Hacia la libertad


Han tenido que pasar más de diez años, los transcurridos desde La distancia (2006), para que volviésemos a ver a Iñaki Dorronsoro al frente de la dirección de una nueva película. Las diferencias de entonces a ahora son llamativas, empezando porque este segundo trabajo parece abandonar, a priori, la carga psicológica de su debut para dedicarse más a la acción, y continuando porque el vasco no ha regresado solo: Atresmedia y la división española de Warner producen la película. Al verla, uno funestamente constata que esa tensión entre las pulsiones autorales y el atractivo comercial se ha resuelto de la peor manera: demasiado boba para tomarla en serio y demasiado apática para encontrarla divertida, lo más probable es que Plan de fuga deje finalmente insatisfecho a la mayor parte del público.

Alain Hernández –bastante mejor el año pasado como el confuso antidisturbios de El rey tuerto (Marc Crehuet, 2016)– hace aquí las veces de un Jason Statham o un Vin Diesel con menos músculos interpretando un papel que, de hecho, no tiene más complejidad que los que suelen interpretar éstos: forzada rocosidad, líneas de diálogo sentenciosas y una historia romántica al nivel de todo un xXx: Reactivated (D.J. Caruso, 2017). Nada de esto sería necesariamente malo (aunque, en los tiempos actuales, no estaría de más empezar a escribir personajes femeninos que no sirvan solo para el descanso del guerrero), si no fuera porque Plan de fuga resulta no ser exactamente un thriller frenético. Presentada en los mismos términos que un subproducto de videoclub, la película finaliza su primer tramo con un giro narrativo que, felizmente, demuestra hasta qué punto Dorronsoro es consciente de su tono: el director y guionista revienta de una tacada todo el argumento planteado hasta ese momento, y que parecía que se desarrollaría a lo largo de los siguientes dos actos, para tomar por sorpresa un camino diferente. El problema es que, después, ese juego con las expectativas no dará paso a nada más estimulante.

Dorronsoro cuenta aquí una historia de versos sueltos, utilizando el subgénero de atraco y fuga para hablar, en realidad, de cómo unas personas desarraigadas tratan de escapar de sus propias vidas. Pese a la buena idea, al director le cuesta mucho encontrar el modo de contarlo correctamente, y el conjunto da bastante más sensación de batiburrillo que de blockbuster de ensayo. Titubeante en el ritmo, insuficiente en el desarrollo dramático (pese a la intensidad de un Javier Gutiérrez totalmente transformado) y, sobre todo, flojísima en la definición de unos personajes cuyas relaciones son centro y alma del relato, la película termina por naufragar irremisiblemente en un clímax demencial y excesivo, donde la frase «¿Hay algo aquí que no sea una puta broma?» que espeta el policía interpretado por Luis Tosar puede que encuentre cierta complicidad en la sala. El interesante montaje de la última escena y su plano final dejan claro que Plan de fuga no es el impersonal producto de un autómata, sino que tras la cámara hay alguien con gusto, criterio y curiosidad narrativa: ojalá sirva a mejores fines en un futuro, a ser posible, menor a otros diez años.


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PLAN DE FUGA

Dirección y guion: Iñaki Dorronsoro.

Intérpretes: Alain Hernández, Javier Gutiérrez, Alba Galocha, Luis Tosar, Florín Opritescu.

Género: intriga. España, 2017.

Duración: 105 minutos.

 


 

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