Un padre en apuros 


Train to Busan representa la primera incursión en el cine de acción real por parte del surcoreano Yeon Sang-ho, director de semiculto entre los amantes de la animación por sus exitosas The King of Pigs (2011) y The Fake (2013). Habiendo visto solo la segunda de ellas (al no haber tenido la primera estreno comercial en España), el autor de estas líneas quiere empezar admitiendo que no siente la misma devoción que muchos de sus entusiastas por el estilo visual del autor: con un dibujo de vocación realista, los movimientos ortopédicos de los personajes y su reducida expresividad resultan algo descompensados en comparación con su intensidad como dramaturgo.

En la mencionada The Fake, el director plasmaba una especie de mapa psicológico de la fe mediante los esfuerzos de un hombre escéptico por desmontar las creencias de una población aquejada, por otra parte, de graves penurias. Train to Busan se mueve en coordenadas no tan incómodas (tal vez aliviada por el elemento fantástico), pero conserva su aspiración de funcionar como relato social, bebiendo de uno de los géneros populares justamente más dados a ello: el cine de zombis. El clima de inestabilidad y protestas en Corea del Sur –país donde, en los últimos tiempos, han cobrado fuerza los movimientos del campesinado contra su explotación– sirve de telón de fondo a una película que toma una posición descreída no solo frente a su gobierno, controvertido actor en la epidemia de la que huyen los personajes, sino también frente a un modo de entender la estructura de la sociedad guiado por la ideología del “sálvese quien pueda”. Como el también surcoreano Bong Jong-ho en su excelente Snowpiercer (2013), Yeon Sang-ho recurre a la figura del tren (el que un padre y su hija toman para visitar a la madre de ella, ajenos a la odisea que les aguarda en el camino) para escenificar su parábola, aunque aquí lo que se represente no sea un conflicto de clase tan explícito.

La energía y rotundidad con que el director despliega sus imágenes es la principal fuente de atracción de una película, ante todo, muy divertida: con bailarines profesionales encarnando a los zombis, el cuidado puesto en la materialización de la letal amenaza acredita el interés de sus responsables por lograr una entrega de género potente, capaz de destacar entre la abundante producción anual de títulos de infectados. Situada su acción mayoritariamente en un espacio muy reducido, el dispositivo orquestado por Yeon Sang-ho y su ingenio diseñando las reglas del juego hacen de su debut en imagen real un admirable espectáculo. La paternidad es uno de los temas eficazmente elegidos por el también guionista para reforzar la dinámica de supervivencia -es decir, la constante elección entre tu pellejo o el de los otros, siempre que puedas elegir- en una película que, como es lógico, está muy lejos de inventar la pólvora y cae en una cantidad notable de clichés (su antagonista, que parece un megavillano suelto en medio de gente normal), pero funciona más y mejor que la mayoría de sus contemporáneas. 


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TRAIN TO BUSAN

Dirección y guion: Yeon Sang-ho. 

Intérpretes: Gong Yo, Ma Dong-seok, Ahn So-hee, Kim Soo-an, Jung Yu-mi, Kim Eui-sung. 

Género: terror. Corea del Sur, 2016. 

Duración: 118 minutos.

 


 

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