Siguiendo una tradición que se extiende ya todo un año en el tiempo, los redactores de REVISTA INSERTOS exponen ante los lectores cuáles son sus candidatos favoritos para llevarse el Óscar esta noche. Nota: es posible que, por momentos, este especial sea como toda la segunda mitad de Hasta el último hombre.

MEJOR PELÍCULA

CRISTINA APARICIO: Manchester frente al mar/La llegada. Si la justicia fuera un valor en alza, la próxima edición de los Óscar debería ser recordada como el año del primer Óscar ex-aequo en la categoría de Mejor película (suponiendo el séptimo premio doble de la historia de la gala). Dos cintas logran alcanzar la excelencia cinematográfica al componer relatos que, diametralmente opuestos en propuestas temáticas y formales, ponen toda la técnica al servicio de una narración donde resulta indisoluble forma y fondo.

JAIME LORITE: La ciudad de las estrellas (La La Land). En los años dorados del cinismo y el haterism, lanzar una película tan alegre y resplandeciente como La ciudad de las estrellas (La La Land) podría parecer una misión suicida. Solo que, al contrario de lo creen convencidamente sus detractores, La La Land quizá no sea tan alegre y resplandeciente. Con el desagradable recuerdo de la muy mediocre The Artist y su victoria de hace unos años, la película de Chazelle es valiosa por saber mirar hacia la historia del musical y construir, a través de la memoria del género, un discurso propio y de su tiempo. No hay que malentender y desdeñar La La Land como una película nostálgica porque, simplemente, los tiempos que echa de menos nunca han existido: hay ilusiones y expectativas de idílica felicidad que nunca podremos satisfacer, porque son un constructo cultural de un sistema que, desde las plantas de las fábricas de sueños en Hollywood, solo busca mantener la maquinaria engrasada.

MIREIA MULLOR: La ciudad de las estrellas (La La Land). Sí, sería algo predecible y no nos gustan las cosas predecibles, pero… ¡qué demonios! Es una magnífica película, maravillosamente rodada, inteligentemente pensada y compuesta por multitud de homenajes al género musical (más al francés que al de Hollywood, todo sea dicho y aclarado) que lejos de resultar un collage mal ensamblado se convierte en una hermosa actualización del mismo. Ante todo, me fascina su capacidad para crear un universo propio, un ambiente en el que zambullirte, donde no sabes bien qué época es, pero sí qué ciudad: la ciudad de las estrellas.

YAGO PARIS: Manchester frente al mar. Este año la Academia ha juntado un elenco de nominadas más destacable que otros años. Películas como Comanchería, Moonlight o Manchester frente al mar serían dignas ganadoras, y se entiende que estén presentes otras de las que aparecen. Aunque la cinta de Barry Jenkins le pisa los talones, este crítico se queda con la gélida propuesta de Kenneth Lonergan. Con un titánico de la contención como Casey Affleck, la cinta transita los páramos de la desolación interior, y lo hace entre música clásica e inesperadas gotas de humor. Un proyecto sólido, con un tono magnífico y rodado con una sensibilidad apabullante en su sencillez.

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MEJOR DIRECCIÓN

C.A.: Denis Villeneuve/Kenneth Lonergan, por La llegada/Manchester frente al mar. Siguiendo en la línea de los premios dobles (¡qué gran año cinematográfico y qué lástima competir a la vez!), el trabajo de Villeneuve y Lonergan es el responsable de orquestar todos los elementos de los que disponen para construir unos relatos sin fisuras. Todas y cada una de las decisiones tomadas responden a la esencia del film que construyen. ¡Todo un ejercicio de dirección cinematográfica!

J.L.: Damien Chazelle, por La ciudad de las estrellas (La La Land). Abandonemos ya, por el bien de la inteligencia, ese rancio hacer de menos a las direcciones espectaculares despachando sus virtudes como éxitos del equipo técnico. Por supuesto que La La Land ha contado con un equipo y unos medios potentes, pero eso no significa que se coordinen solos ni que actúen a su libre albedrío: los números musicales están dirigidos con más brillantez, energía y estilo que los de muchos otros directores curtidos a los que no les fue tan bien (¿nos acordamos de Tom Hooper en Los miserables?). Que la película haya recibido tantas nominaciones la ha convertido de facto en la candidata oficialista, pero, mirando en perspectiva, realmente todo el proyecto de La La Land es bastante chiflado en conjunto y está peligrosamente próximo al desastre absoluto. La ambición de Damien Chazelle, de 31 años, merece ser premiada.

