Derecho a la aventura


Mundialmente famoso por su encarnación de Gollum en la trilogía de El Señor de los Anillos (Peter Jackson, 2001–2003), el británico Andy Serkis es la estrella indiscutible de la “captura de movimiento” o “MoCap” (motion capture), tecnología basada en el registro de acciones y gestos de un intérprete para crear un personaje por ordenador. Modelo digital también de King Kong, el capitán Haddock o el simio César, dentro de una larga lista que no ha dejado de crecer, Serkis fundó en 2011 junto al productor Jonathan Cavendish la compañía The Imaginarium, con vistas a explorar las posibilidades de la técnica, desarrollar su trabajo sin intermediarios y, en último término, producir sus propias películas. El título llamado a ser la piedra sobre la que se cimentaría esta “nueva era en la narración de historias” (como el eslogan de The Imaginarium anunciaba) era El libro de la selva, revisión “oscura”, en palabras de Serkis, del famoso cuento infantil. Sin embargo, de acuerdo con la versión oficial, la enorme complejidad del proyecto, muy posiblemente unida a un extraoficial temor al tsunami Disney y su nueva adaptación anunciada en fechas similares –el comprensible pánico cuando tu competidor tiene los derechos de Busca lo más vital y tú no–, ha motivado el retraso del lanzamiento de la película hasta 2018. De esta manera, finalmente un drama de superación personal, no vinculado en ningún aspecto a la animación ni a la captura de movimiento, ha acabado siendo el primer largometraje producido por The Imaginarium y el debut de su fundador como director. Titulada en España Una razón para vivir, la película es el biopic de Robin Cavendish, padre del socio de Serkis.

“La gente sale de las escuelas de cine sin saber rodar más que dramas realistas”, comentaba de manera un tanto peyorativa el actor y ahora director/productor tras anunciar la fundación de su compañía, agregando una apostilla tan de emprendedor extasiado como “Necesitamos cambiar nuestra mentalidad y animar a nuestros profesionales a pensar más en grande”. Rodada como una gran película del Hollywood dorado, ciertamente no se puede acusar a Andy Serkis de no haber “pensado en grande” en su primer trabajo tras la cámara, pero, desde luego, sí de desconocer mecanismos para lograr la emoción que quizá muchos estudiantes manejen con más soltura. Su acercamiento a la figura de Cavendish –activista paralítico de alma aventurera que luchó por mejorar la vida de las personas de su misma condición, financiando y desarrollando instrumentos como la silla con respirador– se inscribe en un estilo de narración biográfica por goteo, funcionando como una simple enumeración de sus éxitos en vida sin la progresión dramática que un relato de ficción demanda. Pese a contar con un potente armazón visual (con la inestimable ayuda del gran director de fotografía Robert Richardson), el amaneramiento con que Serkis orquesta sus imágenes y dirige a sus actores, lejos de emparentar la película con los modos del cine clásico, termina simplemente por hacerla anticuada y kitsch.

Susceptible de leerse, a falta del “For your consideration”, como un formulario cumplimentado de admisión a los Óscar, la espléndida interpretación de Andrew Garfield –que sigue dignamente a sus difíciles y nada agradecidos papeles en Silencio (Martin Scorsese, 2016) y Hasta el último hombre (Mel Gibson, 2016)– en realidad parece lo único de la película con posibilidades serias de optar a premios, y no porque el director mantenga precisamente una posición discreta o se quede corto en sus esfuerzos. Discípulo claro de Peter Jackson, aunque lejos de la inventiva del neozelandés, Serkis trata histéricamente de compensar por la vía del exceso sus carencias a la hora de representar personajes y sentimientos, otorgando por momentos al relato una artificiosa apariencia de pantomima: gags completamente fuera de tono (el cable del respiradero cayéndose del enchufe y Cavendish, incapaz de moverse por su enfermedad, a punto de morir asfixiado) y algún pasaje muy delirante (el episodio español, cercano en espíritu al paseo de Tom Cruise por Sevilla en Misión: Imposible II) sirven de extraño contrapunto al academicismo de aura prestigiosa que domina la propuesta. El carácter inofensivo de la historia acaba dando, de hecho, la impresión de actuar como muro de contención para un cineasta novel que, cuando habla de dejar atrás los “dramas realistas” de cara a esa “nueva era en la narración de historias”, tal vez esté apuntando hacia algo como The lovely bones (2009).



nullUNA RAZÓN PARA VIVIR (Breathe)

Dirección: Andy Serkis.

Guion: William Nicholson.

Intérpretes: Andrew Garfield, Claire Foy, Tom Hollander, Hugh Bonneville, Diana Rigg, Miranda Raison, Dean-Charles Chapman.

Género: drama biográfico. Reino Unido, 2017.

Duración: 117 minutos.

 


 

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