Entrevista con el director de El día más más feliz en la vida de Olli Mäki


Finlandia acogió por primera vez en 1962 los mundiales de boxeo. El púgil Olli Mäki aspiraba en su tierra natal al título de campeón en la categoría de peso pluma que defendía el norteamericano Davey Moore. El país nórdico esperaba el triunfo de este compatriota que había dejado el campo para ir a Helsinki y someterse a un intensísimo entrenamiento durante los meses previos. Nadie podía imaginar que al final la derrota fuera fulminante, pues el combate duró tan solo dos rounds. Y es que se había desatado una tormenta de emociones dentro del boxeador. No se sentía cómodo con la vorágine de la cultura del éxito en cuyo centro le habían colocado. Y además se añadía otra cuestión: se había enamorado. Para Olli, la felicidad era eso y no la gloria del triunfo. Tanto es así que la misma mañana del día que subía al cuadrilátero había ido a comprar los anillos de compromiso junto a su novia Raija.

La historia de este combate y sus circunstancias le han servido de base a Juho Kuasmanen para dirigir su primer largometraje, cuyo título explica bastante bien la idea que maneja el realizador: El día más feliz en la vida de Olli Mäki. “En la memoria histórica del país se considera un momento muy humillante, aunque el propio Olli siempre recuerda la felicidad de aquel día”, comenta Kausmanen durante un encuentro con la Revista Insertos en Madrid, en el cual pudimos ahondar en ciertas cuestiones de una película biográfica y de boxeo en absoluto convencional, que destaca por su elegancia estética y la cuidada sencillez del relato.

 

La chispa del proyecto nació en 2011 cuando conociste al boxeador. ¿Fue un encuentro fortuito?

No, fue en una obra de teatro que trataba supuestamente sobre Olli Maki. Esto lo puedo decir aquí pero no en Finlandia… es la peor obra que he visto en mi vida. Terrible. Pero Olli y su mujer Raija estaban en el estreno, los conocí y en ese momento empecé a juguetear con la idea. ¿Qué tipo de obra haría sobre ellos? Y empecé a interesarme en la vida y personalidad de ambos. Leí muchas cosas, vi un documental y pensé que la historia podía funcionar como película.

En su época, Olli fue muy conocido. ¿Sigue siéndolo?

Ahora sí, desde hace un año, con la película. Pero la gente de mi edad, que no suele ser aficionada al boxeo, no, no lo conocía.

Por una parte, la forma remite a una película de los sesenta, y por otra, captamos rasgos de estilo más contemporáneos. Respecto a lo primero, ¿cómo surge rodarla en blanco y negro y, además, en 16 mm.?

Hicimos unas pruebas en color dos meses antes de rodar en 16 mm. y 35 mm. Ya habíamos decidido rodar en 16 cuando las revisamos, y comprobamos que el blanco y negro era más épico y cinematográfico, más con aire a reportaje, a ese look de documental de los sesenta que buscábamos. Y le daba un tono más simbólico, más privado también.

Es Kodak Triple- X, ¿no? Sería complicado disponer de ese tipo de película tan concreto.

Sí, porque no hay muchas existencias en los almacenes. Encargamos toda la película que estuviera disponible en Europa y en Estados Unidos. Después, Kodak tuvo que fabricar más aún, porque las reservas se habían agotado, e hicieron más metros para nosotros.

Esa decisión, ¿complicó la financiación del proyecto?

Bueno, el presupuesto era el que era. Es cierto que rodar en película encarece el gasto, pero al final todo es cuestión de cómo organizas y distribuyes el dinero del que dispones.

Siguiendo con la vuelta a los sesenta, más que en los ambientes y decorados, sí parecen más definitorias las labores en el vestuario y la peluquería.

Sí, nosotros queríamos reflejar los primeros sesenta, pero al mismo tiempo acercarlos a nuestra época para que pudiéramos identificarnos con los personajes con facilidad. De hecho, intentamos que los dos protagonistas también aparentaran un aire actual, en contraste con el resto. Aun así, si te fijas, el estilo en las fotografías de aquellos años se asemeja mucho al nuestro, a como vamos tú o yo ahora vestidos. El final de los sesenta y los setenta ya eran algo totalmente distinto.

En cuanto a la realización propiamente dicha, la parte más moderna de la película, nos encontramos una cámara muy activa, que se mueve y sigue, a Olli por detrás. Háblanos sobre esta decisión.

En todas nuestras películas previas ya habíamos trabajado junto al mismo operador y lo único que sabíamos bien era que no queríamos reconstruir nada sino ir a localizaciones reales. Siempre rodaríamos cámara al hombro y cerca de los personajes. Y ahora que estábamos con una película de época la cuestión era idear un diseño de producción próximo a los sesenta y, al mismo, tiempo trabajar de la misma manera a la que estábamos acostumbrados con nuestras películas anteriores. También vimos muchos documentales de los sesenta y cinéma vérité, cómo se movía la cámara y tal, para marcarnos un poco las pautas.

Este uso de la cámara revela muchos detalles interesantes que funcionan estupendamente. Como ese momento, durante un entrenamiento bajo la lluvia, que acompañamos a Olli al ring, sin despegarnos ni un momento de él, y subimos pasando entre dos cuerdas.

