Palabra e imagen


Aquellos escritores que practican la comunicación epistolar corren el riesgo de que se violen sus intimidades: a su muerte, llega el estudioso de turno o un conocido del autor y publica las misivas para contento de unos lectores que se lanzan a examinar con impudicia en vidas ajenas. Comparado con otros epistolarios, el volumen Cartas desde la guerra del portugués António Lobo Antunes (publicado en España por Destino; traducción de Dolores Vilavedra) representa una variante bastante particular. Escrita durante los dos años (entre 1971 y 1973) que el futuro novelista y cronista pasó destinado en Angola como médico militar, es igualmente una correspondencia muy privada, pero en este caso el autor sigue vivo y la publicación se debe a la voluntad expresa de la destinataria que en su día tuvieron las cartas, Maria José Fonseca, que acababa de contraer matrimonio con Antunes. Tras el fallecimiento de la mujer, sus hijas prepararon en 2005 una edición en cuyo prefacio aclaraban que no iban a describir lo que eran dichas cartas, pues «cada persona las leerá de una manera muy diferente, seguramente distinta a la nuestra».  Y ahora nos encontraremos en salas de cine de qué manera las ha leído el director Ivo M. Ferreira.

El singular reto de adaptar un epistolario real a un medio expresivo tan diferente como es el audiovisual encuentra aquí un plus de dificultad debido a la naturaleza misma, su forma y sentido, de la voluminosa recopilación (¡Antunes escribía casi a diario a su esposa!). Podemos acercarnos al libro como obra literaria, crónica nada épica de la guerra de Independencia de Angola (1961-1974), relato autobiográfico de urgencia o radiografía de un amor febril entre una pareja separada por la sinrazón militar y unos 9.000 kilómetros de distancia. ¿Qué opción propone la película Cartas de la guerra? Probablemente un poco de varias alternativas, aunque lo que en realidad distingue a la cinta es la serie de decisiones formales que se aplican para transformar el catálogo de sucesos y sentimientos descritos por Antunes.

El intento de acompasar imagen y palabra, de organizar el material narrativo y confesional, les lleva a Ferreira y su coguionista Edgar Medina a solapar los relatos, el conflicto armado y la historia de una pasión amorosa, mediante dos planos de expresión. Y es así como a una reconstrucción muy cercana al docudrama de las vivencias de los soldados, rodada en un blanco y negro de texturas impactantes (una formidable fotografía a cargo de João Ribeiro) y casi sin diálogos, le acompaña un caudal de palabras y más palabras en off, un recitado monótono de párrafos amorosos que se han extraído de las cartas.

Se ve en pantalla que el director ha hecho una irreprochable labor de documentación. También cuenta a su favor el haber propuesto algo diferente a una narrativa convencional que habría colocado en fila episodio tras episodio, así como la búsqueda de la inmersión sensorial, muy al estilo Apocalypse Now, en los momentos donde prima lo alucinatorio, pero, al final, el conjunto no escapa de unos límites autoimpuestos. Aparte de la dificultad que entraña para un espectador no lusoparlante compatibilizar el interminable flujo de subtítulos con la contemplación de las imágenes, existen razones para considerar Cartas de la guerra un chasco, una experiencia a ratos irritante. El conjunto transcurre solo por reiteración, su intento de desgarro lírico apenas llega a cumplir con los estímulos que se prometen y, lo peor, acaba encerrando dentro de un círculo cerrado y estático la conmoción por el drama colectivo que se vieron obligados a protagonizar tantísimos jóvenes portugueses durante los últimos años del autoritario Estado Novo.

Ahora bien, considerando el asunto desde otra perspectiva, quienes hayan leído el epistolario – una lectura con implicaciones naturalmente distintas a las de las hijas de Antunes— también podrán argumentar, y no les faltará razón, que el director no ha sabido sobreponerse a unos problemas que ya tenía la fuente original, pese a provenir de una impactante experiencia personal.



CARTAS DE LA GUERRA

Dirección: Ivo M. Ferreira

Intérpretes: Miguel Nunes, Margarida Vila-Nova, Ricardo Pereira

Género: drama. Portugal, 2016

Duración: 105 minutos

 


 

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