La jornada de las víctimas


Ante Solo el viento el espectador tragará saliva del mismo modo que le sucede al lector que tiene entre las manos la novela A sangre fría. Si al abrir el libro ya sabemos algo, por su fama o la información detallada en la contraportada, sobre los brutales escenarios donde nos disponemos a entrar, la cortinilla explicativa que abre la película avisa a las claras de los sucesos ante los que estamos a punto de situarnos y su horrendo desenlace. Porque el director y guionista Benedek Fliegauf recurre a algo muy parecido a las técnicas de la no ficción que precisamente uso Truman Capote en su obra. En su caso lo hace adosando la cámara a las espaldas de las personas, caminando junto a los pies de aquellos que dan sus primeros pasos al salir de casa, documentando cada momento de una jornada cualquiera (que no lo será) de las víctimas del crimen.

En la segunda mitad de la década pasada una ola de odio racial, con la comunidad gitana como principal objetivo, azotó Hungría, un estado donde ha renacido en modo notorio la ultraderecha durante los últimos años y que, según vamos viendo en las noticias, deja clara constancia de un progresivo alejamiento del modelo democrático dentro del escenario europeo. El terror dejó datos terribles: asaltos, cócteles molotov, tiros disparados, ejecuciones… Tuvo cierta repercusión mediática, pero no tanta fuera de sus fronteras como hubiera debido tener, por lo que Fliegauf se propone dar luz y elabora la reconstrucción ficticia de las horas previas de lo que hubiera podido ser cualquiera de esos ataques.

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Más que el nervio del cronista de sucesos, a Fliegauf le mueve el aliento de un periodista exhaustivo. Recoge hasta la obsesión los gestos, las miradas y los desplazamientos, por la única y poderosa razón que pertenecen a cualquier ser humano. Al realizador no le interesa ahora el análisis de la conducta de los asesinos, sus discursos o la preparación de sus acciones, aunque deslice detalles que desde luego no carecen de significado. Su labor se centra en cubrir la pantalla con el azogue que la transforme en espejo, y que todos nos reconozcamos a través de ciertos reflejos.

Aquí no se engaña a nadie. Ni en el fondo, ni en la forma. Las reglas están fijadas desde el principio. Al espectador le queda decidir si entrar en los movimientos de la danza. Decidir si pasarlo mal y no desviar la vista de las víctimas de los fanatismos, o pensar todavía que aquel ruido que se oye a veces en la profundidad de la noche sigue siendo solo el viento.


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SOLO EL VIENTO

Dirección: Benedek Fliegauf

Intérpretes: Lajos Sárkány, Katalin Toldi, Gyöngyi Lendvai

Género: drama.Hungría, 2012

Duración: 98 min.

Oso de Plata – Gran Premio del Jurado, Berlín 2012


(Fotografías: Vértigo films) 


 rep.

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