Gestionando el genio 


Max Perkins: El editor de libros (1978, publicado en español por Rialp en 2016), del periodista y biógrafo A. Scott Berg, sacó a la luz a un personaje que había estado, prácticamente, en el anonimato hasta entonces. Perkins, el hombre del título, fue descubridor y editor de F. Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway y Thomas Wolfe, pero, además, en su cariño por las obras que publicaba y su enorme generosidad hacia sus autores (a los que podía dedicar años de trabajo por un único libro), se encargó con celo de permanecer personalmente siempre en un discreto segundo plano. Solo en una ocasión recibió más protagonismo del deseado: cuando Wolfe, emocionado por el esfuerzo de Perkins hacia su mamotreto de inicialmente cinco mil páginas Del tiempo y el río (1935), incluyó al comienzo de éste una dedicatoria al editor, quien la aceptó casi a regañadientes.

Aunque la figura de Perkins es, desde luego, muy interesante, no parece que el mundo de la edición de libros sea precisamente tan épico como para vertebrar una película. Un número suficiente de productores con dinero, en cualquier caso, no ha compartido tal impresión, y ahora llega a las salas españolas El editor de libros, la película sobre Perkins con Colin Firth en el papel principal. Distanciándose del género de los grandes biopics, El editor de libros no funciona a modo de recorrido por la vida de su personaje, sino que se ocupa únicamente de una etapa concreta: su amistad y colaboración con Thomas Wolfe, aquí encarnado por un Jude Law algo pasado de revoluciones. El aire academicista del proyecto y la voluntad un tanto forzada de conformar un reparto que, hace quince años, se hubiera considerado estelar (Nicole Kidman o el propio Law, claramente, han vivido épocas profesionales mejores) hacen pensar antes en un telefilme de lujo que en una película de Oscar, pero sin embargo, la competencia de todos sus implicados se impone y El editor de libros resulta estar más viva de lo que los prejuicios invitan a temer.

El debut en el cine de Michael Grandage, director y productor teatral, es un buen recordatorio de hasta qué punto un trabajo interpretativo solvente puede potenciar la emoción de un libreto aunque éste no goce, en principio, de mucho poder de seducción. Colin Firth, tan entregado como en sus mejores trabajos, llena de humanidad a su versión de Max Perkins, que sirve de corazón a una película inesperadamente intensa sobre la potencia incontrolable de la creación. Los esfuerzos de Perkins, en este sentido, por poner diques al flujo de un apasionado Wolfe forman un notable contraste con la evolución del segundo en la película, devorado por su propio genio. Entretenida, elegante y moderadamente curiosa hacia el universo literario que retrata, El editor de libros es un bonito homenaje a Perkins y sus autores, además de una interesante incursión en el eterno debate entre los artistas y quienes tienen que gestionar, a veces a contracorriente, su talento. 


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EL EDITOR DE LIBROS

Dirección: Michael Grandage. 

Guion: John Logan. 

Intérpretes: Colin Firth, Jude Law, Nicole Kidman, Laura Linney, Guy Pearce, Dominic West, Vanessa Kirby. 

Género: drama biográfico. Reino Unido, 2016. 

Duración: 104 minutos. 

 


 

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