Canto de cisne

Jaime Lorite


Conocida por su trabajo como directora y coreógrafa habitual de los acrobáticos videoclips de OK Go, Trish Sie fue la lúcida elección de los productores de Step Up para revitalizar la franquicia de bailes en su quinta entrega, Step Up: All in (2014). Tres años después de debutar en el largometraje, otra saga también relacionada con la música y las coreografías, Dando la nota, ha requerido los servicios de Sie. Hay, sin embargo, una diferencia significativa: mientras que difícilmente a nadie le interesa Step Up por la historia o los personajes, sino por la danza, Dando la nota no es una serie de películas que traten sobre el canto a capela, sino comedias que integran el canto a capela como un elemento dentro de la narración e incluso como un recurso humorístico; igual que el patinaje artístico en Patinazo a la gloria (Josh Gordon y Will Speck, 2007), el mundo de la moda en Zoolander (Ben Stiller, 2001–2016) o el golf en Happy Gilmore (Dennis Dugan, 1996). La decisión de contratar a Sie, por tanto, invitaba a esperar un giro hacia el espectáculo en esta tercera entrega, algo que se confirma desde una primera secuencia donde las Bellas de Barden –el coro de chicas protagonista– se enfrentan, al ritmo de Toxic de Britney Spears, a unos presumibles villanos a bordo de un yate que acaba saltando por los aires.

La primera película de Dando la nota, con Jason Moore al frente, se convirtió en uno de los grandes fenómenos de 2012, gracias a la afortunadísima confluencia entre una brillante nueva generación de actrices cómicas –Anna Kendrick, Rebel Wilson, Brittany Snow, Anna Camp…– y un inteligente texto de Kay Cannon, destacada guionista en la serie Rockefeller Plaza (Tina Fey, 2006–2013). En una incontestable demostración de olfato, Cannon supo tender un puente entre las esencias del cine adolescente, con apelación directa a El club de los cinco (John Hughes, 1985) y al Don’t you (Forget about me) que cantaba Simple Minds en los títulos de crédito, y la cultura juvenil actual: bromas en torno a iconos pop contemporáneos, estructura de reality show y hasta biliosos comentarios simultáneos, prácticamente a modo de tuits, por parte de una hilarante pareja de podcasters que se dedicaba a seguir de cerca la competición de canto.

Lejos de repetir la fórmula, la excelente continuación Dando la nota: Aún más alto (Elizabeth Banks, 2015), en una suerte de escalada por las distintas edades de la comedia juvenil, funcionó ya como una respuesta femenina (y no necesariamente menos escatológica) a las producciones de la escuela de Bob Clark –autor de las dos primeras Porky’s (1982–1983)– o los Farrelly. La trama se expandía al plano internacional, si bien el aumento de la apuesta siempre venía impulsado por el humor: las Bellas tenían que ganar el mundial de canto a capela para ser readmitidas en la competición nacional… después de que Amy la Gorda (Rebel Wilson) provocara su descalificación por enseñar accidentalmente la entrepierna a Obama.

En un agradecido empeño por no entregar lo mismo una y otra vez, el cierre de la trilogía, Dando la nota 3, vuelve a relocalizar el argumento y abandona por completo el entorno universitario. Las protagonistas ya tienen sus respectivos trabajos y la reunión de las Bellas obedece a una razón nostálgica: todas echan de menos la competición, la vida laboral les frustra y quieren darse la oportunidad de alargar el tiempo más feliz de su vida. El tono festivo de las dos anteriores películas deja paso a unos aires sorprendentemente crepusculares que, no con mucha armonía, se ven contrapuestos a un aumento en el presupuesto, materializado en escenas de acción, efectos especiales y números musicales más ostentosos.

Dentro de este extraño reajuste, el humor se convierte en el principal damnificado. Solo Wilson sigue teniendo espacio para lucirse ligeramente a través de una discreta subtrama propia junto a John Lithgow. La nueva competición, un concurso de grupos de música en bases militares patrocinado por DJ Khaled, es la más fastuosa y menos excitante hasta el momento, sin ningún rival destacable, carismático o mínimamente comparable, por ejemplo, al grupo alemán de música electrónica a capela de la segunda película. Los personajes, antes cuidadosamente tratados, dejan de importar y pueden cambiar de motivación o de situación laboral sin que nada haya mediado para que eso ocurra: el conflicto que hace que las Bellas se reúnan –su insatisfacción por el trabajo– no solo se resuelve únicamente para un personaje, sino que de pronto deja de existir para el resto al final de la película. El que ya es el mensaje por antonomasia de la franquicia, la necesidad de romper con el pasado y encontrar una voz propia (esta vez a través de las historias paternofiliales y de la disyuntiva entre canciones originales y versiones, que también estaba en la entrega anterior), vuelve a formularse sin mucho convencimiento en una secuela prefabricada, desganada y concebida con piloto automático, que olvida por el camino los logros anteriores y tira por tierra la posibilidad de un final emocionante para una relevante saga generacional.


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dandolanota3DANDO LA NOTA 3 (Pitch Perfect 3)

Dirección: Trish Sie.

Guion: Kay Cannon y Mike White.

Intérpretes: Anna Kendrick, Rebel Wilson, Brittany Snow, Anna Camp, John Lithgow, Hailee Steinfeld, Ester Dean, Hana Mae Lee, Guy Barnet, Ruby Rose, Elizabeth Banks, John Michael Higgins, DJ Khaled.

Género: comedia. Estados Unidos, 2017.

Duración: 93 minutos.

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