1000 maneras de morir


Es curioso cómo una tragedia puede convertirse en comedia, y ésta acabar siendo un cuento con moraleja. Eso es lo que consigue el sueco Hannes Holm con un pequeño grupo de elementos: un personaje honesto, una situación de pérdida y una reconciliación con la vida. Con estos conceptos se construye Un hombre llamado Ove, que, lejos de instalarse en la comodidad de un drama de superación, abraza el humor, la ironía y la integridad humana como último reducto de, valga la redundancia, nuestra humanidad.

El objetivo primordial de este film, nominado al Oscar a Mejor Película de Habla No Inglesa en la pasada edición de los Oscars, es que entendamos a su personaje principal. Es más: Holm quiere que lo amemos profundamente. Ove (Rolf Lassgard) roza los sesenta y vive solo con sus recuerdos, sus penas y sus manías. Perdió a su mujer, lo único que daba sentido a su vida, y ahora se dedica a ser un cascarrabias con sus vecinos. La lógica del mundo moderno y su pérdida de los valores tradicionales -que no conservadores- se le escapa. En este estado de antipatía crónica por todo ser vivo, incluido un pobre gato que acaba apareciendo siempre en su puerta, Ove lleva su luto de la manera más introspectiva posible.

¿Alternativa? Para el personaje, suicidarse. O al menos intentarlo, porque después de pasar por tentativas de ahorcarse, ser atropellado por un tren o pegarse un tiro con una escopeta, la realidad de que su momento no ha llegado se le estampa contra la cara como un chorro de agua fría. La película recurre a una sutil espiritualidad de la vida y, por qué no, del karma, para un hombre que tiene unos valores intachables. Su concepto del honor, la lealtad, la honestidad y la justicia son indestructibles, y quizás en este heroísmo sin tacha es donde Holm peca de una inofensiva ingenuidad. Porque entre tantos intentos de morir y su cruzada de odio contra los que le rodean, Ove se da cuenta de que, en realidad, su presencia es mucho más importante de lo que él mismo pensaba… Y queremos creer que es así a pesar de lo delirante de algunas situaciones.

Aun así, Un hombre llamado Ove es brillante en su resolución: este cambio generacional necesita, necesariamente, de la ayuda del veterano. Un concepto sencillo, pero no poco significativo, que traslada a la puesta en escena siempre desde su perspectiva más cómica, sin nunca perder el ritmo de esta historia llena de altibajos en su tono. Al final, todo el film está plagado de simbolismos que el cineasta utiliza para reforzar su mensaje, algo que embellece y hace más trascendental su trabajo sobre la pantalla. Ese gesto final de la niña cerrando la verja de la urbanización es, sin duda, la mejor metáfora posible de este film tan esperanzador como naif.


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UN HOMBRE LLAMADO OVE (En man som heter Ove)

Dirección: Hannes Holm.

Guion: Hannes Holm (novela de Fredrick Backman).

Intérpretes: Rolf Lassgård, Bahar Pars, Filip Berg, Ida Engvoll, Tobias Almborg.

Género: comedia dramática. Suecia, 2015.

Duración: 116 minutos.

 


 

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