Reventar el biopic

Yago Paris


En el plano final de Un amigo extraordinario, el personaje de Fred Rogers (Tom Hanks) se queda solo en el plató de rodaje y comienza a tocar el piano, mientras las luces se van apagando poco a poco, dejándolo en penumbra. Soledad, oscuridad y tristeza son ideas que transmite esta escena, algo que contrasta con la imagen que la audiencia tiene de este adorado y entrañable presentador del programa infantil Mister Rogers’ Neighborhood. Pero lo más llamativo de la situación es que, tras casi dos horas de un metraje en el que se nos ha insinuado constantemente que existe un lado oscuro en este personaje, la cinta de Marielle Heller llegue a su fin sin que realmente lleguemos a entender qué es lo que se esconde detrás de la infinta bondad y la sonrisa perenne del personaje. Y si esto llama tanto la atención es porque esta película parece un biopic al uso. 

El filme narra la historia de Lloyd Vogel (Matthew Rhys), un periodista de la revista Squire a quien se le encarga que entreviste a Fred Rogers para posteriormente escribir un artículo sobre él. Apático y desconfiado en un principio, Vogel queda fascinado por la presencia de Rogers, pura empatía y altruismo. Del encuentro nace un estrecho vínculo de confianza que permitirá que el periodista rompa su coraza y se exponga a sus miedos y traumas. El guion de Micah Fitzerman-Blue y Noah Harpster adapta la historia real del periodista Tom Junod, quien vivió una experiencia transformadora al conocer a Fred Rogers. Por tanto, el texto coloca al personaje de Tom Hanks como secundario, lo que supone la primera de las disonancias con respecto a las dinámicas tradicionales del relato biográfico, que consisten en la descripción detallada de la personalidad de un personaje público. Aunque el objeto de estudio de la película y del artículo que el protagonista escribe sea el presentador televisivo, este siempre permanece en una cierta distancia, inalcanzable e inaccesible.

Llegado un momento de la trama, Vogel incluso accede al hogar de Rogers y conoce a su mujer. Esto, lejos de volcar algo de luz sobre el misterio, enfatiza su opacidad. Preguntado sobre sus mecanismos para lidiar con la frustración, Rogers responde que toca de manera dramática el piano —objeto de alto valor simbólico en el filme—, a modo de desahogo. Cuando el periodista insiste, en un intento por conocer qué se esconde detrás de una fachada impoluta, el personaje al que interpreta Hanks repite de manera simpática  lo que ya ha expresado imitando  el acto de pulsar las teclas del instrumento. De la escena se concluye que hay un pesar en el personaje de Mr. Rogers, que incluso la persona aparentemente más feliz del planeta también sufre. Lo que también se extrae es que es él mismo quien no deja que nada de eso emerja, no por pudor, sino por no querer afectar a los demás. Mr. Rogers, una persona entregada al altruismo, quiere asegurarse de que los demás sean felices, aunque sea a costa de su bienestar, por lo que Marielle Heller lo retrata como una especie de Jesucristo moderno, entregado en cuerpo y alma a los demás y condenado a la soledad, la oscuridad y la tristeza, en el que quizás sea uno de los biopics más opacos y atípicos rodados en Hollywood. 



UN AMIGO EXTRAORDINARIO

Dirección: Marielle Heller.

Reparto: Matthew Rhys, Tom Hanks, Chris Cooper, Susan Kelechi Watson, Noah Harpster, Tammy Blanchard, Wendy Makkena, Enrico Colantoni, Sakina Jaffrey.

Género: biopic. Estados Unidos, 2019.

Duración: 108 minutos.


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