Quemar brujas puede ser arte

Yago Paris


Es normal que a uno le salten las alarmas durante los primeros minutos de metraje de Lux Æterna. Lo nuevo de Gaspar Noé comienza con un fragmento de Dies Irae (1943), una referencia con mucha solera que funciona como prólogo de la conversación inicial del filme entre Béatrice Dalle y Charlotte Gainsbourg. Ambas actrices, que se interpretan a sí mismas, conversan en el plató antes de que empiece la filmación de una escena donde se representará una quema de brujas. La combinación de dos fragmentos ajenos con el de Noé amenaza con dar lugar a la elaboración de un discurso feminista que no por cierto deja de ser perezoso y muy cómodo tanto para quien lo enuncia como para quien lo recibe: la mujer ha sido perseguida, vejada y asesinada desde hace siglos. Las alarmas suenan con especial inquietud si se tiene en cuenta que estamos ante un filme del director de Irreversible, cuya filmografía destaca por la provocación y el inconformismo. Pero por suerte, en este caso la provocación, o al menos una de las que muestra el mediometraje, es precisamente que parezca que estamos ante una nueva muestra de simple feminismo de corriente mayoritaria. 

Poco tarda en cambiar la situación. A la calma inicial de la conversación le sucede una tensión in crescendo a medida que la hora de inicio del rodaje se aproxima. Cuando ambas mujeres se ponen a trabajar —la primera como productora y directora, la segunda como actriz principal—, se pone en marcha un mecanismo narrativo que satura el relato de perspectivas —mediante el uso incesante de la pantalla partida—  y de informaciones, lo que favorece el aumento del grado de desencuentro que se vive en el rodaje. Desde las discusiones entre el equipo de producción y el de dirección hasta el agobio en peluquería, maquillaje y vestuario, pasando por unos asistentes de producción que simplemente no dan abasto, la sensación de desquiciamiento desespera y fascina a partes iguales, algo que se consigue gracias al férreo pulso narrativo, casi matemático, de Noé, que contrasta con el caos que muestra la representación de lo que aparentemente es o podría ser el rodaje de una película suya.

En la segunda mitad, cuando se inicia el rodaje de la escena en sí, la obra establece conexiones directas con otra cinta sobre brujería y vampirización de la actriz como es The Neon Demon. El paralelismo es literal, pues en el reparto aparecen figuras secundarias pero fundamentales de aquella obra, como los actores Karl Glusman y Abbey Lee, el primero en un papel similar —de fotógrafo en aquella cinta, aquí pasa a cineasta— y la segunda en uno idéntico como modelo-figurante. Además, otros aspectos más profundos de la narrativa de The Neon Demon, como la fascinación por la pureza y la perfección de la belleza, que se muestran desde la mirada masculina, sedienta de carne y fascinada por la estimulación visual, se materializan en Lux Aeterna en su difícilmente descriptible clímax, un festival audiovisual de ruidos sintéticos y luces de neón ante el que, como espectadores, solo cabe entregarnos. 

La locura, el caos, el ruido, la rabia y el impulso homicida que aparentemente definen el día a día en un rodaje de Gaspar Noé, se combinan para dar lugar a lo que de verdad importa, la creación artística. La tesis del filme no es nada nuevo: el arte muchas veces aparece cuando nos despojamos de todo, desde los convencionalismos sociales hasta nuestra propia dignidad, en lo que supone una interpretación radical de la teoría del clown. El autor, al igual que hacía Nicolas Winding Refn, no esconde lo problemático de su discurso: en plena ola feminista, hacer una apología de la explotación de la mujer aunando violencia y sexo como armas para alcanzar la gloria creativa es problemático, y ellos lo saben, pero no por ello dejan de mostrar que, aunque moralmente cuestionables, sendas películas son auténticos portentos audiovisuales, que trascienden cualquier estrechez discursiva que prime el discurso políticamente correcto. Solo así, asomándose al abismo, abrazando sus perturbados subconscientes, dejando que sean las imágenes las que tomen el control, son capaces de ofrecer una narración que no solo sea una conquista artística, sino que también suponga un verdadero reto para el público.



LUX ÆTERNA

Dirección: Gaspar Noé.

Reparto: Béatrice Dalle, Charlotte Gainsbourg, Abbey Lee, Karl Glusman, Félix Maritaud, Paul Hameline, Luka Isaac.

Género: drama. Francia, 2019.

Duración: 51 minutos.


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