Una historia real


En una de las escenas iniciales de El día más feliz en la vida de Olli Mäki, la cámara acompaña al protagonista que, tras pasar unos instantes mojándose bajo la lluvia como un niño más de los allí presentes, camina hacia un gran salón donde se celebra la boda a la que está invitado. Se para en la puerta, Raija (su cita) aparece y ambos escuchan un discurso sobre los recién casados y cómo surgió en ellos el amor. En un primer plano, Olli y Raija; todo lo demás está desenfocado. Ella dirá: “El amor es una cosa seria”, arrojándose sobre él para besarle. Este es el instante en que termina el plano secuencia. La cámara escolta a este hombre muy de cerca, invadiendo su espacio personal y sin perder de vista los pequeños destellos de grandiosidad que surgen a su alrededor y de los que es plenamente consciente.

La historia de Olli Mäki, el boxeador finlandés, es una historia real; mientras que la de Olli Mäki, el personaje del último film de Juho Kuosmanen, es una fábula sobre el amor y las virtudes que bien podrían (y deberían) sustentar la vida de cualquier hombre. En plena vorágine del fenómeno La La Land, irrumpe con fuerza este relato que, desde su más humilde posición (lejos queda de ser una superproducción hollywoodiense), desafía a la cinta de Chazelle, a sus planteamientos argumentales, los que sostienen el romanticismo sobre el que se construye el tan ovacionado musical. La disputa entre lo personal y lo profesional (amor vs. éxito que tantas veces se ve en pantalla) adquiere un matiz distinto gracias a las dosis de realismo implícitas en un biopic. Todo el aspecto formal de la cinta queda supeditado a una puesta en escena que aboga por hacer más cercana y sencilla la narración: la colocación de la cámara a la altura de los rostros, situando al espectador en el mismo nivel que los personajes; su movimiento nervioso, apurado y acompasado al ritmo de Olli cuando camina, pegado a su cuerpo; largos planos, muchos de los cuales terminan siendo planos secuencia, empeñados en continuar acciones completas, sin interrupción, visibilizando la trasmutación de estados anímicos condicionados por los espacios físicos; y un blanco y negro que aporta la atemporalidad necesaria que imprime actualidad a todo el relato.

Con la mirada puesta en Olli y en aquello que él mismo es capaz de entender (e incluso de verbalizar), la cinta de Kuosmanen consigue desmoronar la belleza que esconde el amor frustrado, el no apostado, el que se enquista por sacrificarlo todo en pos de la ambición profesional. En El día más feliz de la vida de Olli Maki no hay canciones que vayan a perdurar en las vidas de dos amantes nostálgicos, perdidos, ni bailes que eleven la emoción hasta hacer sentir que puedes tocar las estrellas. En El día más feliz de la vida de Olli Maki hay esperanza, hay luz (incluso color) y hay belleza, pero sobre todo hay certezas, esas que te hacen estar seguro de que la sonrisa que (inevitablemente) se dibuja tras ver la película es la prueba de que la felicidad existe, es real y está al alcance de todos: al igual que la cámara, a la altura de la mirada.


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EL DÍA MÁS FELIZ EN LA VIDA DE OLLI MÄKI

Dirección: Juho Kuosnamen

Intérpretes: Jarkko Lahti, Oona Airola, Eero Milonoff

Género: romántico, drama, biográfico. Finlandia, Suecia, Alemania 2016

Duración: 92 minutos

 


 

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