Entrevista con el director de El misterio de Lake Manor

Santiago Alonso 


La semana pasada llegó a nuestras pantallas El misterio de Lake Manor (The Nest / Il nido en su doble título original), un largometraje presentado hace cuatro meses en la Mostra Viva L’Italia, donde pudo comprobarse que el éxito que había obtenido en su país no había sido una casualidad. Hace cuatro o cinco décadas la todopoderosa cinematografía italiana reservaba un espacio al terror, como bien saben y disfrutan aficionados de todo el mundo, entre ellos no pocos y notorios directores estadounidenses, empezando por Joe Dante y terminando por Quentin Tarantino. Después, como en tantos ámbitos de la industria de ese país europeo, el género languideció en los años ochenta y, a partir de los noventa, podía considerarse muerto y enterrado. Por eso la puesta de largo de Roberto de Feo (Bari, 1981), un trabajo con el que consigue que funcione a la perfección el sentido dado a un cóctel de referencias bastante evidentes (Shyamalan, los relatos británicos de fantasma con el filtro Amenábar…), y que él mismo define como la historia de un «confinamiento gótico», ha supuesto una gran noticia por las posibilidades que abre para un intento de nuevo risorgimento en una tierra donde reinaron cineastas inolvidables como Mario Bava, Dario Argento o Lucio Fulci.

Este es un tema que surge de manera natural en el encuentro con de Feo, que se desarrolla de manera tan amistosa que el entrevistador le comenta al italiano que narradores como Pascual Laugier (Ghostland) o él ponen a prueba a los periodistas y críticos cuando deben hablar de sus películas sin desvelar ya no solo el argumento, sino la esencia de las mismas, que suele comprenderse tan solo al final del metraje. Mismamente, durante la conversación en torno a la trama protagonizada por una madre y un hijo que viven con relativa paz en una apartado caserón (una mezcla entre castillo y mansión), hasta que entra en el servicio doméstico una joven bastante rebelde, de Feo termina señalando varios aspectos que quizás al lector que no haya visto todavía El misterio de Lake Manor no le gustaría saber. Por eso, en las respuestas que vienen a continuación, el entrevistador ha decidido ocultar algunas palabras, un sustantivo repetido dos veces y un título, sustituyéndolas por asteriscos.

 

Al estreno de tu película le precedía la buena noticia de su éxito en salas italianas, algo sorprendente tratándose del género al que pertenece. Lo primero que cualquier aficionado va a pensar es que, después de tantos años y tantos obstáculos, el cine de terror italiano ha conseguido resucitar. ¿Cuáles son tus sensaciones al respecto?

La considero una pequeña batalla ganada, pero dentro de una guerra que todavía durará mucho. Es cierto lo que dices. El misterio de Lake Manor tuvo una producción de cuatro semanas y una posproducción de cuatro semanas más, es decir, que empezó a rodarse un 15 de mayo y el 18 de julio ya había entregado la película montada y posproducida. Era el enésimo intento… Después, por suerte, la seleccionaron para el Festival de Locarno y decidieron proyectarla en Piazza Grande, [la plaza renacentista donde organizan los pases más multitudinarios]. Eso cambió el destino del filme, porque después llegó Universal Picures para distribuirla conjuntamente con Sky. En vez de salir en pocas salas, lo hizo en trescientas. De ahí que tuviera la mejor recaudación de un debut del cine de terror. Después vinieron los artículos de periódicos, su selección en Sitges, dos semanas más en los cines… toda una serie de resultados que nadie se esperaba, no porque no confiáramos en la película, sino porque sabemos qué había sucedido antes con proyectos de presupuesto y expectativas similares. Todo coincidió para que ahora veamos una pequeña luz en el fondo del túnel.

De hecho, el resultado luce en pantalla. Hacía mucho que no se veía una película italiana de estas características.

