Írisz en el imperio de las pesadillas

Santiago Alonso 


Cuando hace cuatro años el húngaro László Nemes sorprendió con su primer largometraje, el atroz El hijo de Saúl, nadie sospechaba que su siguiente trabajo repetiría, en una especie de más difícil todavía, el recurso estilístico empleado para plasmar aquel viaje al infierno del campo de exterminio de Auschwitz. Aunque Atardecer no trate sobre la barbarie humana, sí está concebida para proporcionar al espectador la misma experiencia sensorial de inmersión en un relato inquietante a más no poder, con una cámara que no abandona a la protagonista, figura central absoluta, casi siempre en el centro de un plano muy poco abierto, mientras que la profundidad de campo se ve reducida por encuadre o por desenfoque. E igualmente encontraremos como elemento capital un prodigioso montaje de sonido. Lo que cambia es, precisamente, la apuesta, que intenta ofrecer una sensación intangible dentro del juego de percepciones, más que construir la lógica de la narración o establecer correspondencias directas y documentadas respecto a los acontecimientos que se cuentan. Porque Atardecer es una película de época bastante chocante, más atenta a satisfacer a quienes rastreen alientos poéticos que a los historiadores que acudan a la sala.

Hay un formidable trabajo de ambientación, pero no se reproduce tal cual la Budapest de 1913, sino que se levanta un escenario con no pocos elementos colindantes con las pesadillas. Básicamente, la historia cuenta el regreso de la huérfana Íritz (Juli Jakab) al lugar donde nació. Es una ciudad perteneciente a un imperio, el Austrohúngaro, dominado por un declive de difícil caracterización, por el contradictorio contraste que se muestra entre una sociedad que parece resplandecer (la moda, los nuevos inventos) y una fértil marginalidad (socialismo, nacionalismo…) a punto de eclosionar. Mediante una sucesión de secuencias casi sin transiciones, la mujer deambula por un laberinto interminable (desde los barrios de la alta sociedad hasta donde vive el lumpen), intentando resolver cuestiones criminales relacionadas con su familia mientras alrededor hay un mundo que incuba en su seno fuerzas que lo autodestruirán.

Para dar un poco de mayor soltura a las imágenes y no encerrarse en su único recurso, Nemes diversifica los escenarios, al tiempo que se detiene en algún plano general y lo enfoca. Lo cierto es que, de manera admirable, la película se tiene en pie así durante dos horas y pico. Solo el último tercio presenta un par de momentos menos afortunados en cuanto a su planteamiento y resolución (los relacionados con la sociedad secreta). Después, es posible que alguien eche en falta, entre tanta abstracción, que no se hayan articulado mejor las referencias históricas concretas. Sin embargo, un breve epílogo que nos lleva a las trincheras de la Primera Guerra Mundial parece más que suficiente para completar, al menos, el significado general. Y posiblemente, la intención del cineasta pase por procurar a toda costa que el espectador perciba la tensión vivida a principios del siglo XX, no muy distinta a la de cien años después, la de nuestro inicio caótico del XXI.



 

ATARDECER

Dirección: László Nemes

Intérpretes: Juli Jakab, Vlad Ivanov, Sussane Wuest.

Género: drama, misterio. Hungría, Francia, 2018

Duración: 142

 


 

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