El río que no nos lleva (pero sí nos ahoga)

Santiago Alonso 


En los tres primeros minutos de Wendy & Lucy (2008), el cuarto largometraje de Kelly Reichardt, aparecen concentrados una parte importante del estilo, el discurso y el desvelo moral que caracterizan a una gran cineasta que ha sabido renovar con sello propio el minimalismo expresivo, la narración contemplativa y hasta ciertos presupuestos neorrealistas. Primero vemos unos planos de lentos trenes de mercancías y, después, a una chica y su perra, que atraviesan un bosque. Un trávelin las sigue de lejos, hasta que con planos sucesivos cada vez más cerrados, la cámara se acerca más a ella. Inmediatamente se hace de noche y la perra llega hasta un corrillo donde, a la luz y el calor de una fogata, se reúnen unos hobos del siglo XXI. Y en la conversación que entabla la chica con ellos descubrimos que, a su modo, también es una vagabunda que recorre los caminos secundarios estadounidenses buscando trabajo temporal y, quizás, una meta que por fin resulte definitiva.

Curiosamente, First Cow comienza de una manera bastante similar. En lugar de trenes, surge una inmensa embarcación de carga que pasa de izquierda a derecha de la pantalla, recorriendo un río, mientras que otra chica y su perro, durante el paseo tranquilo por el bosque, hacen esta vez un descubrimiento macabro que nos llevará a dar un salto hacia atrás de casi tres siglos. Reichardt nos trasporta así, filmando una especie de wéstern, a la historia de su país y a su mitología fundacional, algo que ya hizo en Meek’s Cutoff (2010). Si en aquel largometraje retomó la figura de los colonos que recorrían llanuras desconocidas para el hombre blanco, ahora les toca el turno a los tramperos que sobrevivían en frondosidades también vírgenes y buscaban su hueco dentro de la nueva sociedad, organizada en torno al dinero. Y decimos una especie de wéstern porque hay mucho más de aire documental y de reconstrucción de una mirada antropológica sobre la época y sus gentes, que del género que asociamos como espectadores desde que el cine es cine. En ese sentido, con todas las diferencias argumentales y estéticas, recuerda a Dead Man de Jim Jarmusch, y posiblemente haya un guiño cinéfilo aprovechando la cita que se incluye de William Blake, recordemos, el excelso poeta que propugnaba en sus versos la humanidad universal: «El pájaro tiene el nido; la araña, la red; y el hombre, la amistad».

First Cow es eso precisamente, una historia de amistad entre dos marginados —un aprendiz de repostero que no encaja en el rudo mundo de los tramperos y un emigrante chino llegado a la tierra de las oportunidades— que intentan construir juntos su nido y su red. Vislumbran el camino para la supervivencia con la venta de deliciosos buñuelos, pero no tienen acceso al bien de producción primordial: la leche que da la única una vaca de la zona y es propiedad del potentado que ha organizado ese «nuevo mundo» con la compra y comercio de pieles de castor. Y la vaca, haciendo un paralelismo con la imagen inicial de la película, aparece por primera vez subida en una balsa y remontando el río. Con estos y otros detalles trasparentes, Reichardt compone su parábola del capitalismo y pone de nuevo el foco de atención en unas clases bajas cada vez más depauperadas y con menos oportunidades. Ya no solo es historia, sino la realidad actual.

Como en otras películas de la realizadora, en la pantalla se plasma la tensión creada entre el impulso de moverse que tienen las personas (en sus trabajos siempre hay trenes, ríos, carreteras…) y el varamiento existencial al que se ven abocadas, representándose con una preferencia por los encuadres estáticos y, a menudo, cerrados aunque los personajes se encuentren en grandes espacios abiertos. Y, como ha demostrado igualmente en otras cintas anteriores, es en el final de este relato sobre la construcción social y sus víctimas, donde Reichardt cierra su historia mínima con elegancia y algo de misterio, aparte de con un dominio absoluto del pulso narrativo y, sobre todo, un humanismo del que el mundo siempre estará necesitado. Lo que les pasa a los dos amigos es demoledor y enerva la sangre, pero el respeto con el que la narradora trata a ambos personajes denota que no es impostado ni su sentimiento fraternal ni su interés, recurrente en su filmografía, por quienes han sido relegados a los márgenes.



 

FIRST COW

Dirección: Kelly Reichardt.

Intérpretes: John Magaro, Orion Lee, Toby Jones.

Género: drama, wéstern. Estados Unidos, 2019.

Duración: 122 minutos.

 


 

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