“La culpa es un sentimiento muy peligroso y dañino”


Notas de fin de carrera, estudiantes a los que se les resiste esa licenciatura que queda tan bien sobre el currículum y profesores que se ofrecen a echarles un cable. Elementos que invitan a los espectadores de Asesinos inocentes a entrar en un mundo oscuro e inquietante, porque aquí los estudiantes harían lo que fuese, incluso asesinar, para conseguir sus objetivos, y los profesores proponen ofertas criminales de trabajo muy bien remunerado. De tan peculiar enfoque es artífice Gonzalo Bendala (Sevilla, 1978), realizador y guionista que llega al mundo del largometraje planteando un cruce entre el género negro, las películas de misterio en el sentido más clásico del término y un gusto por el enredo que busca  los momentos de humor.

Protagonizada por un elenco de jóvenes actores en alza, como Maxi Iglesias (la serie Velvet) o Alba Garrido (Stockholm, la serie El ministerio del tiempo), y con la presencia fundamental del intérprete argentino Miguel Ángel Solá, la película posee la firme vocación de ser eso que tanto se echa en falta en la producción española: un buen cine de género, con personalidad e inteligencia, dos cualidades que no deberían ser extrañas a cualquier proyecto destinado a los multisalas.

Al ver la película se comprueba que las buenas intenciones sobre todo se materializan en un final que resulta pura sorpresa, uno de esos que refuerzan y dan sentido a lo visto previamente, tan difíciles de hacer sin trampas de trilero ni el ánimo de abusar de la indulgencia del público. Tenemos la oportunidad de charlar con Gonzalo acerca de su ópera prima y, entre otras cuestiones que nos ayudan a comprender las razones de la cinta, nos confirma que su tipo de apuesta por la diversión y la mezcla de géneros nunca olvida, en efecto, el juego honesto con el espectador.

Tus cortos anteriores a Asesinos inocentes son de animación. Sorprende ver que viniendo de ese mundo tu primer largo sea un thriller

Bueno, primero, no creo que sea un thriller, es más bien una película de suspense. Yo soy un aficionado al cine en general. Me gustan todos los tipos de género. La animación, muchísimo. El musical, la comedia. Me gusta todo tipo de cine. Entonces, para mí no era tan importante debutar con una de animación. Las casualidades de la vida han hecho que  Asesinos inocentes sea mi primera película porque realmente fue el primer proyecto para el que conseguimos la financiación. Y no descarto hacer películas de animación, de hecho tengo algún proyecto que me gustaría poder sacar adelante.

Al decir “conseguimos” te refieres a Áralan Films, la productora de la que formas parte y a la que has estado vinculado desde el principio. ¿Cómo nace tu carrera dentro de la estructura de una productora?

Desde pequeño yo siempre he querido hacer cine. Estudié en la Facultad de Comunicación de Sevilla y monté una productora con nueve compañeros más de la facultad. Estuvimos juntos como dos o tres años, hasta que, claro, cada uno tiró por su camino. En 2004 decidí montar Áralan Films con Marta Velasco. Si yo aspiraba algún día a hacer mis propias películas no podía esperar sentado en mi casa a que alguien me llamara. Tenía muy claro que me auto-producía yo o no lo conseguiría nunca. Empezamos haciendo cortometrajes. Y luego seguimos con servicios a terceros, algunas publicidades, algunas producciones de encargo, y empezamos a desarrollar este trabajo como mi opera prima, allá por el 2008. Pero entre medias hicimos un parón para producir un proyecto que nos encantó, que era Los niños salvajes, de Patricia Ferreira. El rodaje fue en 2011 y la estrenamos en 2012. Tuvimos bastante reconocimiento, a nivel premios. Ganó el festival de Málaga, sobre todo. Y bueno, una vez pasada esa página pudimos centrarnos en Asesinos Inocentes.

Desde el inicio marcas que el argumento es distinto al de cualquier otra título al que se pudiera parecer. Una historia de suspense con unos personajes a las puertas de la incorporación a la vida laboral, que transcurre en ambiente universitario.

Sí, creo que la entrada en el mundo laboral es muy compleja para todos, y Garralda, el protagonista, lo tiene especialmente complicado. Conseguir licenciarse para él pasa por un encargo un tanto poco usual, pero claro, tendrá que hacerlo si quiere aprobar.

Gonzalo Bendala en el rodaje de 'Asesinos inocentes'|Filmax
Gonzalo Bendala en el rodaje de ‘Asesinos inocentes’|Filmax

Hablas de Hitchcock como una figura básica a la hora de plantearte el misterio. También en lo que respecta al sentido del enredo y a las posibilidades que tiene de desarrollar toques de humor. No sé si asumes otras referencias concretas o si te inspiran otros gustos personales.

