El arte de lo real


Para Bazin, el cine es el arte de lo real, la forma en que la verdad se expone sin necesidad de artificios de ninguna índole. Esta concepción del cine es en la que se sustenta la “nueva ola del cine iraní”, corriente cinematográfica deudora del neorrealismo italiano de los cuarenta, movimiento con el que comparte una puesta en escena donde la sutileza, la ausencia de manipulación técnica y la realidad se imponen como elementos indispensables en la construcción de historias. Dentro de esta corriente encontramos a cineastas que, a pesar de haber tenido que esquivar la censura de su país con cada nueva película, han podido dar a luz proyectos en los que se radiografía la sociedad iraní, haciendo visibles incluso aquellos aspectos que atentan contra los códigos de la Comisión de cultura y cine islámico de Irán. Asghar Farhadi pertenece a este grupo de realizadores decididos a desafiar los códigos censores en su propósito de retratar la sociedad iraní de manera fidedigna (insértense aquí las licencias necesarias para aceptar esta premisa: lo más fiel posible), algo que queda patente en su último largometraje, El viajante.

Tras unos títulos de créditos compuestos por una transición de imágenes fijas donde las distintas habitaciones de un decorado se van iluminando (desvelando su condición de escenario teatral), pasamos a un espacio diferente, donde un plano secuencia muestra la salida forzosa (y precipitada) de Emad y Rana del edificio donde viven. Mientras abandonan el lugar, los cristales se fracturan y las paredes se agrietan. La cámara se mantiene cerca de Emad (anticipo del punto de vista que seguirá la narración), hasta que se asoma a una ventana para mostrar la excavadora que trabaja fuera, responsable de las grietas y origen del posible derrumbe.

Con esta intromisión de un agente externo como génesis de fisuras estructurales, Farhadi establece el tono de un relato que comparte con Nader y Simin y A propósito de Elly la existencia de un elemento ajeno, condicionante y determinante, que aparece para fracturar la narración en dos, obligando a replantearse las relaciones entre sus personajes y continuar argumentalmente a tientas.

Sin dejar de transitar los senderos de la culpa, la humillación, la honestidad o el honor, el realizador compone la narración a partir de la representación de la obra teatral en la que actúa la joven pareja (Muerte de un viajante de Arthur Miller). Es un ejercicio que deja patente la voluntad de contraponer dos contextos, dos historias que, si bien quedan lejos temporal y geográficamente, comparten la base argumental: la destrucción del individuo a manos de la sociedad opresiva, imperante e hipócrita. Fiel a los mencionados preceptos del realismo del cine iraní, la puesta en escena de Farhadi permite situar al espectador cerca de Emad y Rana, en el centro de su fractura emocional, a la vez que mantiene la distancia con planos generales que encuadran su situación dentro de un contexto social más amplio (un plano general les muestra en la terraza con una cámara intrusa y espía). La teatralidad con la que compone las escenas (no solo las teatrales) a partir de largos planos (muchos de ellos planos secuencia), y el movimiento de los personajes por el espacio, con diálogos coreografiados donde el peso recae en las palabras que se intercambian, son elementos que remiten a la idea de realismo sobre la que se cimenta la cinta y la refuerzan.

Bazin abogaba por un cine que desenmascaraba la verdad. Desde los parámetros del cine como reflejo con esa misma vocación realista, Farhadi declara que la verdad es “sobre todo voluble y parcial”. En ese instante de incertidumbre es donde el realizador coloca la cámara. La tensión se filtra con cada duda y el suspense se genera con unas imágenes que conjugan el alargamiento de los tiempos narrativos con las suposiciones y especulaciones de sus personajes y las del público para terminar retratando los mecanismos con los que se rige el mundo real: la sospecha ante lo no visto y la certeza de la verdad como constructo parcial.


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EL VIAJANTE

Dirección: Asghar Farhadi.

Intérpretes: Shahab Hosseini, Taraneh Alidoosti, Babak Karimi.

Género: drama. Irán, 2016.

Duración: 125 minutos.

 

 


 

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