Dignidad en la huida


La Segunda Guerra Mundial es fuente inagotable de historias por lo inabarcable del conflicto tanto territorial como emocionalmente. Las producciones francesas sobre el conflicto destacan por reflejar puntos de vista bastante arriesgados, como es el caso de Amen (2002) de Costa-Gavras, obra con la que el director griego inició su fructífera relación con el guionista Jean-Claude Grumberg, donde se trata la opinión de la curia vaticana en relación con el genocidio; Monsier Batignole (2001) de Gérard Jugnot, en la que se incide en la existencia de un gran número de franceses que colaboraron con el régimen nazi; o el documental Shoah (1985) de Claude Lanzmann, en el que la extrema desnudez de los testimonios y cada pequeño detalle no solo son elocuentes sino también reveladores.  

En el caso de Mayo de 1940, a diferencia de las películas anteriormente citadas, no se desvelan cuestiones peliagudas o encubiertas. Sin embargo, la pertinencia de una película sobre personas que se ven obligadas a “dejarlo todo para vivir en otra parte” es evidente. Esta es la cuarta película del director francés Christian Carion y guarda una profunda relación con sus anteriores trabajos. La conexión con La chica de París (2001), su primer largometraje, se halla en la descriptiva representación del entorno rural que ambas comparten; además significa el reencuentro del director con Mathilde Seigner, protagonista de su ópera prima, que en su nuevo proyecto interpreta a la resuelta esposa del alcalde. Por otra parte, con sus siguientes creaciones Feliz Navidad (2005) y El caso Farewell (2009) comparte la ambientación histórica y un particular gusto por los repartos que aglutinan distintas nacionalidades. En aquellas contaba con las interpretaciones de Diane Kruger, Gary Lewis, Daniel Brühl, Guillaume Canet, Emir Kusturica, Alexandra Maria Lara o Ingeborga Dapkunaite. Mayo de 1940, por su parte, también reúne actores de diversas procedencias pues narra la historia de los habitantes de un pequeño pueblo del norte de Francia que se ven obligados a huir de la costa en busca de una posible protección estatal en los pueblos del sur. Inician el viaje liderados por su alcalde, Olivier Goumet y llevan consigo a un niño de ocho años, Max, cuyo padre es un disidente alemán, August Diehl, que tras conseguir salir de la cárcel en medio del caos de la invasión germánica, inicia la búsqueda de su hijo acompañado de un oficial escocés, Matthew Rhys, que ha perdido a todos sus hombres en la batalla. Franceses, alemanes y británicos enfrentados en una contienda mundial.

Sin embargo el conflicto no es más que un telón de fondo. Este último trabajo de Carion es un homenaje a los ocho millones de desplazados franceses ante la invasión alemana. El director francés nos hace testigos de cómo las familias, en su éxodo, iban dejando mensajes en los muros de las casas con la esperanza de mantener el contacto con sus familiares o cómo los comerciantes de estas poblaciones de paso aprovechaban el momento para inflar los precios de sus productos. Al hilo de esto último, es relevante observar el reflejo que Carion hace de la talla de la sociedad francesa en cuanto a sus valores cívicos, materializados en la figura del alcalde, que procura siempre mantener un cierto orden y honrar los principios de la república. Así, en la tienda de precios abusivos, argumenta ante sus propietarios que si pueden vender sus productos es gracias a la red de transporte y energía que ha sido financiada por todos los contribuyentes a través de los impuestos, demostrando lo despreciable que resulta sacar provecho de ello.

A medida que la trama avanza nos damos cuenta que estas vivencias personales de los exiliados son las verdaderas protagonistas de la obra. La historia está repleta de un realismo que se debe, sin duda, a un excepcional trabajo de recopilación de testimonios. Sin embargo, esta verosimilitud de la que se impregna toda la narración se desvanece en ciertas ocasiones debido a decisiones de cámara que nos hacen conscientes de la construcción del relato, al ocultarnos información de la acción, y al añadir un sentimentalismo exagerado. Este es el caso del fragmento de los dos soldados alemanes que llegan al pueblo y a los que les asusta luchar y, sobre todo, de la escena en la que la maestra pide a todo el grupo de peregrinos que tomen otro camino para continuar su viaje. A pesar de estos momentos de afectación, cabe destacar la belleza de las imágenes de los panzer alemanes avanzando por los campos de trigo como símbolo definitivo de la derrota y la desesperanza; al igual que el uso de la filmación por parte del teniente alemán como recurso de completa humillación, al transformar en espectáculo el sometimiento de la población francesa.

Christian Carion no se embarca hacia lo desconocido, sino todo lo contrario, en su tercer proyecto histórico consecutivo vuelve a sus raíces, a los territorios del norte de Francia, donde nació y creció. El plano final, como tantos otros en la película, tiene como escenario un camino, donde quedan las huellas de la dignidad de aquellos que abandonaron sus hogares sin más certeza que la profunda confianza de los unos en los otros.


foto6_mayo_de_1940


cartel_mayo_de_1940

 

MAYO DE 1940 (En mai, fais ce qu’il te plaît)

Dirección: Christian Carion

Guión: Andrew Bampfield, Christian Carion y Laure Irmann

Género: Drama histórico. Francia, 2015

Duración: 114 minutos


1 Comentario »

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.