Es él. El hombre y la leyenda juntos en un mismo cuerpo. El galán por excelencia de la televisión de los noventa, el emblema del thriller español, la persona que ha vendido yogures con más credibilidad en la historia del mundo… y también un tipo majísimo. Es Jose Coronado (por si no nos parecía aún suficientemente simpático, ¡su representante nos dice que es Jose sin tilde!).

Encontramos, en el restaurante donde nos hemos citado, al ganador de un Goya departiendo con sorprendente entusiasmo sobre la falta de disciplina en el vestuario del Real Madrid. Rato después, se hará fotos con prácticamente todas y cada una de las personas en el local, con las que además mantendrá una conversación distendida. Coronado está en el día grande de la promoción de su nueva película, Es por tu bien, que protagoniza junto a Roberto Álamo y Javier Cámara. La película se estrenó el pasado viernes 24 de febrero con gran éxito: más de un millón y medio de euros de recaudación en tres días, y alunizaje instantáneo en el primer puesto de la taquilla, por delante de Cincuenta sombras más oscuras. Pese a la jornada maratoniana que lleva encima, el actor se niega a reconocer cualquier mínimo ápice de cansancio: «No tengo derecho a cansarme, cansado es trabajar en la mina». Dado que es su última entrevista del día, el protagonista del último éxito de Telecinco Cinema nos concede un poco más de tiempo y hace balance de su trayectoria, sus decisiones profesionales y el significado de su figura para las nuevas generaciones.

 

Has estrenado tres películas este año: Contratiempo, Batman: La Lego Película, que cuenta con tu doblaje, y ahora Es por tu bien. ¿Cómo lo haces? ¿Algún chute, estilo Santos Trinidad [su personaje en No habrá paz para los malvados]?

[Risas.] No, no, mi única droga es el amor a mi profesión. Me gusta levantarme temprano, ponerme el casco, ir a trabajar con un equipo y acostarme con la satisfacción del trabajo bien hecho, de haber entregado todo lo que puedo, y con ganas de levantarme de nuevo. Y me levanto feliz, no me cuesta nada levantarme para dar entrevistas ni para ir a trabajar.

En Es por tu bien vuelves a la comedia, un género que no tocabas desde la serie Hermanos de leche [1994-1996]. He estado recuperando algunos capítulos…

¿La has podido ver? ¿Cómo lo has hecho?

Está la primera temporada en Atresplayer, la plataforma en streaming de Antena 3.

Llevo años buscándola para que la viera mi hija, porque cuando ella tenía siete u ocho años, como estaba yo todo el día haciendo thrillers, no podía enseñarle nada. Así que intenté buscar Hermanos de leche pero no lo conseguí. Igual soy muy torpe.

Toda la gente de mi edad te tiene totalmente asociado al thriller, y por eso me sorprendió muchísimo en Hermanos de leche tu capacidad para el humor más desquiciado, bordeando el slapstick. ¿Por qué has hecho tan poca comedia?

Bueno, o las películas que llegaban no me gustaban, o me era imposible cuadrarlas. También es verdad que yo me siento más cómodo en el thriller y por eso lo prefiero. A mí me das una pistola y estoy en mi salsa, pero hacer reír es muy complicado. La gente piensa que es llegar, soltar la frase y listo, pero es un género que cuesta más que ninguno. En el suspense, o en el drama, puedes meter una música que condicione al espectador y ahí tienes la mitad del trabajo hecho, pero en la comedia lo que importa es el actor. Es el tempo del actor el que hace que se consiga la risa, o la sonrisa, o la carcajada. Es muy difícil. Hice comedia al principio, cuando estaba todavía formándome, aprendiendo y sacándome el carné de actor. Desde entonces, no he vuelto a hacer nada, pero es de los pocos géneros que me quedaba por acometer en cine, y le tenía muchas ganas y mucho respeto al mismo tiempo. Cuando me ofrecieron Es por tu bien, además con Javi [Cámara] y Roberto [Álamo], decidí que era el momento. La verdad es que he disfrutado como un niño, porque han sido dos meses maravillosos: ya he dicho que a mí me gusta levantarme para ir a trabajar, pero imagínate si encima sabes que te vas a pasar el día riendo.

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¿Cómo se materializa ese humor al trabajar? Imagino que, siendo amigos los tres, habrá habido chistes entre vosotros que se hayan quedado en la película.

En la película, de hecho, el director [Carlos Therón] nos dejaba después de cada secuencia una toma adicional de free style, con lo que a cada uno nos viniera en ese momento. Era un desbarre brutal, muchas improvisaciones se han utilizado en la película porque eran oro puro.

¿Qué ha sido lo que más te ha costado de este registro?

