El espectador de una película no es muy diferente de quien -si bien de forma transitoria- adopta cualquier otro papel en la vida, y lo interpreta: el actor que aparece en pantalla, o el juez que dicta una sentencia, o el amante que espera -sin él saberlo- que le hagan creer que seduce; todos actúan por contagio de unos a otros. Contagiar, ser contagiados, no es lo mismo que el ejercicio del poder o el afán de influir: puede que el contagio sea uno de los modos más auténticos de estar en el mundo. Aquello que uno contagia, o que le contagian, no son virus, claro está, aunque su comportamiento es parecido: a veces mentiras que, al pasar a ser materia que incorporamos a nuestras personas, dejan al punto de serlo y cobran carta de naturaleza. Casi nunca termina nuestra necesidad de escuchar o de ser escuchados: los papeles de quien habla y de quien escucha continuamente se alternan, y cambian, y cambiamos nosotros; y sustituimos a otros en la vida y siempre somos al final, más tarde o más temprano, por otros sustituidos: en las butacas del cine y en la memoria.

En el momento del contagio creemos estar ocupados en algo; creemos que estamos haciendo lo que sea y con ello contribuyendo a la construcción de nuestra vida (prepararse el desayuno, responder a ese e-mail, buscar el sueño al final del día) y cuando nos cansamos de esa realidad deseamos distraernos y que nos distraigan, que nos hagan creer por unas horas que existen otras realidades, y otras vidas y otras historias, y que saliendo de las nuestras habitamos temporalmente en ellas. Y en los ratos de distracción resulta que también estamos ocupados, sin caer en que lo estamos, porque la ocupación y la distracción se suceden la una a la otra, o son más bien las dos caras de la misma moneda; y el hacer y el contemplar, o el ver una película y pensar en ella cuando la hemos visto son otras metáforas del moverse y del pararse, del mirar y del ignorar, del llegar y del irse en que se nos pasa la vida, sin saber cuándo es una cosa y cuándo es otra porque en el fondo son todas la misma.

No es posible no hacer: la no acción también es una forma de acción y, como ella, inevitablemente genera sus efectos en cadena. Y decidimos no ver una película, y hemos decidido reservar tiempo para hacer algo, lo que sea, que acabará por cansarnos y que nos llevará a buscar distracción y reposo viendo quizás una película; y cuando nos distraemos viéndola siempre somos contagiados: incluso si no nos interesa nada, la experiencia contiene una enseñanza al señalarnos el camino de aquello que realmente nos interesa. El hallazgo y la pérdida, el triunfo y el fracaso, son relativos; y aquello a lo que consideramos buen o mal cine, o fealdad y belleza, revelaciones cifradas de nuestro más íntimo yo: tan distinto a cualquier otro, tan único… y tan idéntico al resto.


( pincha para ver la fotografía)

'FullMoon2010' - Gregory H. Revera [ C. C. A.-Share Alike 3.0]
‘FullMoon2010’ – Gregory H. Revera [ C. C. A.-Share Alike 3.0]

 

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