Del techo de cristal a la luna


Tomando de base el libro de mismo título publicado en 2016 (editado en España por HarperCollins), Figuras ocultas se presenta ante el público con el sano propósito de reivindicar el papel, no muy conocido, de las mujeres negras que trabajaron en la NASA como calculadoras humanas en los años de la carrera espacial. La publicación representa la primera incursión literaria de su autora, la afroamericana Margot Lee Shetterly, cuyo padre fue, precisamente, investigador científico en el mismo centro en el que se desarrolla la historia, el de Hampton (Virginia). Libro y película cuentan los prolegómenos de la puesta en órbita del astronauta John Glenn, un año más tarde de que la URSS lo lograra por primera vez con Yuri Gagarin. La lucha contra esa superioridad soviética es, lógicamente, ineludible en la historia, pero en la adaptación a la gran pantalla adquiere una chocante relevancia: el tema de la competición, no solo frente a la superpotencia dirigida en aquel entonces por Jrushchov, organiza medularmente una película en apariencia inofensiva, y sin embargo con implicaciones bastante problemáticas.

“Siempre he sabido lo importante que es ser la número uno”, o “Prefiero conseguir que me respeten por mi trabajo que gritando en la calle”, son expresiones que aparecen machaconamente en esas y en otras formas a lo largo de la película. La segunda de las citas resulta especialmente siniestra, en tanto que se entiende como una obvia y desafortunada referencia a las movilizaciones de los negros en aquella época: la enuncia una de las protagonistas, tras decirle su pareja que su color de piel le impedirá llegar a ser ingeniera, y que lo que deben hacer es salir a la calle a conquistar sus derechos. No cabe duda de que, si el relato es verídico, las mujeres que ensalza Figuras ocultas poseían mentes extraordinarias, pero contar la historia de cómo se abrieron paso desde los principios de la cultura del esfuerzo y la meritocracia, a la vez que se está denunciando la segregación y la desigualdad en una sociedad racista (amén de machista), resulta, cuando menos, poco sensible. Básicamente, porque parece llevar a la errónea conclusión de que la receta para dejar de estar oprimida es dominar la astrofísica. El discurso de la película apunta, podría decirse, a esa concepción derechista del feminismo que defiende a mujeres privilegiadas (en este caso, privilegiadas intelectualmente) porque su única preocupación es el reparto neoliberal del poder.

Theodore Melfi, en un cambio de registro llamativo tras su personal debut con la tragicomedia St. Vincent (2014), dirige con buena mano una producción vistosa y muy bien ambientada, con muchos aciertos de ritmo: su inteligente resistencia a la elipsis en las largas travesías del personaje de Taraji P. Henson a los baños para gente “de color” (ese horrible eufemismo), o un clímax al borde de la hard sci-fi trepidantemente montado, son muestras de su buena factura. El realizador utiliza, de forma más o menos ingeniosa, las duplicidades, no solo con el planteamiento de la lucha de las mujeres de la película como otra carrera espacial paralela, sino a rimas escenográficas como la del episodio de Martin Luther King en Selma, contemplado en televisión como un acontecimiento espacial más. Estos aciertos conceptuales encuentran su contrapunto en un guion flojo, principalmente con problemas para dar cuerpo a la relación de amistad entre sus protagonistas, siempre percibidas como autónomas e independientes unas de otras, aunque quizá en parte por una falta de química entre las actrices. La política del relato individualista en historias sobre conquistas colectivas es, por otra parte, siempre una decisión cuestionable; aunque, por los aspectos ideológicos antes señalados, aquí sería consecuente. Queda para una futura reflexión si la rusofobia de la película (“Los rusos solo quieren ganar la carrera, nosotros tenemos verdadera curiosidad por el espacio”, asegura en una escena el director de operaciones interpretado por Kevin Costner), característica de este tipo de producciones, obedece a una razón de contexto o si el resurgir de las hostilidades geopolíticas también va a traer de vuelta al entretenimiento la retórica de Guerra Fría.


Hidden Figures Day 42


figuras-ocultas_posterFIGURAS OCULTAS 

Dirección: Theodore Melfi.

Guion: Theodore Melfi y Allison Schroeder.

Intérpretes: Taraji P. Henson, Octavia Spencer, Janelle Monáe, Kevin Costner, Kirsten Dunst, Jim Parsons, Mahersala Ali, Glen Powell.

Género: drama biográfico. Estados Unidos, 2016.

Duración: 127 minutos.

 


 

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