En Es por tu bien nosotros estamos además haciendo un tipo de comedia realista, y en la comedia hay una línea muy fina en la que pasas a convertir tus personajes en caricaturas. Nuestro objetivo era que eso no ocurriese.

¿Hay algún parecido entre tu personaje y tú?

¡Ninguno! Es, espero, el personaje que más alejado puede estar a mi persona, y además el más tonto y más imbécil de los tres protagonistas. No tiene perdón, es un conservador, un facha, que piensa que todo lo puede conseguir con dinero, y fundamentalmente se trata de un egoísta, que le dice a su hija «Esto es por tu bien» cuando, en realidad, todo lo que hace es por el bien de él mismo. «Vive la vida que yo te digo porque te tienes que casar con un abogado, y por la Iglesia como Dios manda». Quiere que la niña viva como a él le parece que debe vivir. Es un intolerante, un machista, un personaje cuya única redención es que ama profundamente a su familia y sobre todo a su hija. Hay muchos cuñados en España, muchas mujeres de esos cuñados y muchas hijas e hijos que están en la misma situación que las familias de la película, y se reirán porque se van a ver reflejados.

En Es por tu bien os juntáis dos generaciones de actores. Para muchos jóvenes, tú eres una institución…

Claro, un viejo, ¿verdad, cabrón? [Risas.]

¡Icono es la palabra! ¿Cómo es esa relación con actores como Miki Esparbé o María Pujalte? ¿No hay una cierta dinámica maestro-aprendiz?

No, yo nunca intento ir de maestro, entiendo que esto es un trabajo en equipo. Quien no entienda el cine como un trabajo en equipo, que se busque otra profesión. A mí me hacen muy feliz los chavales jóvenes que llegan, y me encantó hacer de padrino de Miguel Ángel Silvestre, Hugo Silva, ahora Álex González, Mario Casas, Miki Esparbé… ¡Son tantos, tan buenos y bien preparados! Muy diferente a cuando empecé yo, que todo estaba mucho más barato. Éramos Imanol [Arias], [Antonio] Resines, Carmelo Gómez, yo y dos más. Ahora das una patada y te salen treinta chavales que hablan inglés, que son hercúleos y que han hecho todos los talleres del mundo. Da mucho gusto trabajar con gente que llega con esa fuerza y con esas ganas. Que yo no he perdido tampoco nada de eso, ¿eh? [Hace una pequeña pausa y pone una mirada pícara, como pensando si decir lo siguiente o no decirlo. Afortunadamente, lo dice.] ¡Hay mucha gente del mundillo, entre equipo y compañeros, que me llama Coronator! [Carcajadas.] Yo voy a morir en esta profesión, es lo más grande. A mí no me lleves a un crucero, ¡a mí dame un plató, ponme entre travellings, entre cámaras, entre eléctricos, con un bocata! Ahí es donde yo estoy feliz. No he perdido esa ilusión del primer día. La sigo teniendo y sé que será así siempre.

Un primer día del que en 2017 se cumplen treinta años, los que hacen de tu debut en la película Waka-Waka. Si no me equivoco.

Exacto. Hice Waka-Waka en el 87, siendo todavía amateur, y luego empecé con la obra de teatro El público a finales de ese año.

En todos estos años, ¿qué dirías que ha mejorado y qué dirías que ha empeorado en el cine español?

Por favor, ¡cuando entré, el cine español estaba en la UCI! Y por razones obvias. El cine que hacíamos, salvo casos puntuales de grandes maestros como Saura o Camus, era mucho peor. La forma de trabajo, los equipos técnicos de entonces y el conocimiento artístico eran mucho más deficientes. Ahora hemos pegado un salto cualitativo, sobre todo en estos últimos quince años. Nos hemos convertido en una potencia reconocida por todo el mundo, más incluso que por nosotros mismos… Esto último sería la nota amarga. Ojalá las instituciones nos valorasen, como hacen en otros sitios. Me da mucha envidia ese chovinismo francés, cómo defienden lo suyo por encima de todo. Creo que, si siguiésemos esa línea, otro gallo nos cantaría. Pero nos hemos ganado al público. Antes sí que había mucho rechazo hacia el cine español, y no era culpa de los espectadores. Ahora la gente va a las salas de forma masiva. Hemos cambiado muchísimo también en series. Damos vueltas por todo el mundo y nos valoran muchísimo.

