¿Por qué el incesto nos parece un tabú?

Yago Paris


Jackie (Tallie Medel) y su hermano mayor, Matthew (Sky Hirschkron), tienen una relación muy estrecha. Los dos adolescentes se reúnen por las noches en el desván de la casa para discutir temas íntimos mientras comparten cigarrillos. Uno de los temas recurrentes de las conversaciones es el hecho de que la joven está enamorada de él. Esto, lejos de ser un secreto, se discute con total apertura, como si fuera un asunto más del que hablar. Uno serio, porque condiciona el estado emocional de la protagonista, quien sufre porque no es correspondida por la persona que ama, pero no un tabú. Para ambos, la situación sería la misma si no compartieran lazos de sangre, algo que se trata con idéntica naturalidad por el resto de integrantes de la familia que viven en ese hogar, donde este asunto se debate abiertamente. Esta normalización se refuerza en estas escenas nocturnas, donde el acto que se realiza a escondidas no es el desarrollo del amor entre hermanos, sino el de fumar.

En The Unspeakable Act, el director y guionista Dan Sallitt reflexiona acerca de los mecanismos del tabú en su dimensión social. Sin ánimo de realizar un estudio detallado de las causas y las consecuencias, el autor de Fourteen refleja hasta qué punto quizás lo que consideramos aberrante es en realidad algo que, simplemente, nunca nos hemos parado a analizar con calma, dejando que se exprese con una naturalidad que tal vez sí contiene. La calma en la exposición de la trama se aviene con la aproximación estética del realizador, cuyo naturalismo a la hora de filmar y su desinterés por los puntos de giros y las cargas dramáticas convierten la cinta en una atípica película de instituto. Asuntos como el sexo, el primer amor o las dificultades de los adolescentes para entender lo que ocurre en sus mentes y cuerpos están presentes, pero el tono opta por el sosiego. Al mismo tiempo, los escenarios cambian. El instituto apenas aparece, y sí lo hace, casi de manera permanente, el hogar familiar, que se filma como asidero emocional, como un espacio seguro donde lo que socialmente se interpreta como un hecho condenable se convierte en un asunto que se puede entender y debatir.

En The Unspeakable Act, en el fondo, se expone el incesto de manera desprejuiciada, tanto en el tratamiento como en el desarrollo. La cinta transmite la idea de que no se trata de un asunto al que prestarle atención, hasta el punto de que la película casi parece desinteresarse en el tema, pues se centra es en el desamor de su protagonista, importando poco el hecho de que la persona con la que quiere compartir una relación de amor sea su hermano. Fuera de la ecuación queda cualquier aproximación morbosa o erótica, tales como escenas de sexo o conductas inmorales. En realidad, el relato no podría ser más anodino: una simplona historia de amor no correspondido que sigue todos los pasos desde la frustración hasta la aceptación para superar el duelo. Da la impresión de que Sallitt quisiera decirnos que esta historia, en el fondo, es irrelevante, y que son los espectadores los que la convierten en algo llamativo debido a que consideran el incesto como un tabú. Este hecho no implica que la película, como creación cinematográfica, carezca de interés. Más bien al contrario, merece toda celebración  por nuestra parte que un trabajo narrativo contenga tantas capas de lectura que pueda prácticamente prescindir del relato.


Puedes ver THE UNSPEAKABLE ACT en Filmin


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THE UNSPEAKABLE ACT

Dirección: Dan Sallitt.

Reparto: Tallie Medel, Sky Hirschkron, Aundrea Fares, Kati Schwartz, Caroline Luft, Lyndon Braganza, Megan Brown.

Género: drama romántico. Estados Unidos, 2012.

Duración: 88 minutos.

 


 

4 Comentarios »

  1. Estaríamos apañados si, además de ser poquísimos como son, los hijos engendrados en esta sociedad tuvieran más taras congénitas de las inevitables. Eso es justamente lo que ocurriría si se generalizaran las relaciones incestuosas que, por cierto, crispan a las feministas (por una vez con razón) cuando son entre padre e hija. Los cineastas suelen ser de letras y tal vez por eso este director nunca llegó a asistir (o no fue capaces de entenderlas) a clases de biología, pero le habría bastado, cuando todavía estaba abierto el Museo, darle un repaso a las caras de los sucesivos monarcas Austrias expuestas en El Prado para constatar que el tabú del incesto tiene una potentísima base biológica de la cual no conviene prescindir si se quieren evitar males mayores. Afortunadamente se sabe hace mucho que, con las inevitables excepciones patológicas, los niños que se crían juntos no suelen sentir atractivo sexual mutuo de mayores. Se ve que la selección natural ha favorecido a los individuos poco propensos a duplicar sus peores genes escogiendo parejas sexuales entre parientes demasiado próximos. Tal vez los progenitores del director de esta película fueron una excepción.

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  2. Intentar reducir el acto sexual a la simpleza de un concepto reproductivo de la especie humana es simplemente anacrónico. Actualmente no es necesario realizar un acto sexual para producir un embarazo, y por ende un acto sexual no acaba necesariamente en embarazo, y siempre existen medios para que esto no ocurra, y por otra parte quien ha dicho que acto sexual solo sea copulación, existen múltiples opciones de disfrute sin tener que simplificar en la cópula. Una de las ventajas de la sociedad actual es la eliminación progresiva de los tabúes impuestos por años de oscurantismo; El amor ya no es el acto sexual entre un hombre y una mujer, sino la capacidad de transmitir sensaciones y sentimientos entre dos o más personas independientemente de su condición de género o relación. Que dos hermanos se quieran, o un padre/madre a su hijo/a no debe tener más limitación que la de cualquier otro tipo de relacion sexual: La aceptación libre y consciente de la relacion entre personas adultas.

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    • ¿Por qué nos parecen feos los viejos como yo? ¿Por qué se pueden quejar con razón las mujeres de más de cincuenta de que se vuelven invisibles? Por razones parecidas en los dos casos: ligamos lo bello de manera prácticamente instintiva a la pujanza vital, a la fertilidad, a la juventud; y la fealdad, a lo contrario, Y no solo respecto a nuestros congéneres humanos, sino también a los animales: un cachorro es siempre atractivo, un perro viejo, como mucho, da pena. No hace falta esforzarse en inculcarles esas nociones de belleza a los niños porque las poseen casi instintivamente: menos mal, porque así a los insensatos como usted (si es que no se está quedando con nosotros, que podría ser) les resulta imposible convencerles de lo contrario. Ligar la belleza a la juventud o evitar el incesto tiene una base evolutiva obvia: si a muchos hombres les gustaran las viejas o si los hermanos prefirieran aparearse entre sí a hacerlo con extraños, la fertilidad caería en picado en el primer caso y las anomalías genéticas se multiplicarían en el segundo: si no es usted un vacilón que quiere epatarnos, le auguro un merecido fracaso evolutivo. Y ya sabe que los seres vivos nacen, crecen, se reproducen (no siempre) y mueren y ahí está todo lo que somos capaces de hacer la inmensa mayoría de nosotros: Mozarts o Newtons hay poquísimos y no me parece que sea usted uno de ellos.

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