Despedimos y cerramos la octava edición del Festival de Cine Italiano de Madrid con una jornada final algo más relajada, algo que se agradece después de tantos días, y muchas ganas de volver el año que viene. El cortometraje que abrió por última vez el fuego fue también, a ojos del jurado, el mejor de la competición: La valigia (Pier Paolo Paganelli, 2014), inmersión en el Alzheimer en formato stop-motion, se alzó como vencedor de plena justicia gracias a su sensible acercamiento a la enfermedad desde una perspectiva inusual –la frágil mente del anciano– y a través de una apuesta formal arrebatadora. Paganelli, que acudió a presentar la película y después a recoger el premio acompañado del muñeco protagonista, entona un canto a la pervivencia de la memoria y la identidad invocando los recuerdos del enfermo a la manera de un subconsciente desbocado (y animado con virtuosismo), y obteniendo como resultado un trabajo que emociona sin necesidad de echar mano a argucias dramáticas.

Immagine copertina copyright FedericoSchlatter

Viendo el documental Torn (Strappati) (Alessandro Gassman, 2015) uno puede acordarse de una de las grandes películas estrenadas este año, Silvered Water, Syria Self-Portrait (Wiam Bedirxan y Ossama Mohammed, 2014), que se proponía capturar el estallido de la guerra de Siria mediante vídeos caseros hilados por dos voces separadas a la manera de Hiroshima, mon amour (Alain Resnais, 1959), en homenaje a un hombre que uno de los directores encontró muerto poco después de haber charlado con él tras una proyección de dicha película. Silvered Water, Syria Self-Portrait planteaba la muy incómoda cuestión de la posibilidad de hacer arte utilizando como base una realidad tan devastadora como es la de los cientos de miles de personas que han perdido la vida en el conflicto, y sobre esta idea se levanta también Torn (Strappati), un documental más estándar que entrevista a artistas huidos de Siria y reseña los trabajos que estos han realizado después, si bien una amplia mayoría confiesa tener suficientes problemas para conciliar el sueño como para dedicarse a expresar sus tormentos. Este tipo de proyectos son importantes para visibilizar la situación de los cuatro millones de refugiados sirios en el mundo, si bien hay que reconocer que el documental acaba sabiendo a poco, tal vez porque su formato breve no es el adecuado para un tema con tantas capas. Interesante a su vez el diálogo que establece con otro de los documentales de la sección, La poesia spezzata (Mary Mirka Milo, 2014), sobre la aniquilación de la sensibilidad en tiempos de guerra.

Tras la entrega de premios, la película sobre la que recayó el honor de cerrar el certamen fue Monitor (Alessio Lauria, 2015), ganadora del premio Solinas Experimenta. Realizada con un presupuesto ínfimo, Monitor es una película de ciencia-ficción ambientada en un presente paralelo y que sitúa su acción en el corazón de una gran empresa con prácticamente una ciudad propia para sus trabajadores, y una figura encargada de escuchar y controlar las idas y venidas emocionales de éstos: el Monitor. Con un desarrollo intrigante y una dirección sofisticada, la película acaba sabiendo a poco cuando se desvela el truco de guion en el que se apoyaba, y la tibia resolución de su historia de amor –con mensaje final de autoayuda incluido– , termina por tirar por tierra la propuesta, muy bien envuelta, pero sin gran cosa dentro. 

MONITOR 05


Web del FESTIVAL DE CINE ITALIANO


 

 

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