Pequeñas dosis de magia y belleza


El más difícil de los consensos posibles sería aquel que pretendiera establecer una imagen que simbolizara la belleza del mundo. Eric Bernard parece aceptar el reto con su último largometraje, Pastel de pera con lavanda, a través de una sucesión de instantáneas que capturan la belleza condensada en los detalles más pequeños (y en su mayoría desapercibidos), del entorno natural y personal de cada uno.

Pastel de pera con lavanda no es un cuento de hadas. La historia de Louise y Pierre, es el encuentro de dos personas en apariencia muy distintas y en esencia complementaria, como la mayoría de historias de amor que pueblan las pantallas. Una vez expuesto el planteamiento es cuando el director pone en juego una serie de aciertos formales que dotan al conjunto de un áurea de magia que embellece el resultado: la combinación de planos generales con primeros planos y planos detalles que extrae la escondida esencia de las cosas; la filtración de los rayos de sol que atraviesan las escenas bañando los más recónditos lugares; y una cuidada elección de tonalidad cromática donde la primacía de los colores pastel ahonda en la idea de placer visual, agradable al sentido de la vista. La simetría racional derivada de un trastorno obsesivo compulsivo no alcanza para descolocar la capacidad de la naturaleza de fluir libre y sin esquemas. El encuentro de los protagonistas despierta la capacidad de mirar más allá de uno mismo, y es ahí cuando Bernard se empeña en crear un mundo maravilloso, plagado de lugares de indiscutible elegancia estética, para no dejarle al espectador más opción que la de creer en la magia que encierra el mundo, y que es solo visible en el encuentro con el otro.

Pastel de pera con lavanda comparte con el último largometraje de Iciar Bollain, El olivo,  la idea de que existe una conexión directa entre la historia personal y las raíces de unos árboles que han crecido a tu lado, esos que los otros no alcanzan a sentir como parte de uno mismo. Esta comunión con la naturaleza es la base del film de Bernard, una unión simbólica y a la vez argumental, que apuesta por aferrarse aquello que da la felicidad, independientemente de que sea distinto, incomprensible para la mayoría, o incluso poco práctico (como por ejemplo, unos árboles). Apostar por los recuerdos, lo sentimental, resulta hoy en día una suerte de locura (el riesgo de ir a contracorriente), que permite percibir el mundo como ese lugar formado por millones de pequeños preciosos instantes cargados de magia y trasportados por ese aire que moldea las nubes, que mece los árboles o acaricia los campos.

Pastel de pera con lavanda no es un cuento de hada ni una historia real. Pastel de pera con lavanda es la predicción que deseas acertar al menos una vez en la vida: dar con quien te brinda la posibilidad de contemplar y disfrutar de la belleza del mundo.



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PASTEL DE PERA CON LAVANDA

Dirección: Éric Besnard.

Intérpretes: Virginie Efira, Benjamin Lavernhe, Lucie Fagedet, Hervé Pierre.

Género: comedia. Francia, 2015

Duración: 100 minutos.

 

 


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