Dice el refranero popular que “en boca cerrada no entran moscas”. Pero, ¿qué sería del género de terror sin los ingenuos e inconscientes? Para los personajes de las películas que hemos visto hoy en Sitges hubiera sido mejor modelar el refrán y advertirles que “en puerta cerrada no entran psicópatas”. Se hubieran ahorrado molestias y alguna que otra muerte sangrienta.

The gift, el pasado siempre vuelve

La historia que nos presenta The gift la hemos visto en más de una ocasión en el cine. Un hombre con una vida tranquila que se ve envuelto en una venganza originada por un gran error cometido en el pasado. Lo primero que nos viene a la cabeza es la mítica Oldboy (2003), donde un secreto muy personal se expande y destruye las vidas de aquellos a los que salpica, cosa que originará una terrible vendetta. Eso mismo es lo que le ocurre al protagonista del nuevo film de Joel Edgerton, cuya posición de abusón en el instituto le traerá consecuencias en el futuro con el que fue una de sus presas favoritas. Desde que abra las puertas de su casa al inquietante Gordo (interpretado por el mismo Edgerton), los secretos irán brotando uno a uno del interior de sus regalos envenenados y se irán multiplicando hasta llegar a la revelación definitiva: la de la venganza.

Rebecca Hall, Jason Batemany Joel Edgerton en 'The gift'
Rebecca Hall, Jason Bateman y Joel Edgerton en ‘The gift’

Pese a contar con el lastre de un argumento demasiado visto, Edgerton consigue adecentar este film con una narrativa disfrutable y trabajada, que no impostada, en la que la armonía entre guion y puesta en escena es más que evidente. The gift es una película cuyas líneas argumentales pueden parecer del montón, pero que sorprende por su habilidad para crear una barrera invisible entre el bien y el mal. Aunque su resultado final es simplemente correcto, la ópera prima de Edgerton, más conocido por su faceta de actor en films como el reciente Black mass (2015), se encumbra sola gracias a un inteligente uso de la tensión y los dilemas morales.

Knock, knock, ¿quién es?

No hay apenas sangre, aunque sí muerte. No hay extra-violencia, aunque sí locuras de adolescentes dementes. Sin duda, Knock knock ha rebajado el nivel de tremendismo sangriento de su director Eli Roth, autor de auténticas pesadillas como Hostel (2005) o The green inferno (2013). Lo que Roth nos trae en esta edición de un festival que siempre le acoge con los brazos abiertos es una historia prima hermana (nótese el femenino) de Funny games (1997) de Michael Haneke, en la que dos chicas se dedican a entrar en casas ajenas para seducir a hombres casados y después castigarlos por su infidelidad.

Ana de Armas y Lorenza Izzo en 'Knock knock'
Ana de Armas y Lorenza Izzo en ‘Knock knock’

Knock knock se lleva al extremo su premisa inicial para crear una atmósfera de locura insana y unos personajes que se creen justicieras y vigilantes de la rectitud moral en el matrimonio. Sea como sea, el film se excede, tal como pretende, pero con una preocupante falta de fondo y forma, de originalidad o factor sorpresa, de alma. Roth firma una película que luce los fantásticos físicos de Ana de Armas y Lorenza Izzo y nos enseña la cara más desesperada de Keanu Reeves gritando Free pizza, pero que se queda en un mero retrato contenido e incoherente con más sombras que luces. En definitiva, un batacazo en Sección Oficial que tiene el placer de ser la primera en ingresar en la lista de prescindibles del festival.

The invitation, camino de la salvación

La última de las películas que hemos visto hoy en Sitges está llamada a ser nombrada el próximo sábado en la lectura del Palmarés. No porque sea una gran revelación, ni por mostrar cosas nunca vistas. Sin ser una obra maestra, The invitation atesora el misterio de su argumento hasta el punto de inflexión ideal para pasar de un drama personal a un hervidero de sangre y asesinatos. Una sorpresa del festival, la primera, que es capaz de jugar con las expectativas y predicciones del espectador para llevarlo a terrenos donde su narrativa se mueve con elegancia y determinación.

Karyn Kusama dirige este thriller de una única localización, detalle que añade encanto al proyecto, en el que una pareja reúne a sus mejores amigos para celebrar algo sobre lo que no están siendo del todo sinceros. Uno de ellos, Will (Logan Marshall-Green), expareja de la anfitriona, empezará a oler a chamusquina. Eso de que todas las puertas estén cerradas con llave, dos de los invitados sean dos desconocidos dementes y que el tema central de conversación sea una especie de secta espiritual en la que la pareja está involucrada suena realmente sospechoso para el protagonista. No sabíamos qué se podía esperar de la directora de Jennifer’s body (2009) y Aeon flux (2005), pero cualquier pensamiento negativo sobre los antecedentes de Kusama ha sido descartado. The invitation es un bien manejado film de suspense que, lejos de caer en tópicos o soluciones facilonas, busca ser un soplo de aire fresco (en términos de excelencia, no de ligereza) en la programación del festival. Y lo consigue.

Un momento de 'Thee Invitation'
Un momento de ‘The Invitation’

 

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