Los Dardenne y la dignidad todavía

Santiago Alonso 


Vuelven los Dardenne y sobre el estreno de su nueva película han planeado un poco los interrogantes. Quizá guarde relación con la presencia de Marion Cotillard, toda una estrella ya internacional, o con las incógnitas respecto a los posibles cambios que pueda tomar (o no) una práctica cinematográfica tan bien definida a lo largo de una decena de títulos rodados durante los últimos quince años. ¿Variará en algo la fórmula que ha resultado una de las mejores dentro del cine social y ético europeo? ¿Percibirá el espectador agotamiento en el modus operandi sin trampa de los Dardenne? ¿Empleará ese trabajo con la cámara tan característico la misma elocuencia de siempre? ¿Permanecerá la mirada insistente todavía a un palmo de los ciudadanos pertenecientes a las zonas de sombra de un Viejísimo Continente supuestamente privilegiado? ¿Dicha mirada hará alguna concesión? Y, por último, ¿señalará un antes y un después en la filmografía de los belgas el hecho de contar con un rostro tan famoso?

A todas las preguntas, el filme responde: los hermanos siguen siendo ellos mismos, y sí, Dos días, una noche no deja de ser para bien ¡para muy bien! una película de los Dardenne, como cualquier otra hasta el momento. Hay en ella, eso seguro, una voluntad de ampliar los intereses y las temáticas, también de jugar con los formatos narrativos, circunstancias que ya se percibían en las esplendidas El silencio de Lorna (2009) y El niño de la bicicleta (2011). Es decir, los realizadores exploran con el objetivo de mantener operativas las aptitudes marca de la casa, pues lo que les ha movido siempre ha sido el compromiso con su ética artística y política. No suena a contradicción; muy al contrario.

Los cineastas cuentan el fin de semana que vive Sandra, madre, esposa y trabajadora en una pequeña fábrica. La empresa le comunica el despido tras un periodo de baja por depresión. El jefe planteó el voto entre el resto de compañeros a fin de tomar una decisión: si ella se quedaba, perdían una paga extraordinaria que asciende a mil euros. Una cosa u otra. La mayoría eligió mantener latwodaysonenight5 (1024x682) paga, pero el viernes previo al lunes del despido, cuando la protagonista se entera de todo, el jefe decide que se va a repetir la votación. Sandra tiene por delante dos días, durante los cuales se propone visitar y pedir comprensión a dieciséis personas diferentes, a dieciséis trabajadores con tantos problemas y tanto miedo como ella a quedar al desamparo en un mundo laboral canalla. Un sábado y un domingo a la desesperada. Un fin de semana a contrarreloj que incrementará la angustia y la fragilidad interna de la joven.

Dos días, una noche despliega así su estructura. Encuentro, incomodidad mutua, petición, apoyo o no apoyo. Lo mismo, repetidas veces; Sandra ante un compañero, ante otro, ante otro más. Encontrarse un esquema tan marcado desde el inicio constituye la novedad, la primera diferencia respecto a títulos anteriores, aunque el sentido dramático de dicha estrategia, de inteligentísima efectividad, se adecua impecablemente al planteamiento que proponen los Dardenne: acercar la cámara a los individuos abocados a la precarización de la dignidad y al abandono de cualquier gesto que implique solidaridad y, al mismo tiempo, a las posibilidades del colectivo entendido como espacio para el impulso participativo. Excepto, quizás, por un par de momentos concretos que rozan la poca verosimilitud, la maniobra funciona. Y cómo lo hace.

Desde luego, hallar aquí a Cotillard no implica otra circunstancia que la de haber sido elegida por sus capacidades inyterpretativas más que contrastadas. Y sí, Jean-Pierre y Luc Dardenne vuelven a demostrar, otra vez, su mano maestra para el arte de poner a funcionar la Cámara que Cuenta. Si obras anteriores dejaron en la memoria de todos, la ejecución de planos secuencia que contenían a duras penas la amargura de vivir, la destreza natural en el fuera de campo y la sacudidas que propician las elipsis salvajes, la táctica visual que recorre Dos días, una noche está construida mediante unas composiciones de planos dentro de los que se parcela siempre y rigurosamente por separado a Sandra y a sus interlocutores. Eso sí, excepto cuando los apoyos rompen las líneas divisorias, aparte del plano colectivo tras la votación, al final, donde no hay barreras y se abre un espacio humano que ni siquiera un formato panorámico podría abarcar.


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DOS DÍAS, UNA NOCHE

Dirección: Jean-Pierre y Luc Dardenne.

Intérpretes: Marion Cotillard, Fabrizio Rongione, Christelle Cornil, Oliver Gourmet.

Género: drama. Bélgica, Francia, 2014.

Duración: 95 minutos.


 

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