M.M.: Damien Chazelle, por La ciudad de las estrellas (La La Land). Lo que Chazelle ha hecho en este film es demencial (en el mejor sentido de la palabra). No sólo ha volcado en él toda su cinefilia y su amor a la música, sino que lo hace además con estilo, traspasando la línea que separa al producto de la obra de autor. Porque La La Land, a pesar de los millones invertidos en publicidad y el inestimable empuje de popularidad que le han dado los premios, no es una película convencional ni un producto de marketing. Es una carta de amor al cine.

Y.P.: Kenneth Lonergan, por Manchester frente al mar. Lo que más llama la atención de Manchester frente al mar es su actor. Casey Affleck realiza una actuación formidable, que lo apuesta todo a no mostrar –casi– nada. Sin embargo, este nivel de compenetración con la idea del film sólo es posible si detrás de las cámaras hay alguien con las ideas claras y con la capacidad para elevar cada uno de los aspectos de su obra. Este es Kenneth Lonergan, que demuestra tener gran tacto a la hora de abordar temas tan turbios, a la par que sorprende con un tratamiento algo peculiar del melodrama. Porque Manchester frente al mar es un peliculón y esto es mérito de su autor, Kenneth Lonergan debe ganar este Óscar.

MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL

C.A.: Isabelle Huppert, por Elle. Aún atónitos por estar ante la primera nominación de la francesa, Huppert se convierte en la apuesta fácil de la noche. Fácil, sí. Queda demostrada a lo largo de su trayectoria que Elle es otro ejemplo más de cómo esta mujer es capaz de introducirse y matizar aquellas emociones incomprensibles, incoherentes con el funcionamiento psicológico más común y desbordar humanidad con cada gesto.

J.L.: Natalie Portman, por Jackie. Una película que, dicho sea de paso, es mejor que todas las nominadas. Es cierto que Isabelle Huppert está impresionante en Elle, pero es verdaderamente difícil no tener en la cabeza la voz y la mirada de Natalie Portman días después de ver Jackie. Puede que resulten algo aparatosas estas creaciones tan rimbombantes de actores mimetizándose oral y físicamente con personajes reales (un clásico de los Óscar), pero lo que hace Portman en esta película rebasa todo lo predecible: sumergiéndose en una imagen de Jackie Kennedy que, en tanto icono, funciona hacia nosotros como mera fachada, la actriz es capaz de reproducirla perfectamente a la vez que observamos cómo transita su via crucis personal, en un ejercicio de increíble contención dramática que localiza la acción y el espectáculo de la película en su cuerpo mismo.

M.M.: Isabelle Huppert, por Elle. Parece imposible que no sea Emma Stone quien se lleve este galardón (prácticamente todos los premios anteriores lo confirman), pero mientras la gran Isabelle Huppert figure entre las nominadas, ¡hay que votarla! Huppert hizo en Elle un papel que grandes actrices de Hollywood rechazaron. El reto era mayúsculo, y la actriz se sale.

Y.P.: Isabelle Huppert, por Elle. Duelo en la cumbre. Este año se han juntado dos tótems de la interpretación: Isabelle Huppert y Natalie Portman. Ambas están colosales y son el centro de sus películas. Sin embargo, las cotas de creación y de riesgo que toma la francesa decantan la balanza. Ganase cual ganase, este crítico quedaría satisfecho. Sin embargo, uno se teme lo peor, pues se trata de dos papeles incómodos, de los que no suelen ganar premios. A esto se le suma la inercia de triunfo de La La Land, que va a arrasar esta noche, por lo que el peligro acecha y tiene pecas en la cara: Emma Stone. Pero no hay que perder la esperanza; otra Academia es posible.

