Sorteando el compromiso


Adaptación de una exitosa novela de Jesse Andrews, encargado a su vez del guion, Yo, él y Raquel llega a España precedida de un éxito indiscutible en el festival más importante del cine independiente, Sundance, donde se alzó nada menos que con los premios del Jurado y del Público. Lo primero que llama la atención de la película –sin que esto tenga, de entrada, nada de malo– son sus nada desdeñables deudas con el cine de Michel Gondry, uno de los grandes Kahuna del audiovisual alternativo cuyos últimos trabajos, no obstante (y resultando esto bastante revelador), no parecen haber interesado tanto pese a su condición furibundamente kamikaze; a saber, la inédita en España hasta el pasado junio Nosotros y yo (2012), la adaptación de todo un Boris Vian La espuma de los días (2013) o el documental Is the man who is tall happy? (2013), con… ¡Noam Chomsky en dibujos animados! En Yo, él y Raquel aparece el motivo de las películas suecadas sobre el que se vertebraba Rebobine, por favor (2008) –donde un fenómeno electromagnético borraba todos los VHS de un videoclub, obligando a sus regentes Jack Black y Mos Def a grabar versiones alternativas–, y se explota sin mucha conmiseración el hallazgo formal puramente gondriano de deslocalizar la acción recurrentemente a un mundo stop-motion para reflejar el interior de los personajes; así como, puestos a establecer paralelismos, también la temática de la imaginación luchando contra la enfermedad (aquí, el cáncer de la chica del título) se encontraba en La ciencia del sueño (2006).

En realidad, todo esto son solo semejanzas superficiales, y lo más probable es que, de haberse parecido realmente al cine de Michel Gondry, Yo, él y Raquel no hubiera obtenido ninguno de esos reconocimientos. En su prólogo, la voz en off del adolescente protagonista relata sus intentos de llevarse bien con las distintas tribus de su instituto aprendiendo jergas y saludos: involuntariamente, Andrews y el director Alfonso Gomez-Rejon dan aquí una idea que, de hecho, retrata estupendamente su propia estrategia, basada en modos y conceptos de otros autores que, como Gondry, o como ese Werner Herzog al borde de la locura de Burden of Dreams (1982, Les Blank) que tanta gracia hace al protagonista, arriesgaban y se implicaban mucho más en cada decisión artística, aunque en algunos casos esto supusiera jugarse el tipo o renunciar a toda opción de ser aplaudidos unánimemente.

La resultona realización de Gomez-Rejon, llena de gimmicks visuales, o el desparpajo de su actor Thomas Mann son loables, pero apenas ejercen de populista cortina de humo frente al hecho de que Yo, él y Raquel, en el afán de afirmarse una idiosincrasia, se parece bastante a los dramas adolescentes de manual de los que deshonestamente simula distanciarse. Un último acto forzado, que obliga a inventar y resolver dos conflictos absurdos entre personajes por un mero trámite de estructura, termina por diluir el aparente encanto de una propuesta, como su protagonista, tan preocupada por gustar con sus ocurrencias y sus referencias geniales que se olvida de tener identidad.


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Yo, Él y Raquel_PosterYO, ÉL Y RAQUEL

Director: Alfonso Gomez-Rejon

Guion: Jesse Andrews

Intérpretes: Thomas Mann, Olivia Cooke, RJ Cyler, Nick Offerman, Connie Britton, Molly Shannon

Género: comedia dramática, 2015. Estados Unidos

Duración: 105 minutos

 


 

 

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