Me hace ilusión que lo digas. Después, se ha vendido en Francia, España, Holanda, Bélgica, Rusia, Japón… Pero mira la diferencia entre Italia y el resto del mundo. En Italia se estrenó el 15 de agosto [de 2019], mientras que en Rusia lo hace en un mes como noviembre. O en España, Japón o Taiwán, en enero. Es decir, que en mi país todavía consideramos este género serie B. Ahora espero que la cosa cambie con hechos como que me nominaran en un premio tan importante como el Nastro d’argento al mejor director novel. Que se haya tomado en consideración es la gran novedad y una buena señal.

Demos primero un pequeño paso atrás. Si no me equivoco, este es el primer trabajo que asumes en solitario, porque tus cortometrajes siempre los codirigías. ¿Cómo has llegado a esta situación? ¿Trabajar estrechamente con colegas para levantar este tipo de proyectos y hacerse un hueco es otro de los pasos obligatorios?

Te explico. Menos dos, que los hice solo, los cortometrajes más importantes fueron con otro director [llamado Vito Palumbo]. Por diferencias en la concepción del género y de las historias que queríamos contar, separamos nuestros nombres. Mi visión es un poco particular y en ella influyen mis gustos personales. De hecho, al ver El misterio…, si eres amante del género, no puedes dejar de notar influencias importantes como Los otros o El bosque, historias que se me quedaron un poco dentro. Y cuando quise contar mi universo se manifestó lo que había visto en el curso de mi vida. Por eso, mi yo como espectador impide que otro director meta su mundo en el mío. Ahora bien, curiosamente la peli que he hecho ahora para Netflix es una codirección (Risas). El Colorado Films, la productora, me ha dado la oportunidad de levantar una factoría de género de terror en Italia.

¡Anda!

Y he tenido que elegir a los otros directores que me van a acompañar en el camino. Vamos, que me han puesto a guiar el proyecto.

Ya en el cortometraje Ice Scream me parece encontrar una característica desarrollada después en El misterio…, y es que aúnas en un mismo metraje varias manifestaciones temáticas y estilísticas. Hay una mezcla, pues no te quedas solo en el splatter, en la historia de fantasmas, etcétera.

No me gusta el género ligado al hecho sobrenatural. Aparte de porque creo que existe una sobrexposición de este tipo de filmes. No sé si ahora habrá hasta cinco al mes…  Ya se ha hecho muy difícil contar el terror a través de lo sobrenatural. En El misterio… elegí darle un significado social, metafórico. De hecho, los ****** podrían haber sido extraterrestres, hombres lobo o cualquier otra cosa, y no habría cambiado nada de la película. Simplemente son una presencia metafórica para presentar el lugar horroroso y peligroso en que se ha convertido el mundo hoy día. El resto, lo que se ve antes, son las consecuencias de vivir en un gran confinamiento, en un mundo sin esperanza, sobre todo en un familia encerrada, para ver cómo afecta en el amor [entre sus miembros]. No hay presencias monstruosas, excepto en un sueño, a mitad del metraje, cuando una de las dos criadas sueña con la otra en versión monstruosa.

¿Tenías clara desde el inicio la elección de este gran personaje que es la villa y sus alrededores? ¿Cómo ha sido tú relación con las localizaciones?

Buena pregunta. La localización siempre estuvo en mi cabeza tal y como la ves. Siempre quise partir de un escenario gótico que marcara distancias con la actualidad, con una casa moderna. Siempre pensé en un castillo, porque pretendía confundir al espectador, para que pensara que estábamos en el pasado y que, después, con la escena del iPod, descubriera que la historia transcurría en nuestros días. Me gustan mucho las películas suspendidas en el tiempo, esas en las que no tenemos una referencia clara de tiempo y lugar. También, si lo piensas, el trasfondo podía ser el de ******, un grupo de personas que deben huir de ******, encuentran esta finca antigua y se establecen dentro como si fueran de aquella época, porque no tienen nada moderno ni tecnología, solo les queda adaptarse a una vida pasada. El objetivo era confundir al espectador durante la primera parte.

¿La fórmula definitiva para una buena película de terror es equilibrio entre historia y ambientación? ¿O hay otros elementos que aporten la clave?