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MEJOR ACTOR PRINCIPAL

C.A.: Casey Affleck, por Manchester frente al mar. El lado opuesto a la intensidad interpretativa que suele valer la estatuilla, Affleck eleva la contención como valor dramático (poco explotado) al poner toda la fisicidad al servicio emocional.

J.L.: Ryan Gosling, por La ciudad de las estrellas (La La Land). Muchos los llamados, pocos los elegidos. ¡Cuántos actores han intentado evocar en sí mismo la figura del galán del Hollywood clásico, y a qué pocos les ha salido tan bien como a Ryan Gosling! Lejos quedan sus colaboraciones con Nicolas Winding-Refn en las que le acusaban de inexpresivo (como si no fuera esa la idea): sin minusvalorar el trabajo de su parteneire Emma Stone, el protagonista masculino de La La Land derrocha durante toda la película la misma cantidad de encanto y carisma para lanzarse a un arrebato jazz al piano que para bajar a hacer la compra.

M.M.: Casey Affleck, por Manchester frente al mar. Aunque sería maravilloso que ganase Viggo Mortensen por su estupenda actuación en Captain Fantastic o que Ryan Gosling confirmase su tremendo éxito por La La Land, no sería de justicia premiar a alguien en esta categoría que no fuese Casey Affleck. En Manchester frente al mar, Affleck se rompe y ofrece una de las actuaciones más impactantes y complejas de los últimos años. Si hablamos de mérito, él lo tiene todo. Si hablamos de los pleitos fuera de la cámara, sin embargo,  ya es otra cosa.

Y.P.: Casey Affleck, por Manchester frente al mar. Mucho se ha especulado con la posibilidad de que Casey Affleck gane el Óscar, no sólo por haber sido siempre un actor repudiado, sino por haber sido acusado de acoso sexual. Pero, si juzgamos el plano artístico, poco hay que reprocharle al hermano menos conocido de los Affleck. Lo único que se podría cuestionar es si es el tipo de actuación que gusta en la Academia. Normalmente se premia a actores que exteriorizan todo, incluso que sobreactúan. Nada de eso ocurre con el personaje de Affleck, algo que para este crítico resulta fundamental para la historia y para que esta interpretación le fascine. Todo esto provoca que deba ser el rotundo ganador de la categoría.

MEJOR GUION ORIGINAL

C.A.: Efthymis Filippou y Yorgos Lanthimos, por Langosta. A pesar de quedar lejos su estreno, Langosta resulta una de esas películas difíciles de olvidar. La premisa de la que parte es capaz de desestabilizar todo un mundo de creencias personales (y relacionales). Reflejo fiel de la realidad y del futuro al que se encamina, esta distopía se convierte en toda una referencia cinematográfica del panorama actual.

J.L.: Efthymis Filippou y Yorgos Lanthimos, por Langosta. Original en todos los sentidos. La ingeniosísima y divertidísima fábula-sátira armada por Filippou y el también director Lanthimos tiene el suficiente ojo clínico, poder desestabilizador y valor como representación de su época para acabar convirtiéndose en un clásico del cine moderno. Urdido con inteligencia y sabia (maliciosa) ambigüedad, el guion de Langosta es el mejor de todos.

M.M.: Kenneth Lonergan, por Manchester frente al mar. La película es demoledora, en gran parte por la fantástica actuación de Casey Affleck, pero también por un guion que encuentra un equilibrio fascinante entre el drama más absoluto y el humor ácido. La construcción de los personajes es magnífica.

Y.P.: Efthymis Filippou y Yorgos Lanthimos, por Langosta. ¿La originalidad o el juego con el género? ¿La irreverencia o la contención? Dos excelentes guiones llegan a la carrera final disputándose la estatuilla dorada: el de Langosta y el de Manchester frente al mar, respectivamente. Los dos serían justos vencedores, pero este crítico se queda con el primero, pues su capacidad para crear una sociedad distópica a la vez inquietante y cómica se ha ganado su corazón.

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MEJOR GUION ADAPTADO

J.L.: Barry Jenkins, por Moonlight. Un texto profundamente conmovedor, todo lo sutil y minimalista que no es la exagerada dirección del propio Jenkins (¿para qué tanto travelling circular?). No conozco la historia original, pero Moonlight me resulta sorprendente por su talento para articular toda una gran historia de iniciación a partir de momentos pequeños en apariencia, y que en realidad valen toda una vida.

