente carente de música (el que estudió en su obra clásica El estilo trascendental en el cine: Ozu, Bresson, Dreyer, recientemente reeditado en inglés con una nueva introducción del autor). Los escenarios son austeros, de una desnuda desolación, especialmente los interiores de las casas en las que habitan Toller y Mary, no así la fastuosa iglesia de Abundant Life, la iglesia-espectáculo, símbolo de todo lo que Toller abomina y de la que depende la pequeña parroquia que él dirige. Los monólogos de Toller y los diálogos son lentos, analíticos, y van mostrando a un personaje en descomposición. Y el director y guionista solo se permite abandonar la austeridad visual en el último tramo de la película, cuando Toller ahonda en su relación con Mary, la joven madre necesitada de protección y, en última instancia, de un padre para su hijo.

Schrader no hace cine político per se, pero sus películas siempre conducen a una reflexión sobre el contexto que rodea y condiciona a sus personajes. En este caso, la rebelión interior del reverendo adopta las formas del ecologismo, porque cree que hay que preservar el legado terrenal de Dios y porque el mundo que habita le resulta insatisfactorio: los ricos imponen su ley e incluso los pobres sienten desprecio por sí mismos o por sus semejantes. En los Estados Unidos de Trump, cuyas autoridades niegan el cambio climático, la tendencia a despreciar a los «perdedores» del sistema se ha acentuado todavía más, o así lo percibe Toller desde la atalaya que le ofrecen unas catequesis en las que casi no sabe qué decir a sus feligreses.

Al final de su vida, Bresson declaró que «el cine sonoro inventó el silencio» y se diría que Schrader, adoptando un estilo visual infrecuente en su cine, ha inventado en esta cinta su propio silencio, en contraposición estilística, que no conceptual, a casi todo su cine anterior. A través de una factura visual sin estridencias, Paul Schrader nos ofrece con El reverendo una obra fascinante que puede llegar a resultar desconcertante y, aunque el director no deja de afirmar (véase, por ejemplo, el documental In the Room with Paul Schrader, donde conversa con cineastas cristianos y con teólogos), que «la relación entre arte y religión es estilística, no de contenido», su nueva película demuestra que, en lo tocante a su cine, y a esta película en concreto, esa afirmación no se ajusta del todo a la verdad. El reverendo está transida de fe.



EL REVERENDO

Dirección: Paul Schrader.

Intérpretes: Ethan Hawke, Amanda Seyfried, Cedric The Entertainer.

Género: drama, thriller. Estados Unidos, 2017

Duración: 113 minutos

 


 

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