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A lo largo de tu carrera, ¿has escogido los papeles un poco a modo de gestión de marca? En tu primera época galán, en tu madurez thriller

El thriller es mi género favorito, con el que más disfruto yo como espectador. Cuando me junté con Urbizu, una persona con la que comparto la misma forma de entender la profesión, pude seguir con él en varios trabajos más, y esos buenos trabajos llamaron a otros del mismo género. Y yo encantado. A mí me han estado etiquetando como galán un montón de años, y ahora como hombre duro. Bueno, ¿y qué? ¡Mira Clint Eastwood! Por mucho que tenga Los puentes de Madison, se ha pasado toda su vida haciendo de tipo duro, ¡y a ver quién no admira a Clint Eastwood! Es un monstruo, ¡y encima menudas películas dirige! A mí no me importa. En cualquier caso, para mí, desde hace muchos años, el mejor género y el mejor personaje que me pueden ofrecer es el que está encima de la mesa. Me he convertido en un pragmático, he desarrollado una gran capacidad para empaparme y enamorarme de los proyectos que tengo entre manos. Lo demás ya son quimeras.

O sea, ¿tu política a la hora de elegir películas es que a ti te atraigan como espectador?

Elijo papeles en función de que la historia me guste, de que me guste quién la dirige y de que me guste mi personaje. Esas son mis pautas. Y nunca se me han caído los anillos a la hora de hacer algo de caja con publicidad, porque al final es lo que me permite hacer lo que más me apasiona, que es el teatro. Ahí sí puedo llevar totalmente a término lo que me gustaría hacer: igual que te digo que en cine elijo entre lo que me llega, en teatro puede que sea yo el que haga que el proyecto salga adelante. En cine y en tele es más difícil, son las majors y las cadenas las que deciden el producto.

Dentro de poco, precisamente, estrenas una obra en el Teatro Español.

Eso es. El 16 de marzo en el Teatro Español estrenamos Ushuaia, una obra de Alberto Conejero, el que hizo La piedra oscura [2013], que es un bombazo. Es brutal, estoy completamente poseído. Conejero es un hombre maravilloso, me he enamorado de él. Es un genio, un poeta, un agitador de conciencias. Cuenta la historia de un alemán que, durante la Segunda Guerra Mundial, escapa a Ushuaia, una ciudad de la Patagonia a la que llaman “la ciudad del fin del mundo”. Y tiene que lidiar con sus fantasmas, con sus secretos, con todo lo que su país le hizo al mundo y con todo lo que le ocurrió personalmente, que iremos descubriendo a lo largo de la obra. Y a esa ciudad acude a buscarle una caza-nazis. Todo contado con una belleza de palabra y una estética visual impresionante, a cargo del director Julián Fuentes Reta. Es una obra de la que yo disfrutaría mucho como espectador.

También tienes en marcha una nueva peli con tu director fetiche, Enrique Urbizu.

Es una serie para Movistar+, Gigantes.

¿Sí? Había visto algo de una película llamada 2014 hijos de puta.

Fue un guion que estuvimos a punto de hacer, pero al final se truncó. ¡Así son las cosas! Por eso te digo que a mí en cuanto me llega un proyecto me apresuro a firmar, para rodarlo de inmediato. Gigantes será una serie de seis capítulos, sobre una familia en la que yo soy el patriarca, Abrahám. Ya sabes cómo es Enrique con los nombres. Tengo tres hijos, y controlo todo el negocio de la droga, la venta de cobre y comercio de antigüedades de una barriada en el extrarradio de Madrid. Puro Urbizu.

La otra vez que nos vimos te comenté que había un catedrático en la Facultad de Ciencias de la Información, Felicísimo Valbuena, que no paraba de hablar de ti en sus clases. Decía que no entendía cómo Banderas o Javier Bardem habían llegado a Hollywood y tú, para él uno de los mejores actores del cine español, no te habías lanzado. ¿Alguna respuesta que quieras darle?

Fui a Hollywood en mis comienzos e hice una peli con Andy García, pero ya. No me he empleado a fondo en ello por una razón de edad y de situación de vida, porque en el momento en que empecé a despegar ya tenía un hijo. Si hubiese tenido veinte años, hubiese sido un pájaro libre y seguro que hubiera intentado hacer las Américas. Pero me vi con treinta y pico años, con una familia, y además yéndome muy bien en mi país. ¡Y la racha no se interrumpió nunca! Siempre lo pensé, pero según iba abriéndome a cine y a teatro tenía trabajo de forma constante. Así que seguí luchando por hacer grandes papeles en mi idioma. Yo aquí no tengo queja, hago protagonistas, hago mi Santos Trinidad, mis obras de teatro en las que soy libre de hacer lo que quiera. Mejor que estar allí siendo una cola de león. Yo no quiero ser la cola del león, prefiero ser la cabeza. ¡Dale un beso a tu profesor de mi parte!


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Fotos: María Sofía Mur

Agradecimientos a Jose Coronado, Majós Martínez Montesinos y Sandra Ejarque, de Vasaver.


 

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