M.M.: Barry Jenkins, por Moonlight. Su estructura en tres partes, separadas por una amplia elipsis temporal, retrata a la perfección cómo se construye la identidad de una persona, y se centra en una de aquellas que, por suerte o por desgracia, han nacido para tener algo que la sociedad común rechaza y maltrata. Enseña lo justo y necesario para impactar, y lo consigue.

Y.P.: Barry Jenkins, por Moonlight. Ante el desconocimiento de las obras en las que se basan estas películas, se optará por el criterio de mejor resultado final, de mejor guion en sí, más allá de que sea o no una adaptación que plasme la esencia del material de partida. Al aplicar dicho criterio, brilla con luz propia la historia de Moonlight. Por su sensibilidad, por su conocimiento de causa, por estar en las antípodas del cliché, esta película debe ganar el Óscar a Mejor Guion Adaptado.

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO

C.A.: Viola Davis, por Fences. Brillar en una cinta con tantos claroscuros hace que la actuación de Viola Davis adquiera la dimensión de redención. Si el film es todo acento actoral, ella no solo está a la altura sino que proporciona la valía de todo el conjunto.

J.L.: Viola Davis, por Fences. Desgarradora interpretación por parte de una de las mejores actrices de su generación, que en Fences solo demuestra lo alto que es capaz de volar. El intensísimo pulso que mantiene con un también extraordinario (aunque algo más pasado) Denzel Washington resulta memorable, aunque solo el monólogo del personaje de Davis sería un argumento con el peso suficiente para darle la victoria esta noche.

M.M.: Nicole Kidman, por Lion. Aunque la película en su conjunto no ofrece nada original ni estimulante más allá de su sorprendente y emotiva historia real, la actuación de Kidman es memorable. No acapara muchas escenas en el film, pero es imposible no destacar ese estado de tristeza en el que se sumerge. Lo mejor que ha hecho en mucho tiempo.

Y.P.: Michelle Williams, por Manchester frente al mar. Esta es una de las categorías que desde hace meses parece decidida. En los círculos de opinión se da por hecho que Viola Davis va a ganar el Óscar por su interpretación en Fences, pero un servidor se niega a ceder ante los estándares de la Academia y su gusto por las interpretaciones intensas y gritonas. Aunque esta mujer está fantástica, no es la única, ni probablemente la mejor. A este crítico le ha resultado especialmente llamativa la actuación de Michelle Williams en Manchester frente al mar, quien en apenas cuatro escenas define a la perfección su personaje, la relación que tiene con el protagonista y por qué era de una forma en el pasado y de otra en el presente. Conseguir eso con tan poco metraje convierte su interpretación en todavía más valiosa, por lo que, no sólo por llevarle la contraria a la Academia, sino por motivos de peso, Michelle Williams debe ser la ganadora del Óscar.

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MEJOR ACTOR DE REPARTO

C.A.: Jeff Bridges, por Comanchería. Porque el cine está plagado de rangers de Texas, y aun así, será difícil olvidar al último en llegar. Sin perder la comicidad, Bridges equilibra rudeza e inteligencia evitando caer en los tópicos que rondan el imaginario de este tipo de papeles. Humanizar a un personaje con el que no se quiere empatizar resulta el gran mérito del veterano.

J.L.: Lucas Hedges, por Manchester frente al mar. El jovencísimo Lucas Hedges resulta especialmente inspirado en la composición de su personaje, un adolescente sin tiempo para seguir siéndolo tras la muerte de su padre. Hedges refleja con absoluta naturalidad el esfuerzo por estabilizarse tras una sacudida crucial, y los puñetazos al aire que damos cuando peleamos con lo inevitable. Todo el mundo parece de acuerdo en que Manchester frente al mar es el recital de Casey Affleck, pero en la escena del congelador Hedges roba la película.

M.M.: Michael Shannon, por Animales nocturnos. Su retrato del típico policía brusco y malhablado no es tan típico como parece. De hecho, aunque no sepamos en realidad nada de él, se postula como un personaje con una impresionante profundidad, que no tendría de no ser por el trabajo impecable de Shannon.

