Cuando parecía que todo iban a ser violentas palizas y violaciones (Playground, Jesús, Que Dios nos perdoneRage…), apareció el amor. Aunque es un tema recurrente en las películas, y no ha faltado en esta semana que llevamos de festival, han coincidido en esta séptima jornada una serie de historias cuyo motor principal son las relaciones humanas relacionadas con la temática amorosa, ya sea como parejas, matrimonios o el cariño paternal. 

Puede ser algo dramático en ocasiones (American Pastoral, el debut en la dirección de Ewan McGregor, lleva al extremo el amor de un padre hacia su hija), o una ácida comedia sobre la ruptura de un matrimonio (Después de la tormenta, del maestro Kore-eda), pero por lo general es objeto de reflexión, con la finalidad de destronar los tópicos sobre el amor romántico y dejarlo, simplemente, en lo que pasa en la vida real. Es el caso de dos de las mejores películas que pudimos ver ayer, ambas en Sección Oficial y, una de ellas, con muchas papeletas para llevarse el premio gordo del festival. Hablamos de la nueva comedia ‘made by’ Hong Sang-soo, Yourself and Yours, y de lo más reciente de Jonás Trueba, La reconquista

La más cachonda: Yourself and yours

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Le llaman el Woody Allen coreano por su habilidad para los diálogos hilarantes, las películas sencillas pero profundas y una actividad profesional bastante prolífica. Sí, hay similitudes, pero Hong Sang-soo puede presumir de tener un estilo propio. Sus películas son muy reconocibles, y Yourself and Yours no es la excepción.  

El amor y las relaciones vuelven a ser los temas centrales del relato, que se compone de pequeños momentos y encuentros: conversaciones en la cama con la pareja, en el bar con un desconocido o en la barra con los amigos. Todas ellas conforman un hilo de acontecimientos que giran entorno al alcoholismo de la protagonista, que desdobla su propia personalidad en base a si está sobria o ebria. De esa forma, crea situaciones hilarantes y toma el pelo a hombres que la reconocen, alegando que tiene una hermana gemela o desorbitadas historias como esa. Esta línea de la película remite a su título, que se puede traducir como Tú misma y tú, donde ya podemos observar esta dualidad que transmite, a su vez, una cualidad egocentrista del personaje. Esa es, a fin de cuentas, su actitud frente a las relaciones de pareja, aunque avanzada la película se ponga en duda si no será más bien su pareja el que ha tirado de egoísmo al desconfiar de sus palabras y obligarla a no beber más. No hay respuestas, sólo preguntas, y ni Hong Sang-soo sabe responderlas. Pero formular las cuestiones correctas es, al final, lo más difícil. 

Lo más cuqui: Después de la tormenta

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Confirmado: Hirokazu Kore-eda tiene el título (bien merecido) de ser el director japonés más cuqui del momento. Con esta palabra no se banaliza su cine. De hecho, no es un insulto, sino una constatación. Desde que fuera padre, el cineasta se ha decantado por historias más sencillas, divertidas y esperanzadoras, como él mismo reconocía en una entrevista para la revista Caimán. Cuadernos de Cine. Con Después de la tormenta, continúa en la línea de películas que inició con Kiseki (Milagro) (2011) y continuó con maestría el año pasado con Nuestra hermana pequeña (2015), también proyectada en este festival. 

El film habla de una familia formada por un matrimonio recientemente divorciado y su hijo de once años, pero se centra particularmente en la figura del padre: un escritor frustrado tras el éxito de su primera y única novela que ahora se gasta todo el dinero que gana en las apuestas. Ryota (Hiroshi Abe) intentará encarrilar la situación y reconquistar a su exmujer y a su hijo, y para eso tendrá la ayuda del aislamiento repentino de un tifón en casa de la abuela (Kirin Kiki), posiblemente el personaje más entrañable que hemos visto estos días.

