El cine en el destierro


No cow on the ice es el último trabajo de Eloy Domínguez Serén, con el que ha recibido la mención especial del jurado en la pasada edición del festival Márgenes. Domínguez Serén continúa desde fuera de España con el retrato de la crisis, filmando su día a día en Suecia, lugar de residencia forzada tras salir del país en busca de unas oportunidades que aquí parecían inexistentes. El director compone la narración con las imágenes que filma en el lugar de trabajo, en casa con su pareja o mientras visita la ciudad, así como con momentos de reflexión o introspección (que aparecen subtitulados, al igual que los diálogos en sueco). El objetivo está claro: describir visualmente la situación de desamparo que sufre el que se ve obligado a marcharse.

Serén cuenta su nueva vida y el aprendizaje de un nuevo idioma que le permitirá no solo comunicarse, sino también entender una forma de pensamiento distinta a la suya. Aunque también filma su incertidumbre y su hastío. El cansancio que experimenta este cineasta se trasmite a todo el conjunto, donde la desgana se apodera de la forma de rodar, como cuando deja la cámara en cualquier punto que le encuadre, mostrando a veces incluso el tanteo de la misma, o al colocarla bocabajo sin querer (aspecto formal quizá intencionado, pero que tan solo transmite apatía y desinterés y nada de experimentación visual). También el montaje respira de ese cansancio vital en que parece sumido el realizador, ya que dos de sus cortometrajes anteriores, Pettring (2013) y No novo céio (2014), se integran (el último totalmente) en la narración de No cow on  the ice , algo que le resta fluidez a la estructura del largometraje. Concebido como diario fílmico, se hace inevitable la presencia del director, quien se convierte en protagonista de una historia que parece difícil hacer extensible al resto de exiliados españoles víctimas de la crisis, aunque las condiciones sean las mismas para todos.

Quizá la insistencia en esa nueva forma de vida precaria (reflexión del autor que aparece cuando subtitula sus pensamientos) choca con la familiaridad de quienes le rodean, con el paisaje (gélido, sí, e igualmente sublime y bello) y la rapidez con que encuentra un trabajo tras el parón en una obra (trabaja en la construcción, algo que, si no es casual, le viene de perlas a la irónica situación). Y asi, se hace complicada la empatía con su situación de exiliado (algo innecesario para apreciar la obra, cierto). La frustración que más se palpa es la que procede de la imposibilidad de realizar aquello que le da sentido a la existencia de cada uno, nada que ver con el lugar de residencia. No cow on the ice es el testimonio de un director que necesita expresarse y no perder esa identidad de cineasta independientemente de la frontera que le flanquee, y esa falta de oportunidades es la verdadera denuncia que encierra el film.


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NO COW IN THE ICE

Dirección: Eloy Domínguez Serén

Género: documental. España, 2015

Duración: 63 minutos


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