Y.P.: Mahersala Ali, por Moonlight. Por motivos similares a los de Michelle Williams, este crítico apuesta por la interpretación de Mahershala Ali en Moonlight. Sutil, natural, desde el silencio, este actor traza las líneas maestras de su personaje con un desglose de gestos y miradas. No es el tipo de papel que permita que el actor se luzca en todo momento, pero, al analizarlo, uno llega a la conclusión de que Ali está fantástico en el rol de padre espiritual del protagonista. Óscar para él.

MEJOR PELÍCULA DE HABLA NO INGLESA

C.A.: El viajante (Irán). Farhadi cuenta con una gran capacidad para traspasar las fronteras del drama y ubicar al espectador en las encrucijadas de sus personajes. Incertidumbre, dudas, desesperación… la extrapolación emocional se vuelve un valor formal cuando la cámara se limita a registrar lo que está al alcance de la vista, más allá de la mirada, situando al público en el terreno de la suposición.

M.M.: Toni Erdmann (Alemania). No puede ser otra. Quizás Elle podría haberle hecho competencia (de hecho, ya lo hizo en los Globos de Oro), pero está claro que el Oscar es para Maren Ade y su retrato de la vida moderna, de la felicidad, de las relaciones entre padres e hijas, del amor, del feminismo, del trabajo, del capitalismo…

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MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN

C.A.: Vaiana, de John Musker, Ron Clements, Don Hall y Chris Williams. Porque todo apuntaba a que la cinta de animación más redonda del 2016 sería Kubo y las dos cuerdas mágicas hasta que entró en escena Vaiana. Un brillante ejercicio de ingenio visual dentro del universo de los musicales clásicos de Disney.

J.L.: La vida de Calabacín, de Claude Barras. Magnífico año de animación, donde todas las nominadas bordan la excelencia. Si hay que quedarse con una, La vida de Calabacín destaca como una rotunda obra maestra. Bellísimo y arriesgadísimo stop-motion que se atreve, con enorme aplomo, a contemplar lo peor de la vida desde una inocencia rota, en crisis, pero más fuerte que todo lo demás.

M.M.: Zootrópolis, de Byron Howard, Rich Moore y Jared Bush. Quizás sea poco arriesgado apostar por la película Disney. De hecho, quizás lo más justo fuese premiar películas como Kubo y las dos cuerdas mágicas, una maravillosa aventura hecha en un estudio independiente. Pero no puedo obviar que me enamoré profundamente de este film animado (y animal), de su mensaje de unión entre razas diferentes y su crítica al discurso del miedo (algo que no viene nada mal en la era Trump). Hoy más que nunca, Zootrópolis merece un visionado, sea o no político.

Y.P.: La tortuga roja, de Michael Dudok de Wit. Ésta es, con diferencia, la categoría de los Óscar en la que se encuentran las mejores películas. Las cinco nominadas merecen la estatuilla, pero una destaca ligeramente. La tortuga roja es un poema visual sobre la grandeza de la naturaleza. Basada en planos generales que enfrentan a ésta con el ser humano, la de Dudok de Wit es una joya visual que prescinde de diálogos porque aborda temas que no se pueden expresar de esta manera. Y porque su talento para la narración en imágenes es sublime. La tortuga roja es la mejor película de los Óscar, por lo que es también la de esta categoría.

MEJOR MONTAJE

J.L.: Tom Cross, por La ciudad de las estrellas (La La Land). Claro caballo ganador dentro de una categoría, aun así, llena de grandes trabajos (por ejemplo, el esfuerzo de Joe Walker en La llegada, materializando mediante las imágenes la peculiar concepción del tiempo que plantea la película, es digno de elogio). Montar correctamente un número musical ya exige un talento importante, pero hacerlo con gracia es de sobresaliente. El tour de force final, soberbio.

M.M.: Tom Cross, por La ciudad de las estrellas (La La Land). Porque, aunque la mayoría de la película está compuesta de planos de dilatada duración, eso no quiere decir que el montaje haya sido sencillo. ¡Al contrario! El ritmo de su historia, de cada una de sus escenas y números musicales, es brillante.