Kore-eda juega sus bazas de esta nueva etapa (el sentido del humor, la importancia de la familia, los personajes ingenuos) y deja muy atrás los dramas más crudos como Nadie sabe (2004). En esta nueva película analiza la vida cotidiana con extrema sensibilidad y acierta, sobre todo, con unos diálogos mordaces y orgánicos. Toda una delicia de película que, sin embargo, peca en algunos momentos de convencionalismo argumental, esto es, de caer en algún que otro tópico respecto a los divorcios. Pero, qué caray, a Kore-eda se lo perdonamos. 

Huele a Concha de Oro: La reconquista

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Lo nuevo de Jonás Trueba huele a Concha de Oro, aunque quizás la polarización de opiniones que ha suscitado estos días en San Sebastián la alejen de un premio que, por lo general, intenta no estorbar demasiado a nadie. Sin embargo, con La reconquista, el joven cineasta tira de influencias cinematográficas y de complejidad emocional para crear una películas que esconde más reflexiones y maestría de la que podría parecer a simple vista.

No es una película de amor, es una película de relaciones. Por supuesto, ambos conceptos caminan de la mano, o así deberían hacerlo, pero lo que Trueba está construyendo en el film es una reflexión inteligente e inconformista sobre qué significa el deseo, el recuerdo, el enamoramiento o el azar en los temas de pareja. En el film, Manuela (Itsaso Arana) y Olmo (Francesco Carril) quedan para tomar algo después de años sin verse. Ambos fueron pareja a los 16 años, cuando aún iban al instituto. Mientras conversan, beben y se ríen se palpa entre ellos esa conexión del primer amor, esa chispa que nunca se apaga pero que nunca prospera. El cineasta tira de minimalismo estético para crear una historia de amor tan compleja como realista, en la que sus personajes son esclavos de las emociones y los recuerdos pero nunca de las convenciones sociales. Hay una naturalidad orgánica en cada plano, en cada secuencia, que convierten a la película en un paseo por las intrigantes incógnitas del anhelo emocional.

Con luces rojas y azules en el interior de un concierto, una simbología que se repite en los diferentes carteles promocionales del film, Trueba separa dos personalidades distintas que una vez caminaron de la mano, y que ahora sólo son una anécdota de lo que eran. Con una primera parte brillante, con gran presencia de la música y la noche madrileña, y una segunda parte algo más floja centrada en un largo flashback, La reconquista convence y enamora, se arriesga y engancha, y nos recuerda al mejor mundo naif (pero profundo) de los amoríos de la Nouvelle Vague 

El debut más flojo: American Pastoral

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El debut en la dirección de Ewan McGregor ha tenido un referente excepcional: la novela American Pastoral de Philip Roth, ganadora del Pulitzer en 1997, que se introduce en una época convulsa de la historia de los Estados Unidos, los años sesenta, un momento de revolución, anti-racismo y guerras extranjeras. En ese contexto, McGregor asume la dirección y papel protagonista, dos roles en los que aprueba por los pelos y con los que no consigue convencer a la crítica. 

El film cuenta la historia de una familia peculiar: un padre que triunfó en el deporte y, posteriormente, en el mundo empresarial, una madre que se coronó Miss Nueva Jersey y una hija, eje del relato, que debido a su tartamudez y a diversos complejos relacionados con las conquistas de sus padres desarrolla una serie de traumas que serán el germen de los acontecimientos que están por suceder. Esta historia familiar sirve de hilo conductor para un libro que hablaba, en su esencia, de una década de cambio de generación, ideales y anhelos norteamericanos. Una época en que se perdió el idílico Sueño Americano, que representan los padres (Jennifer Connelly y el propio McGregor), y entraron en conflicto diferentes maneras de entender el mundo. El film contiene inevitablemente este mensaje que tanto impactó a finales de los noventa de la mano del aclamado Roth, pero es evidente que la decisión del director ha sido centrarse más en el conflicto familiar que generacional, convirtiendo la historia en un drama algo subido de tono y, desde luego, poco reflexivo.

 

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