Sentimentalismo varado 


En su libro Agustín corazonabierto (1999, editado en España por Planeta), el guardafauna Roberto Bubas recogió una de las experiencias que vivió durante sus años de trabajo en la Patagonia argentina. Bubas había adquirido gran notoriedad por su estrecha relación con las orcas, contribuyendo de forma determinante al conocimiento sobre su modo de actuar; y su investigación le llevaría poco a poco a convertirse en el ser humano más estrechamente relacionado con estos cetáceos, a pesar de la prohibición de acercarse a ellos por su condición de superdepredadores. Las imágenes de Bubas jugando con las orcas filmadas por el canal Animal Planet emocionaron, insólitamente, a un niño autista de nueve años que no reaccionaba ante casi nada, y su madre, sorprendida, decidió lanzarse a la aventura y llevarle de viaje hasta el hogar del guardafauna, en el faro de Península Valdés. De esta manera, Agustín, un niño incapaz de relacionarse, pudo desarrollar un misterioso y único vínculo con unos animales cuyo alcance intelectual sigue siendo objeto de estudio.

La película El faro de las orcas toma como base lo descrito en el libro, aunque tomándose varias libertades al servicio del drama. Tras la cámara, el ojo experto de Gerardo Olivares, uno de los documentalistas más relevantes de España, que encadena con esta película su cuarto trabajo de ficción. En su reivindicable Entrelobos (2010), Olivares demostró un gran talento para captar la fauna con una función narrativa dentro de entornos naturales, a la manera de lo conseguido (reconociendo las distancias) por Jean-Jacques Annaud en El oso (1988). La relación entre personas y animales vuelve a ocupar el centro en esta nueva película, que sin embargo, y a diferencia del otro título mencionado, no logra levantar ningún otro elemento de interés más allá de sus espectaculares imágenes del mundo salvaje.

El esmero de Olivares en la filmación de las escenas con las orcas, para las que ha colaborado el auténtico Roberto Bubas como doble de su alter ego cinematográfico, se echa de menos durante el resto de una película dominada por los clichés de un guion (obra también de Olivares) en la estela de los peores telefilmes de superación. La mala construcción de los personajes, empezando por un protagonista incomprensiblemente antipático, hace inverosímiles las relaciones que se establecen entre ellos, a lo que no ayudan en nada unos Joaquín Furriel y Maribel Verdú en clave absolutamente teatral. En la mayor parte de sus casi dos horas largas de duración, El faro de las orcas parece estar haciendo tiempo para la llegada de los segmentos acuáticos, rellenando el resto con la reproducción de todos los tópicos sobre el autismo (el niño, a lo Rain Man, formando estructuras organizadas con lápices y clips), un romance de garrafón y conflictos legales que nunca dan la impresión de importar demasiado. Mucho aburrimiento para una película que no encuentra reclamos más allá de un despliegue visual competente. 


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EL FARO DE LAS ORCAS 

Dirección y guion: Gerardo Olivares. 

Intérpretes: Joaquín Furriel, Maribel Verdú, Quinchu Rapalini, Ana Celentano, Ciro Miro, Osvaldo Santoro, Federico Barga. 

Género: drama. España, 2016. 

Duración: 109 minutos.

 


 

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