Hemos empezado la semana con tres grandes eventos: la versión sweet de Arnold Schwarzenegger, el provocativo porno-arte de Gaspar Noé y la adaptación live action del exitoso manga Ataque a los titanes. Tres momentos muy esperados de esta edición y que, por ello, se arriesgaban a las opiniones polarizadas que provocan las expectativas creadas entorno a ellos. Pero oye, quien no arriesga no gana.

Maggie, el tierno Schwarzenegger

Si ver a Arnold Schwarzenegger sacando su parte más íntima, contenida y tierna no es un reclamo suficiente para una película de zombies, nada lo es. En Maggie, el ex gobernador de California y archiconocido actor se introduce en un rol en el que nunca lo habíamos visto. Primero, participando en una película de ciencia ficción de bajo presupuesto, y segundo, en el papel de un padre que muestra un auténtico sufrimiento interno al saber que en pocos meses su hija adolescente se convertirá en un zombie. ¿Quién diría que un actor curtido en acción y comedia absurda hollywoodiana daría tanto la talla en un papel existencialista? Schwarzenegger da la talla con un resultado bastante satisfactorio, pero aunque es algo que se debe comentar por lo excepcional del caso, no es su actuación lo más destacable de la película.

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El director Henry Hobson consigue con Maggie dar una vuelta de tuerca al género de zombies, ofreciendo una perspectiva radicalmente diferente más centrada en lo humano, incluso de los infectados, que no en las claves del terror o el suspense. Rozando lo existencialista, el film abandona las hachas y los sesos voladores por los sentimientos familiares que suscita un cambio que, en un ficticio futuro donde el virus zombie se empieza a expandir, parece ser algo a lo que inevitablemente todos se irán enfrentando. Se trata de la versión sensible e intimista de la serie Fear the walking dead y supone, en estos tiempos de fiebre zombie, una visión muy interesante. De hecho, es tal la inmersión de los personajes del film en el relato sentimentalista que se podría intercambiar perfectamente la infección por un cáncer, y sería una película totalmente coherente en formas y matices.

Y ahí no acaban sus elementos rompedores con el género. Hobson invita con Maggie a darnos cuenta que los zombies son, en efecto, humanos infectados. ¿Todo lo que un día se fue dicha persona desaparece o quizás hay espacio para el recuerdo? En estos temas y otros indaga este atípico film de zombies, que con sensibilidad y ritmo pausado construye un correcto relato sobre la pérdida.

Love, esto no es otra película porno

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Minutos antes de la proyección de lo último del controvertido Gaspar Noé en Sitges, los miembros de seguridad y staff del festival hacían el último repaso a los rostros de los espectadores acomodados en sus butacas, buscando entre ellos posibles menores de edad. Y es que lo que estaba a punto de proyectarse era (y no era) una película porno. Love es un via crucis que atraviesa el pasado y el presente de los amoríos de Murphy (Karl Glusman), un norteamericano afincado en París con algún que otro complejo de superioridad y pertenencia. Y decía que esto es, pero no es, porno porque la misma concepción de la pornografía está algo connotada por significados extremos y negativos, cuando su significado real es la representación de la obscenidad. En este sentido, los objetivos de Noé van más allá de la provocación por lo sexual, aunque ha sido su reclamo masivo y el motivo de su expectación, y presenta un film con una tremenda vocación artística.

Love utiliza el sexo de forma transversal en las vidas de sus personajes, de forma muy cercana a la de Lars Von Trier, siendo Nymphomaniac (2013) la referencia más cercana en tiempo que encontramos, aunque bien es cierto que ambos films distan mucho de parecerse más allá del componente explícito sexual. Entienden el sexo como algo inherente en el ser humano y lo muestran como el eje angular de una relación, de forma que es capaz de influir en las relaciones de pareja. Aun así, como ya apuntábamos, Noé indaga en temáticas más cercanas al amor que al sexo (no en vano su título es el que es). El egoísmo, el carácter posesivo y las infidelidades definen al protagonista, que se contrapone con la “concepción francesa/europea del amor”, donde lo físico y lo sentimental están perfectamente diferenciados. Aun siendo este el mensaje inmediato, lo cierto es que Murphy representa hombres de toda condición y nacionalidad, que abogan por una concepción machista de las relaciones y consiguen con sus acciones arruinar las vidas de sus múltiples amores.

Love tiene una narrativa que salta constantemente en el tiempo, que engancha y sorprende por su lirismo y fuerza. A través de un 3D que parece ser más una razón de campaña de atracción de audiencia que un recurso estético para la historia, consigue crear la polémica una vez más, como ya lo hizo en Cannes, pero con mucha mejor recepción por parte de prensa y público aquí en Sitges.

Sesiones especiales: Ataque a los titanes, por partida doble

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Se puede decir que la adaptación live action del manga Ataque a los titanes, dividido en dos entregas, ha conseguido dos menciones: la más esperada y la más decepcionante. Así lo manifestaban los fans del manga original en las redes sociales tras su proyección este fin de semana, que, como suele ocurrir, esperaban revivir cada momento del anime que tanto se ha viralizado estos últimos años. Y es que, desgraciadamente, las expectativas son uno de los factores que más influye ante la valoración de una película.

Lo cierto es que siempre es controvertido llevar a carne y huesos un anime. Las formas de la animación japonesa rozan muchas veces la excentricidad visual y el histrionismo de los personajes, cosa que, llevado a actores y actrices de la vida real, puede quedar realmente ridículo y fuera de lugar. La primera sorpresa con Ataque a los titanes es una parte técnica bien acabada, que sabe combinar animación y realidad con gran armonía y con unos actores que, dentro de lo que cabe, encuentran el punto justo en sus formas. Esta historia distópica, en la que la humanidad ha quedado recluida tras un muro gigante para protegerse de unos seres que destruyen todo a su paso, consigue en su primera parte presentada en el festival recoger momentos icónicos de la serie con un diseño de arte fiel y espectacular.

Ahora bien, el punto de conflicto reside en la segunda parte: Ataque a los titanes 2: el fin del mundo. La historia es ahora un invento creado exclusivamente para el film, lo que supone un alejamiento del manga original. Se apodera de sus personajes y el espacio imaginario entre los muros para construir un relato que busca la simple continuación, sin interés, ni coherencia, ni siquiera con estilo, manchando así los buenos resultados de la primera parte. Con personajes desconocidos que rozan el ridículo y esclavos de la lucha entre los más enormes titanes, esta segunda parte confirma las malas críticas que está recibiendo la adaptación.

 

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