Las secuencias como la que comentas las hicimos en una primera toma, desde el principio hasta al final, aunque teníamos la idea de que se iban a montar. Si te das cuenta, no concebimos ningún plano-contraplano. La coreografía se hacía desde una perfectiva de arriba a abajo, basada en los movimientos de los actores y de la cámara alrededor de los mismos. Esto último se le da muy bien al operador. Yo quería motivar dichos movimientos porque sabía que a él le gustan. Y él se proponía retos del tipo “a ver si tengo narices para meter la cámara entre las cuerdas”. El momento que comentas, ¡sólo lo hicimos por diversión! Aunque, bueno, en realidad queríamos que los movimientos de cámara fuesen lo menos visibles posible. Claro, tú has notado estos detalles porque estás acostumbrado a ver películas con detenimiento, pero la intención es que no se notasen.

Juho Kuosmanen durante el rodaje de la película
Juho Kuosmanen durante el rodaje de la película

¿Cuánto hay de documentación y cuánto de cosecha propia en lo que vemos? Un ejemplo que llama la atención es el equipo del noticiario que filma constantemente al boxeador. O la barraca de feria con sirenas donde los espectadores les tiran pelotas para que caigan en un tanque lleno de agua.

Esto último es ficción. Y el equipo de filmación fue real. De aquel documental que te decía extrajimos y reprodujimos secuencias. Por ejemplo, cuando el protagonista tiene que hacerse una foto con Miss Finlandia y ella se pone a darle un montón de besos. El mayor cambio fue llevar a Raija a Helsinki, ya que en la vida real ella se quedó en el pueblo. El espectáculo de las sirenas sí existía por aquel entonces y era muy popular. Consideramos que incluirlo era una bonita metáfora que podía encajar bien con la historia.

¿Aprendiste mucho sobre boxeo para poder preparar el film?

Sobre todo aprendió el actor principal. Yo leí y estudié mucho, pero más acerca de lo que rodea el boxeo, como los entrenamientos en el gimnasio, las ruedas de prensa, las “ceremonias” de pesaje de los púgiles. Las situaciones parecían bastante agresivas, pero puedes ver que es un show. Cuando acaban se dan la mano y tan contentos. Es una manera de vender el producto. Creo que se refleja bien en la película. No hablamos del escenario, sino de lo que hay entre bastidores. Es mucho más interesante.

Ya de por sí el combate fue cortísimo y en la película aún mucho más, pues decides que dure apenas dos o tres minutos.

Lo que preparamos fue un clímax-anticlímax, pretendiendo que el espectador dijera: “¿Ya? ¿Qué ha pasado?” Y no es que Olli perdiera el combate, es como si nunca lo hubiera empezado en realidad.

Durante la película, remarcas el contraste entre la gente importante y la gente del pueblo. También haces una referencia al anticomunismo en Finlandia, cuando uno de los promotores pregunta si existe algún problema con Olli y si acaso es comunista.

Además, lo era. Olli era comunista. Por eso no pudo ir con el equipo nacional a las Olimpiadas de Roma [1960]. Se pasó al boxeo profesional pensando que no encontraría los mismos politiqueos, pero los combates profesionales necesitan que los financien, y a quienes lo hacían no les gustaban los boxeadores comunistas. Ten en cuenta que además financiaban todo, los entrenamientos y la publicidad. Habría mucho que decir sobre el tema, pero en la película solo hemos querido hacer una referencia concreta, porque ya la historia habla de alguien que se siente distinto y descubre que tendría que renunciar a ciertas cosas para ejercer de héroe nacional.

¿Cómo perciben los finlandeses de ahora esos episodios?

Ahora todo el mundo dice que son cuestiones del pasado y ya no suceden. Sin embargo, todavía se perciben los bloques ideológicos. Es una locura. Por ejemplo, nos pasó a nosotros. Ganamos un premio con la película y quisimos donar el dinero a una organización vinculada a Olli, pero las autoridades preferían que se repartiese.

Para acabar, quisiera que nos comentaras dos momentos que me han parecido fundamentales. El primero, a mitad de metraje, cuando Olli y el entrenador discuten, y este último le suelta: “Has elegido el peor momento para enamorarte”.

Esa secuencia es clave para marcar el tono. De hecho, mientras la escribía pensaba que si había una escena que iba a funcionar en toda la película, seguro que sería esa. Es tan divertido ver a esos dos tipos tan serios hablando de amor.

Y por supuesto está el cierre, cuando la pareja protagonista se aleja y comentan si llegarán a viejos como otra pareja con la que se están cruzando y a la que nosotros vemos de espaldas. He leído que son los auténticos Olli y Raija.

Queríamos que ambos aparecieran de alguna manera. La película terminaba con los personajes que se marchan sin hablar y punto. Tal vez habría quedado algo demasiado sentimental y escribí el diálogo durante los días finales de rodaje. Queríamos añadir algo que parecía que faltaba. Lo hicimos y encaja.


Juho Kuosmanen durante su visita a Madrid
Juho Kuosmanen durante su visita en Madrid

Crítica de El día más feliz en la vida de Olli Mäki en Revista Insertos, por Cristina Aparicio


Fotografías en color: Nacho López

Agradecimientos a Juho Kuosmanen y a Surtsey Films


ent.sa

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