Papá al rescate

Santiago Alonso


Un bromista impenitente, que cada dos por tres se coloca unos dientes saltones de mentirijilllas o se sienta sobre un saco de pedos, seguramente no comprenderá muy bien a una chica que, según el modelo contemporáneo de mujer, ocupa un puesto ejecutivo en una gran multinacional y es yonqui del trabajo. Y viceversa. Para empezar, ¿qué lazos de contacto podrían establecer? Desde el momento en que no comparten, ni de lejos, el sentido de la vida, tal vez ni lo intenten. A no ser, claro, que sean padre e hija, como es el caso de los protagonistas de Toni Erdmann. Entonces se tendría lista una historia perfecta de incomunicación familiar, género eterno que se repite generación tras generación bajo una misma circunstancia: a la familia no solemos elegirla, aunque casi siempre solemos quererla.

Ines (Sandra Hüller) se considera una pieza valiosísima dentro del engranaje empresarial y moral del capitalismo, si bien tiene que luchar día a día para que la vean como tal, ya que los hombres que tiene a su alrededor copan el poder y la influencia. Y tampoco le importa hacer neutra su condición de mujer. Preocupado por cómo le van las cosas a su hija y ante la imposibilidad de comunicarse con ella, Wilfred (Peter Simonischek) decide ayudarla e inventa al estrafalario Toni Erdmann, una parodia de los coach y consultores que pueblan el mundo al que pertenece Ines, diametralmente opuesto al paterno y producto de los tiempos actuales. La Operación Rescate por parte de este profesor de música alemán tiene lugar en Bucarest, ciudad donde reside la ejecutiva y se evidencian bien los contrastes contemporáneos entre riqueza y pobreza. La misión consiste en hacerle ver a Ines, apareciendo por sorpresa en los lugares de trabajo y ocio de la ejecutiva, que existen la alegría y el humanismo, que hay otras perspectivas frente a la economía feroz.

La directora Maren Ade concibe su comedia (o algo que se le parece) y el sentido de la emotividad pretendiendo con particular ahínco que en ningún momento el argumento “papá al rescate” resulte convencional, algo que, por otra parte, no deja un poco de serlo. Dicho afán de distinción conlleva el amontonamiento de particularidades o situaciones extravagantes. A veces engarzan bien con la premisa. Por ejemplo, están logradísimos los hitos de la historia, como las diferentes apariciones de Erdmann o la capital fiesta nudista durante el desenlace. Funcionan bastante menos lo adyacente, alguna escena donde es complicado encajar el sentido —véase aquella que culmina con la ingesta de un pastelito particularmente condimentado– y una dilatación secuencial no siempre sustanciosa. Asimismo, buena parte del componente crítico parece fórmula y producto de un turismo cinematográfico por las tierras del “nuevo cine rumano”, en lugar de auténtico viaje. Con todo, Toni Erdmann mantiene viva durante 162 minutos la llama del conflicto entre padre e hija. Ade muestra hasta el último momento lealtad artística hacia sus dos personajes, independientemente de a quién prefiera el público. Al final, se resuelven las dudas. ¿Llevaba Ines también un disfraz? ¿O será que cada uno de nosotros es como es?


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TONI ERDMANN

Dirección: Maren Ade.

Intérpretes: Sandra Hüller, Peter Simonischek, Michael Wintterborn, Thomas Loibl, Trystan Pütter.

Género: comedia dramática. Alemania, 2016.

Duración: 162 minutos.

 


 

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