La muerte en el paisaje 


Una abuela recuerda ante su nieto cómo, durante el bombardeo británico al puerto de Lampedusa en la Segunda Guerra Mundial, ella y otros tantos presentes contemplaban impactados el fuego en el mar. Ese “fuego en el mar” da nombre a una pieza instrumental, Fuocoammare, que escucharemos radiada unos minutos después por una emisora local. También es el título de este nuevo documental de Gianfranco Rosi, que resignifica el fuego del bombardeo con otra tragedia menos lejana: las decenas de miles de inmigrantes que han muerto ahogados, y los que lo siguen haciendo, en su tránsito del norte de África hasta la isla de Lampedusa. Tal vez una forma de aludir a otra guerra, mucho más silenciosa pero con mismo número de bajas, que se está librando cada día por omisión. O, quizás, solo una manera de evocar, como parece que hace la progresión de esa canción, una normalidad parsimoniosa contra la que la gente de a pie poco o nada puede hacer, más allá de capear sus olas ardientes. Si los compases musicales hablasen por sí solos, los de Fuocoammare sugieren espetar un resignado “Es lo que hay”.

Es muy probable que el espectador que acuda a ver Fuego en el mar con el concepto de un documental sobre las muertes en el Mediterráneo, ruta a Lampedusa, quede bastante desconcertado con su verdadero planteamiento. El último trabajo de Rosi no tiene las maneras de un documental combativo o de denuncia, si bien es tan eficaz o más que muchos de estos: en lugar de relatar los hechos como un escándalo, el director hace algo tan perturbador como integrarlos en una realidad cotidiana, como elemento absolutamente ordinario. Esta decisión, que corre el riesgo de resultar frívola, se revela a la postre como parte de un interesantísimo juego de mirada, porque Fuego en el mar acaba teniendo mucho más que ver con los lampedusanos que con el problema de la inmigración. Cuando nos enteramos de noticias tan escalofriantes como la de la desaparición, la madrugada del 19 de abril de 2015, de entre setecientas y novecientas cincuenta personas (todavía estimadas) en un naufragio, la pregunta indignada que nos hacemos es cómo puede permitir esto quien lo permite: Fuego en el mar también se pregunta cómo lidia con esta normalidad quien trata directamente con ella, cuando la mayoría, por escrúpulos, prefiere apartar la vista y seguir viviendo sin el sentimiento de culpa, el pecado original del primer mundo. Y la respuesta es que… por escrúpulos, tienen que reaccionar parecido.

El viejo miedo al mar de aquellas esposas que aguardaban inquietas el regreso de sus maridos pescadores es visto, aquí, como antecedente de una nueva realidad cortada por el mismo patrón: la simulación de que nada está ocurriendo, la mentira necesaria de que todo va bien, con un “elefante en la habitación” tan inmenso como es la posibilidad de que, en todo momento, el cementerio marítimo se esté tragando a otro más. Una mentira necesaria frente a la alternativa de sentir, hasta la arcada, la impotencia circulando por cada músculo de su cuerpo. Fuego en el mar sigue a un niño creciendo en ese entorno y haciendo travesuras de niño, a una abuela que parece guardar un luto secreto mientras apenas acierta a un “Pobrecillos…” al escuchar las noticias, un médico heroico que se reconoce incapaz de acostumbrarse a su día a día, y unos inmigrantes que consiguieron llegar, y que no tardan en adaptarse al modo de vida de Lampedusa: habiendo experimentado un absoluto trauma, prefieren divertirse y jugar al fútbol. Todas estas vivencias componen un mosaico tan enrarecido como el de la nueva Europa, en el que solo sus dirigentes parecen, de alguna manera misteriosa, capaces de sentirse cómodos. Matteo Renzi, primer ministro italiano, regaló un DVD  del documental a cada miembro del Consejo Europeo tras el Oso de Oro en Berlín: el vergonzoso acuerdo alcanzado con Turquía semanas después para frenar el flujo migratorio muestra que, entre estos líderes, también algunos, al dolor, antepusieron el fútbol. 


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FUEGO EN EL MAR

Dirección y guion: Gianfranco Rosi 

Intérpretes: Pietro Bartolo, Samuele Caruana, Samuele Pucillo, Mattias Cucina, Maria Costa, Maria Signorello 

Género: documental. Italia, 2016 

Duración: 108 minutos 

 


 

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