Libertad, igualdad, fraternidad


Como en una de las grandes películas clásicas, los primeros minutos de Those who make revolutions half way only dig their own grave corresponden a una introducción musical acompañada únicamente de una pantalla en negro. De alguna manera, ese toque de clasicismo, que establece sus correspondencias también con la tradición operística, contrasta con una obra que es la esencia del vanguardismo contemporáneo. Una ópera prima, firmada por Simon Lavoie y Mathieu Denis, que lleva la poética -y la épica- narrativa a sus últimas consecuencias en el marco de una revolución estudiantil.

El film nos sitúa en la zona canadiense del Quebec, aunque bien podría haber sido un retrato del mayo francés del 1968. La subida del precio de las matrículas universitarias propicia una huelga de estudiantes en la que se evidencian las diferencias y contradicciones de sus integrantes, sobre los que destaca un grupo de cuatro jóvenes dispuestos a difuminar las fronteras entre activismo y terrorismo para iniciar la revolución de las masas. Sin embargo, las protestas de este cuarteto son marginadas y reconvertidas en una lucha de clases, en la voz de la conciencia de aquellos que se han rendido a los placeres del dinero, del capitalismo, y han olvidado el significado del bien común. Aquellos que miran hacia otro lado mientras tengan un buen vino en su copa y una barrera que les separe de las fealdades del mundo. La huelga ya no es un medio para conseguir un objetivo, sino un elemento de concienciación en el que acaban quedando cuatro almas rebeldes, contradictorias e incomprendidas. Como la película en sí misma. Heredera épica y oscura de La Chinoise (1967) de Jean-Luc Godard, aunque con una apuesta más radical en su forma, Those who make revolutions… es una apuesta clara por la importancia formal del cine. No sólo recoge una tradición clásica a través del tipo de música y su macroestructura, sino que además combina con éxito la poética y la narrativa, la ficción y el documental, la imagen artística y la imagen de archivo, las performances teatrales y la mirada cinematográfica. Es un compendio de paradojas que encajan a la perfección, y que durante sus tres horas de duración nos convence de que su obsesión por el envase no perjudica al contenido. 

Muy al contrario, su planteamiento formal no hace otra cosa que confirmar esa anarquía -narrativa- que comparte con sus personajes, corazón de una revolución que nadie secunda y, sin embargo, representantes de un pensamiento anclado sobre el papel o reducido a 140 caracteres. El espíritu de la juventud, encerrado entre los barrotes de lo establecido, esperando a madurar para poder olvidar, como es costumbre, que una vez existió una revolución. 


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thosewhomakecartelCEUX QUI FONT LES RÉVOLUTIONS À MOITIÉ N’ONT FAIT QUE SE CREUSER UN TOMBEAU

Dirección: Mathieu Denis y Simon Lavoie.

Género: Drama. Canadá, 2016.

Reparto: Charlotte Aubin, Laurent Bélanger, Emmanuelle Lussier Martinez, Gabrielle Tremblay.

Duración: 183 minutos.


 

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