No, no. Es totalmente eso, al cien por cien. Historia y ambientación Un equilibrio absoluto en el que una no prevalezca sobre la otra. Y debes sacarlo adelante desde el principio hasta el final. Después de esto viene la credibilidad y el afecto que tienes por los protagonistas, que son los otros elementos importantes. En Italia, cuando escuchamos que se habla italiano en una película que han etiquetado de terror, inmediatamente dejamos de pensar que se trata de una historia creíble y que nos gustará. No sé por qué existe este prejuicio enorme, y por eso tuve que trabajar tanto la atmósfera, eligiendo en primer lugar una localización que fuera lo suficientemente bonita como para que pudiera aguantar la comparación con otras películas mucho más importantes y famosas, para que el ojo del espectador se encontrara lo que esperaba de una historia de terror gótica. Después, tuve que elegir actores con caras internacionales, que no fueran las clásicas italianas, que te recuerdan demasiado a las series de televisión. Cuando construyes un universo terrorífico, al menos de este tipo, solo puedes alejarte del imaginario italiano clásico.

A este respecto, surge una pregunta que creo que es obligatoria. ¿Cuál es tu relación con el cine de los grandes maestros del cine de terror italiano? Te apunto mi percepción, no sé si errónea. El trabajo con la luz me ha recordado a Mario Bava, no tanto porque fuera una reconstrucción, sino una deconstrucción. Bava «disparaba» sus colores, el rojo, el verde, el azul, dentro de un mismo plano. Aquí he visto que habéis destinado un color para cada escena. Y, en otro orden de cosas, volviendo al corto Ice Scream, ahí estaba de nuevo Bava, por lo que la historia recordaba a su Semáforo rojo.

Pues te cuento una anécdota. A ver, Ice Scream es de 2009 y está filmado con un grupo de amigos. Era un juego, no una auténtica producción. Después de colgarlo en internet, varias personas dijeron: «Habéis copiado Semáforo rojo». En realidad, y lo juro por mi madre, jamás he visto la película, ni siquiera todavía hoy. Pero investigué y, demonios, efectivamente he comprobado que el corto recuerda muchísimo a Semáforo rojo. Me gusta que hayas conseguido encontrar esta anécdota jugosa y me la hayas recordado.

Respecto a El misterio…, planteas una buena pregunta, porque traté con el director de fotografía de darle a cada ambiente un carácter propio. Cualquier escena tiene colores o escenografía diferentes. Y había una elección en la base de todo. Cuando está la madre hay colores muy desaturados. Todo más oscuro y menos vivo. Sin embargo, con Denise [la chica que llega a la casa] hay mucha más luz, los objetos y fondos están iluminados, hay mucha más vida. Denise y la madre son, respectivamente, los personajes que muestran el día y la noche, el amor positivo y el negativo. Este último es un amor casi podrido, porque la madre sabe lo que está sucediendo en el mundo.

Supongo que no es la primera vez que te lo preguntan, pero ¿cómo está viviendo el coronavirus un director especializado en cine de terror? ¿Cómo has afrontado en este último año una situación no tan alejada, salvando ciertas distancias, de tu película u otras similares?

Pues mira, no, no me lo habían preguntado. Pero he pensado muchas veces en ello. Primero te digo una cosa estúpida, y después otra que lo es menos. El miedo es que ahora lleguen doscientas cincuenta mil películas sobre la pandemia. Sería una tragedia cinematográfica… La respuesta seria es que El misterio… ha anticipado un poco lo que está sucediendo ahora. Un confinamiento, una familia encerrada en una casa y obligada a seguir unas reglas que han debido inventarse… Por tanto, se acerca bastante a lo que estamos viviendo con la pandemia, una situación que, desgraciadamente, se va convirtiendo en una película de terror. Te digo la verdad: la realidad supera siempre la fantasía. Cada día veo en la tele o leo cosas que dices: «Esto ya lo había comentado, diciendo que era algo exagerado, y ahora va y se verifica». Y el miedo ha cambiado en el cine. Antes, al crecer y convertirme en amante del género, el miedo venía de lo sobrenatural. El miedo ahora es la realidad, lo que vivimos. No es casualidad el gran éxito de Jordan Peele o Ari Aster, directores que en realidad no hablan de monstruos o fantasmas, sino de familia, de amor…



 

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