Y.P.: Nat Sanders y Joi McMillon, por Moonlight. En Moonlight el ritmo es fundamental para alcanzar sus aspiraciones. La cinta se empapa de un tempo lento, contemplativo, analítico. La obra se detiene a observar lo que supone ser gay en la comunidad negra, y ser negro en EE.UU. Sólo con un ritmo lento se puede alcanzar las dosis de profundidad que la historia requiere, de ahí que la cinta se caracterice por una combinación de planos largos y gigantes elipsis, con los que condensar la esencia de la vida, tanto por sus detalles cotidianos como por su amplia duración. Tal capacidad merece su reconocimiento. Esta es una excelente oportunidad.

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MEJOR FOTOGRAFÍA

J.L.: Linus Sandgren, por La ciudad de las estrellas (La La Land). Es también el trabajo más vistoso de todos, por su uso del color y su impecable aspecto. Otro premio cantado (esto es un chiste).

M.M.: Linus Sandgren, por La ciudad de las estrellas (La La Land). Las luces, los colores, los focos… Su estética de película clásica, con ese aura tan impresionista, es sencillamente mágica.

Y.P.: Rodrigo Prieto, por Silencio. La capacidad de Martin Scorsese para transportar a su público a otro mundo es formidable en su última obra, y buena parte de ese mérito está en la dirección de fotografía, que corre a cargo de Rodrigo Prieto. En Silencio, uno se sumerge en atmósferas opresivas y transita territorios salvajes en los que se sabe visitante non grato. Con una primera parte de neblina cegadora y una segunda de áspera claridad –dos estéticas que se empapan del subtexto de la obra–, Silencio es justa merecedora de este Óscar.

MEJOR BANDA SONORA

M.M.: Justin Hurwitz, por La ciudad de las estrellas (La La Land). ¿Alguien lo duda?

Y.P.: Mica Levi, por Jackie. Las bandas sonoras suelen tomarse como un acompañamiento, especialmente en el cine académico. Sin embargo, esta puede ser un elemento fundamental de la narración, capaz de transmitir más ideas que las palabras que salen de la boca de un actor. Esto último es lo que ocurre con la banda sonora de Jackie, que ha compuesto Mica Levi, y es así hasta el punto de que, si tuviera otra composición musical, la película sería completamente diferente –y probablemente inferior. Por la incómoda belleza de su composición y por el peso determinante en la narración, Mica Levi debe alzarse con la estatuilla a mejor compositora.

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MEJOR CANCIÓN ORIGINAL

J.L.: ‘City of stars’, de Justin Hurwitz, Benj Pasek y Justin Paul, por La ciudad de las estrellas (La La Land). Los fools who dream a los que apela Emma Stone en otra de las canciones nominadas son aquellos que piensan que esta categoría no va ir, de calle, para La La Land. ‘City of stars’ me gusta un poco más que ‘Audition’, aunque realmente mi favorita del año no está nominada.

M.M.: ‘Audition (The fools who dream)’, de Justin Hurwitz, Benj Pasek y Justin Paul, por La ciudad de las estrellas (La La Land). Aunque sea ‘City of Stars’ la que más suena (en la película, en los tráilers y en mi cabeza), encuentro algo superior su compañera de nominación: ‘Audition (The fools who dream)’. Quizás sea por la emoción de la escena en la que se enmarca, rodada con la figura de Emma Stone entre la oscuridad de una sala de audiciones y siendo rodeada por una cámara en un imponente plano secuencia, pero este tema tiene la intensidad que le falta al primero.

Y.P.: ‘Can’t stop the feeling’, de Justin Timberlake, Max Martin y Karl Johan Schuster, por Trolls. Porque es un temazo, porque tiene ritmazo y porque tiene pelazo –el de los trolls y el de Justin Timberlake–. Motivos más que suficientes para justificar que ‘Can’t stop the feeling’ se lleve el premio a mejor canción. Pero hay más, y son los cinematográficos: porque la canción encaja a la perfección con el tono y la temática de Trolls, y porque comparte fondo y forma con la cinta. ‘Can’t stop the feeling’ es un temazo que debe ser reconocido.

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