Historia de dos madres

Santiago Alonso 


Tras un plano fijo de la nieve que flota en un paraje frío y azul, lo segundo que vemos en 14 días, 12 noches es la pared de una choza de Vietnam que tiene un ventanuco rectangular. Un lento trávelin nos acerca —oímos algún gemido, nos parece entrever una pierna— hasta que nos colamos en la precaria construcción, donde descubrimos que una mujer, ayudada por una anciana, está dando a luz. De esta manera los espectadores hemos entrado en una película protagonizada por las dos madres de una misma niña. Una de ellas, la biológica, es quien ha tenido el parto entre sombras, casi de manera clandestina: de hecho, sabremos pronto, la obligarán a deshacerse de la recién nacida. La otra, la madre adoptiva y de nacionalidad canadiense, pasará gran parte de la película carcomida por la angustia, mirando por la ventana de las habitaciones y los vehículos, como queriendo curarse del vacío que siente y hallar fuera un último nexo de unión con el ser querido que ya no está con ella.

La película del director Jean- Philippe Duval y la guionista Marie Vien gira exclusivamente en torno al encuentro nada casual entre las dos mujeres y al triste secreto que la occidental quizás le revele a la asiática… o quizás no. Como sucede con toda historia mínima contada sin dar la sensación de que su argumento se ha acabado a mitad de largometraje y después se estira y estira artificialmente, dando vueltas sobre lo mismo, 14 días, 12 noches presenta una cuidadosa dosificación de los acontecimientos y de la información revelada por los personajes. También, en este caso, hay que sumar la buena mano con la que se combinan varias líneas temporales diferentes y, sobre todo, la manera en que se representa el conocimiento mutuo de las dos protagonistas. No se plantea como un enfrentamiento dialéctico o un juego de efectos y sorpresas, sino como un acercamiento efectuado mediante un conjunto de frases a medio terminar y arropado por una contraposición de los paisajes. Por un lado están los de Canadá, que, siempre en flashback, siguen la tónica gélida y triste del plano con el que empezaba la película; y, por otro, los de un Vietnam tranquilo y sin turistas, que aparecen en el tiempo presente del relato, y confieren cierta serenidad al drama. Siguiendo ese espíritu de contar sin aspavientos ni sobresaltos, pese a la tristeza del relato, Duval y Vien resuelven el momento culminante solo con otro plano fijo, en este caso de las actrices (Anne Dorval y Leanna Chea) hablando sentadas en la orilla de un río, mientras que para redondear su reflexión sobre el perdón y el entendimiento, les basta añadir, en el epílogo, la imagen de una ventana y un caja en cada país. 



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