Con Satán se vive mejor

Jaime Lorite


En la sensacional En el sótano (2014), el director Ulrich Seidl documentaba las peculiares aficiones que algunos ciudadanos austriacos disfrutaban practicando en las estancias inferiores de sus casas. Los placeres podían ir desde el sadomasoquismo hasta el culto a Adolf Hitler, pasando incluso por coleccionar muñecos de bebés y tratarlos como auténticos hijos. Repleta de material de primer nivel para la comedia (aunque con no pocos detalles inquietantes), En el sótano se distinguía, entre otras virtudes, por la frialdad analítica con que Seidl desplegaba su muestrario de excentricidades: la risa era opcional, puesto que la película no juzgaba, ni mucho menos humillaba, a los participantes del documental. Algunos, incluso, llegaron a quedar tan satisfechos del resultado que acompañaron al director al Festival de Venecia para presentarlo. La delgada línea entre la mofa y el estupor es la que ha transitado también la italiana Federica di Giacomo en su primer trabajo, Libéranos, fascinante documental que sigue la vida cotidiana de varias personas convencidas de estar poseídas por el diablo y las sesiones de exorcismo a las que se someten. Personas que cada día son más: de acuerdo con los datos recogidos por la película a partir de un reportaje de Le Monde en 2014, los casos de gente que afirma estar bajo el poder del Maligno se han disparado en los últimos años; especialmente en Estados Unidos, donde se han multiplicado por diez.

A medio camino entre la perfecta película de terror de metraje encontrado y la más inspirada sitcom en formato falso documental (a lo The Office o Modern Family), solo que totalmente real, Libéranos encuentra en la postura más o menos inofensiva de Di Giacomo una estrategia implacable. La mirada costumbrista con que se contempla a los individuos que desfilan frente a cámara desnuda los exorcismos de toda su épica y planta al espectador ante el auténtico conflicto: la ilusión bidireccional –siendo diplomáticos– de la que se sirven la Iglesia y quienes dicen estar poseídos. Porque, si bien el documental no se ocupa de desmontar ni de reforzar creencias, su puesta en escena materialista está bastante lejos de poder asociarse ni remotamente a los códigos del cine espiritual. Y, a pesar de la ausencia de género o de objetivos explícitos, no parecen inocentes algunas decisiones de lenguaje, como el encuadre en solitario del porro que sostiene una de las personas filmadas mientras habla de sus demonios y fantasmas. Mientras el suceso sobrenatural es un momento crucial obligatorio en las películas de ficción sobre posesiones demoníacas (cuerpos levitando, cabezas que giran 180 grados…), aquí el punto de vista terrenal, totalmente carente de elementos fantásticos, genera de manera automática la impresión de estar viendo en realidad a enfermos mentales en manos de un imprudente doctor. El gran debate moral que surge es: ¿las dos partes se lo creen por igual?

Una tremenda conversación entre dos curas, sobre la dificultad de curar a una feligresa porque vive mejor estando poseída y todo su entorno le presta más atención, es una de las escenas clave del documental, que hace de la fuerza de la normalidad su baza más demoledora. Es discutible, sin embargo, que se trate de la escena más memorable: el exorcista que protagoniza la película, el Padre Cataldo, y la manera en que solventa una posesión demoníaca por teléfono –con la persona, al otro lado, chillando algo indistintamente– conforman el exorcismo menos terrorífico y carismático de toda la historia del cine. De esa irresistible fusión entre algo tan, a priori, extraordinario como Satán tomando corporeidad y la más anodina rutina es de donde la directora extrae colosales hallazgos de tono: los estallidos diabólicos de los supuestos poseídos (normalmente, gritos y violencia contra sillas) bordean el humor incómodo, especialmente con el contrapunto que ofrecen las caras de hastío de familiares ya cansados del tema y un cuerpo eclesiástico que daría para un gran reality show. Como en una soñada versión esotérica de Empeños a lo bestia (Richard Dominick, 2010–), aquí vemos a un exorcista que tiene que gestionar con toda la profesionalidad del mundo los requerimientos de quienes le visitan por asuntos de tal calado como que un niño no quiere ir al colegio y, por tanto, según sus padres está poseído. Libéranos, al igual que En el sótano, da amplio margen para reírse a gusto con algunas de sus situaciones, pero la sensación de que hay un verdadero mal soterrado operando y, a la luz de los datos, en pleno aumento, deja un poso perturbador. Nada como una ola masiva de desesperación para que los vendedores de crecepelo hagan su agosto.


liberanos2


liberanos

 

LIBÉRANOS (Liberami)

Dirección: Federica di Giacomo.

Guion: Federica di Giacomo y Andrea Sanguigni.

Género: documental. Italia, 2016.

Duración: 89 minutos.

 


 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.