El hombre de una sola cara

Santiago Alonso 


¡Pam! La primera, en la frente del espectador polaco: el prólogo de Mug, rodado al ralentí, muestra a un grupo de compatriotas prestándose al sonrojante despelote que les propone una tienda para poder llevarse una supertele tirada de precio. A la directora Malgorzata Szumowska le inquieta bastante lo que ve dentro de su país natal, como ya había expresado en varias obras anteriores (Amarás al prójimo, Cuerpo). En su nueva película, su comentario sobre la hipocresía, la intolerancia y el asfixiante catolicismo tiene un telón de fondo basado en un hecho real, la alucinante construcción de la estatua de Cristo Rey más grande del mundo en la localidad de Świebodzin. Por otro lado, quizás como tabla de salvación a la cual asirse, Szumowska crea a un héroe con el que establece una proximidad total.

Jasek, el rebelde y encantador heavy del pueblo, el ser libre por naturaleza, el chico a quien un horrible accidente destroza el rostro y la cirugía deja una perpetúa sonrisa torcida (pero una sonrisa, al fin y al cabo, que concuerda con su pureza y honradez de siempre) representa todo lo que no son, exceptuando pocos casos concretos, los demás habitantes de este rincón de la Polonia profunda. La imagen de Jasek gritándoles a sus vecinos desde unas peñas lejanas que son unos catetos, durante la noche y en compañía de su novia, certifica a los pocos minutos que el mensaje de la cinta es simple, cristalino y, en realidad, tampoco cuidadosamente elaborado, como se comprobará durante el metraje. El choque de posturas, así como la única solución del conflicto que tiene a mano el protagonista, están demasiado claros desde el principio. Es más, la desgracia sufrida por Jasek apenas cambia los términos del problema.

Lo mejor que le queda por ofrecer a Mug es, entonces, una generosa ración de costumbrismo presentado bajo una óptica de vibrante sátira. Y en eso no falla la cinta, gracias sobre todo a que Szumowska demuestra una pericia incontestable para construir personajes y para contar con la cámara. Asimismo se agradece su actitud: señala sin ambages lo mucho que no soporta de una comunidad rural tradicional, pero jamás adopta la mirada altanera de quien proviene de la gran ciudad. Se acerca a observar sin filtros un espacio ancestral y su misterio (las partes desenfocadas de numerosos planos), mientras permite varias veces a la imponente naturaleza salvaje dominar la pantalla.



 

MUG

Dirección: Malgorzata Szumowska.

Intérpretes: Mateusz Costiukiewiz, Agnieszka Podsiadlik, Malgorzata Gorol.

Género: drama, comedia. Polonia, 2018.

Duración: 91 minutos.

 


 

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