Melodrama a palazos

Yago Paris


Fatih Akin ha emprendido un viaje turbulento con el rodaje de En la sombra. Alemán de ascendencia turca, su cine gira constantemente alrededor de los vasos comunicantes que conectan Turquía y Alemania, una aproximación que suele producirse a partir de la intensidad de un melodrama de corte radical, y cuenta con Contra la pared (2004) y Al otro lado (2007) como estandartes del modelo. En su último filme el realizador tensa la cuerda casi tanto como hace unos años lo había hecho Susanne Bier en Una segunda oportunidad, inolvidable propuesta con la que la autora danesa explotaba su habitual querencia por la intensidad dramática y el golpe bajo hasta el punto de convertir la cinta en un auténtico culebrón. En aquella obra se narraba cómo unos padres perdían a su bebé y, en su desesperación, robaban otro al que nadie echaría de menos. Por su parte, Akin aborda una historia basada en hechos reales donde una mujer alemana pierde en un atentado neonazi a su marido turco y al hijo que ambos tienen en común.

Ambas cintas parten de un tipo de melodrama que se fundamenta en una intensidad desatada, sin complejos ni vergüenzas, y evolucionan hacia el thriller a medida que la trama se desarrolla. En el primer caso, por la investigación policial y el miedo de los protagonistas a ser descubiertos. En el segundo, por la incapacidad de la justicia para condenar a los presuntos culpables, lo que despertará en la protagonista la necesidad de venganza. Es un juego con los géneros que, en el caso de En la sombra, llama más la atención sobre el papel que en la pantalla, debido a la incapacidad de Akin para mantener el nivel de riesgo que alcanza durante una primera mitad de película dedicada al melodrama. Akin pone ahí toda la carne en el asador y atiza al público con gritos, llantos desesperados y deseos de venganza, propuestas para las que necesita a una actriz como Diane Kruger, que sale victoriosa del tour de force al que se somete —motivo por el que se alzó con el premio a mejor actriz en la pasada edición del Festival de Cannes.

Su actuación se refuerza con un importante despliegue formal —cámaras lentas, sofisticados movimientos de cámara, varios trávelin compensados—, que explica cómo entiende el melodrama el realizador alemán. La narración se desentiende de cualquier precaución y va a por todas en cada escena, lo que provoca que la cinta roce lo grotesco por momentos —como el intento de suicidio rodado con un estiloso movimiento de cámara, al que le sigue un plano que muestra, con la sensibilidad de un anuncio de perfumes, cómo la sangre abandona el cuerpo al compás de los latidos cardiacos. Todo ese riesgo se marchita cuando la película se convierte en thriller y pasa a transitar terrenos más convencionales. Aun con todo, Fatih Akin firma un trabajo meritorio, con cierto grado de transgresión, que es fácil cuestionar y todavía más pisotear, pero que es lo que es porque el director ha tomado una decisión cada vez más difícil de ver en el cínico panorama cinematográfico actual: prefiere pasarse de frenada y quedar con el trasero al descubierto que quedarse corto y ahogarse en el océano de la indiferencia.



 

en la sombra crítica Insertos

EN LA SOMBRA

Dirección: Fatih Akin.

Reparto: Diane Kruger, Numan Acar, Ulrich Tukur, Johannes Krisch, Siir Eloglu, Denis Moschitto.

Género: Melodrama. Alemania, 2017.

Duración: 100 minutos.

 


 

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