Primera línea de fuego


El trabajo de una fotógrafa de guerra cuyos trastornos acabaron por conducirle al suicidio sirve al noruego Joachim Trier, en su tercer largometraje, de eje para articular un melodrama sobre otra forma de conflicto: el aislamiento emocional al que se ven sometidos todos los miembros de su entorno más inmediato, que Trier registra a la visceral manera también de un reportero en un ambiente extremo. Primo lejano del mismísimo Lars von Trier, el joven director debutó hace diez años con un trabajo estupendo que, sin embargo, apenas contó con distribución fuera de sus fronteras: Reprise (2006), dura reflexión sobre el tránsito a la madurez y la incapacidad de hacer frente a las expectativas propias. Sí tuvo más suerte Oslo, 31 de agosto (2011), otra complicadísima crónica sobre la pérdida del tren vital, siguiendo los pasos de un ex-yonqui que recibe un día de permiso en su clínica de desintoxicación para acudir a Oslo a una entrevista de trabajo. Ambas con el rostro del actor Anders Danielsen Lie, las dos películas podían leerse como un radical díptico sobre la pasión, una desde el lado del desbordamiento y la otra desde la ausencia absoluta.  

El amor es más fuerte que las bombas es el primer trabajo de Trier en lengua inglesa, y también el más ambicioso hasta la fecha. En esta ocasión, el noruego parece haberse interesado en ese estilo de nuevo melodrama escandinavo de emociones a flor de piel, narrando en un formato coral la crisis experimentada por unas personas a las que parece habérseles olvidado cómo era de verdad vivir y cómo era de verdad sentir: a un lado, el viudo de la fotógrafa, que trata de reactivar su vida sexual y amorosa; a otro, los huérfanos, uno incapaz de entenderse con el exterior y otro que acaba de ser padre y no sabe adaptarse a su nueva dinámica. También se narra la historia de la fotógrafa, cuya estancia en zonas de destrucción parece haberle determinado a vivir para siempre en los no-lugares.

Se trata de una obra compleja que, para ser honestos, cuesta mucho reseñar con justicia después de un visionado: Joachim Trier ha armado su película a la manera de esas novelas que combinan distintas técnicas narrativas para ofrecer un caleidoscopio fidedigno de su conflicto. Onirismo, episodios disfrazados de ligeros en los márgenes de la trama (la partida de Skyrim), multiplicidad de puntos de vista, momentos de improbable poesía cotidiana (el chorro de pis) y algunas malévolas sugerencias al pie –la sutilísima manera que tiene de hacernos saber, por lo bajinis, la mentira sobre la que se sustenta un affaire– componen un trabajo bastante inabarcable al primer vistazo, cuya desmesura formal y narrativa por momentos le dificultan fluir, pero que en conjunto lo hacen fascinante, rotundo. La película de un cineasta con mayúsculas dispuesto a jugarse el tipo en cada plano.


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EL AMOR ES MÁS FUERTE QUE LAS BOMBAS

Director: Joachim Trier

Guion: Joachim Trier y Eskil Vogt

Intérpretes: Gabriel Byrne, Jesse Eisenberg, Devin Druid, Isabelle Hupert, David Strathairn, Amy Ryan, Rachel Brosnahan

Género: drama. Noruega, 2015

Duración: 105 minutos

 


 

 

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