Cuando el miedo a la muerte se vuelve viral

Rachel Her


Amy, a quien encarna Kate Lyn Sheil, es una mujer joven e independiente. Aparentemente lo tiene todo; sin embargo, despierta una mañana entre lágrimas. Nada puede consolar el desasosiego que le produce la certeza de que va a morir al día siguiente. Con esta premisa sencilla, aterradora y surrealista arranca She Dies Tomorrow. ¿Puede ser un pensamiento contagioso? En el universo de esta película sí. Porque tras la llamada de socorro a su amiga Jane, interpretada maravillosamente por la actriz Jane Adams, pasan a ser dos las afectadas por este «virus» invisible que pone en primer plano un hecho que, como mecanismo de supervivencia,  cualquier ser humano en sus cabales elude en su vida cotidiana: pensar en la propia muerte.

Los episodios de ansiedad y ataques de pánico, vividos por Amy Seimetz, directora y guionista de la película, y su deseo de compartir esos sentimientos con amigos inspiraron la cinta, que en su primera parte es muy desconcertante y sensorial, para devenir en una segunda salpicada de tragicomedia, cuando comienza a expandirse la epidemia de tanatofobia. Parece claro que la directora pretende ridiculizar las angustias primermundistas poniendo en la balanza situaciones como caerle mal a tu cuñada o cortar con alguien de quien ya no estás enamorado, cargas que de repente se vuelven ligeras comparadas con el hecho de morir al día siguiente. Al mismo tiempo se palpa la amargura y la mezquindad de los bajos instintos humanos en algunas reacciones de los personajes.

Igual que sucedía en It Follows (David Robert Mitchell (2014), en She Dies Tomorrow la amenazada es invisible y contagiosa. Si bien en aquella el ritmo era frenético con una incansable persecución de las víctimas, aquí el horror se asienta en sus mentes con suavidad para después expandirse, igual que una gota de pintura en un vaso de agua. Es especialmente brillante la manera en la que la directora codifica este terror invisible mediante secuencias de luz de colores brillantes que impregnan la cara de los personajes en el momento del «contagio». Es el único elemento visible del elemento detonador de la película. Un recurso genuino del cine de terror y ciencia ficción visto con la pequeña Caroline delante de la televisión de Poltergeist (Tobe Hooper, 1982) o con un atónito Richard Dreyfuss  dentro de su coche bañado por la luz estroboscópica de las naves de Encuentros en la tercera fase (Steven Spielberg, 1977). Una luz como símbolo de ruptura con la vida anterior y revelación de una verdad hasta entonces nunca imaginada.

She Dies Tomorrow reta al espectador con su ritmo pausado y la absoluta carencia de explicación sobre la raíz y desenlace de qué está sucediendo. Todo queda abierto a la interpretación de quien mira y su capacidad de disfrutar del viaje que propone la película. Tras su paso por el último festival de Sitges, donde recibió el Premio Jurado Carnet Joven al mejor largometraje de género fantástico, ahora se estrena en salas de cara a este Halloween pandémico que no le puede venir más al pelo porque aunque la película se gestó antes de la pandemia ahora se carga de nuevos significados  impensables para el mundo de hace solo unos meses.



 

SHE DIES TOMORROW

Dirección: Amy Seitmez.

Intérpretes: Kate Lyn Sheil, Jane Adams, Kentucker Audley, Katie Aselton.

Género: misterio, comedia, drama. Estados Unidos, 2020.

Duración: 86 minutos.

 


 

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