No sé qué decirte. He sido muy abierto a la hora de absorber de aquí y allá. Qué duda cabe que me han influido mucho los realizadores de los años 80, sobre todo. Yo me he criado en esa época y para mí son siempre referentes Zemeckis, Richard Donner, Spielberg, George Lucas. Creo que han marcado totalmente a mi generación,  y son los que a uno le gustaría algún día poder parecerse. En el género del suspense, Hitchcock es un referente para todos. No es que me gusté a mí, sino a que a todo el que le gusten las películas de suspense le tiene que gustar Hitchcock forzosamente. Y sí, creo que es el maestro.

Además tu película no adopta la fórmula intriga más acción, sino que se decanta por el desarrollo en tres o cuatro escenarios concretos y se centra, sobre todo, en los personajes y el aspecto psicológico de la historia.

En la intriga, los secretos entre los personajes. Qué sabe uno, qué sabe el otro. Tratar de averiguar dónde está la verdad. Sí, sí, efectivamente.

¿Cómo nació la idea?

La idea en sí nace de un relato que leí a los doce o trece años. No recuerdo el título, pero el relato se hacía eco de un suceso real que había ocurrido en los años treinta, en la América de la Ley Seca. Un suceso que pasó a conocerse mundialmente como el “asesinato más desastroso de la historia”. Después, investigando, descubrí a otros autores que habían contado ese mismo hecho. Dio pie incluso a adaptaciones, se hizo un musical para Broadway, un episodio de Cuentos asombrosos. A mí siempre me marcó porque era una historia muy intrigante, misteriosa y oscura, pero al mismo tiempo era imposible leerla sin que en ti no se despertara una sonrisa, pues tenía algo de divertido. Era una combinación mágica que yo quería contar de alguna forma. Cuando estaba en la facultad, ya realicé un corto basándome en esa misma premisa, y cuando decidí dar el salto al largometraje, volví a esta historia.

Y añades otras dos claves en torno a las cuales orbita gran parte de la película. Una es la culpa, y la otra el suicidio. Este último tema no es muy habitual encontrarlo con esta profundidad en un título de género.

Sí, digamos que son los dos temas trascendentales de la película. No obstante, no quiero que el público vaya engañado a verla. Es de entretenimiento, con la que creo que se lo pasarán bastante bien y no solo eso. También transmite un mensaje muy vitalista y optimista. Por muy complicadas que se pongan las cosas, siempre hay una luz, siempre hay una salida. Y sí, efectivamente, el sentimiento de culpa. Se habla de él en la película. Es un sentimiento muy peligroso y muy dañino para el ser humano. Hay veces que la gente se siente culpable sin realmente tener motivos para ello, simplemente se echa sobre las espaldas un peso que en verdad no le pertenece, pero aun así parece que sintiéndose culpable  es la única forma de poder afrontar esa realidad. Creo que es algo muy peligroso, algo que provoca depresión e incluso intentos de suicido, el otro tema de la película.

¿Cómo ha sido tu experiencia de director a la hora de combinar el trabajo de intérpretes emergentes con el magisterio de otros de larga y reconocida carrera?

Por el mero hecho de hacer una película en la que cuatro universitarios tienen que matar a un profesor, necesitaba por un lado actores jóvenes por un lado, y actores veteranos por otro. Con los jóvenes, recurrí siempre a la televisión porque creo que es el mejor escaparate que hay con actores jóvenes que al mismo tiempo tengan muchísimas tablas y mucho talento. Viendo las series fui perfilando los intérpretes que mejor encajaban según los papeles. Estoy muy contento de haber trabajado con ellos porque hemos hecho un grupo muy compacto, sin ningún tipo de complicaciones entre ellos. Es gente muy llana, que tiene los pies en la tierra. Trabajar con ellos es un gustazo.

¿Y con Miguel Ángel Solá?

Pues Miguel Angel es un actor super especial, tanto para mí como para el resto de sus compañeros de reparto. Ha sido todo un maestro, porque nos ha enseñado trucos, nos ha dado consejos de la vida. Todos hemos acabado cogiéndole un cariño tremendo. Ha sido un gustazo también con él.

¿En qué patrones del panorama español actual encajaría tú película y cuáles serían, en tu opinión, los rasgos particulares que la diferenciarían de otras?

Pienso que la mayor virtud de la película radica en la confluencia de géneros. Agrupar elementos de suspense con elementos de humor creo que algo que antes se hacía pero ahora está en desuso. Con esta película intentamos revitalizar un género casi extinto. La gran satisfacción que me llevo es cuando el público reacciona en la sala pasándoselo bien, cuando salen contentos y con el ánimo muy arriba. Para mí eso no tiene precio.


Miguel Ángel Solá en el rodaje de 'Asesinos Inocentes'|Filmax
Miguel Ángel Solá en el rodaje de ‘Asesinos Inocentes’|Filmax

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ASESINOS INOCENTES se estrena en salas el día 3 de julio. Distribuida por FILMAX ENTERTAINMENT

 

 


ent.sa

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