Una planificación de vida

Santiago Alonso 



Cuando la hélice de un avión abre un boquete en el salón de casa y arruina el gran mural organizador ㅡtiene centenares de piececillas, con múltiples e incomprensibles tareas marcadas para afrontar adecuadamente el mundo adultoㅡ que su madre ha colgado a modo de guía y control, una chavalilla ve cómo en tan solo diez segundos vuela por los aires la planificación que habían hecho de su vida, una arquitectura proyectada para
la inhibir la felicidad y fijar una mentalidad cuadriculada. ¿El principito? Conviene advertirlo desde el inicio: este filme de animación que ha realizado Mark Osborne (Kung Fu Panda) junto con su equipo no es una adaptación, sino un largo que desdobla su naturaleza en un par de posibilidades que toman como base la obra de Antoine de Saint-Exupéry. A la vez, la glosa y la continuación.

Durante dos tercios de los 108 minutos totales asistimos a un interesantísimo y robusto juego narrativo donde se elabora la historia que tiene por protagonista a la pequeña, cuando esta empieza a entablar amistad con su vecino, un viejete algo chiflado ㅡy en quien adivinamos al adulto que se topó con el principito en el Sáharaㅡ, mientras lee poco a poco el mítico librito. Las secuencias como la arriba descrita denotan brillantez; el diseño de algunos personajes es fantástico, al igual que la alternancia entre la animación digital y el hermosísimo stop motion, empleando figuras de papel, en los momentos en que se recrean las escenas de la obra glosada, si bien esta técnica ocupa muy pocos minutos del total.

Al llegar el último acto, sin embargo, la película emprende un camino que no acaba particularmente bien: retoma la historia imaginada por autor francés, ignorando, además, el «escribidme en seguida, decidme que el principito ha vuelto…» que ponía fin a las páginas del original literario. Hasta ese momento todo se había amoldado a la sensibilidad y, en cierto modo, a la cadencia de la pieza literaria, pero los creadores encienden de repente el parque de atracciones y las pulsaciones cobran un ritmo vitaminado (o, ejem, dopado). Por mucho que las ultimas secuencias se trufen con diálogos que tratan por arriba y por abajo de lo esencial, verbalizando sin parar el concepto, la asunción de modelos como Dark City (Alex Proyas, 1998) o cualquier aventura de Spielberg se da palmariamente de bruces con la esencialidad que propugnó Saint-Exupéry.


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EL PRINCIPITO

Dirección: Mark Osborne.

Género: animación, aventuras, drama. Francia 2015.

Duración: 108 minutos.

 


 

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